Spectre: El principio del fin, del principio…

La vigésimo cuarta película del agente 007 es espectacular en cuanto acción pero deja poco y nada a la imaginación del fan ni a la historia en sí misma.

Por @diegui83

Daniel Craig llegó en 2006 a revitalizar el personaje creado por Ian Fleming y logró hacerlo en base a personificar un Bond inexperto, tosco y sufrido. Con el correr de las siguientes películas, el agente fue perdiendo el encanto hasta llegar a éste, el segundo film dirigido por Sam Mendes.

Luego de haber creado un verdadero lío en México, en El Día de los Muertos, Bond vuelve a Londres donde M (Ralph Fiennes) lo suspende indefinidamente. Obviamente haciendo caso omiso a las órdenes de su superior, 007 con la ayuda de Moneypenny (Naomi Harris) y Q (Ben Wishaw) cae en la pista de una organización secreta y tras un pacto con un antiguo enemigo, debe proteger a la hija de éste, la doctora Madeleine Swann (Léa Seydoux), de las garras de SPECTRE y su líder, el nefasto Franz Oberhauser (Christoph Waltz).

Desde el principio la película vuelve a las bases que dejó Skyfall en el 2012: los títulos pre-créditos vuelven a ver a Bond apuntando a la mira de revolver en la pantalla con el clásico leit motiv creado por Monty Norman y ejecutado por John Barry en Dr. No (1962), el primer film del agente secreto. Luego de un plano secuencia de varios minutos excelentemente filmado por Hoyte Van Hoytema (Interstellar) lo que veremos a continuación es la deprimente canción principal de Sam Smith, Writing´s on the wall junto a los siempre efectivos títulos de presentación, esta vez mostrando el pulpo característico del legendario antagonista.

Craig ya venia dejando de lado la solemnidad y oscuridad que le supo poner al personaje y acá directamente se vuelve una parodia de sí mismo. Vuelve el humor, vuelve el Bond desenfadado. Quizás a Pierce Brosnan se lo creíamos, A Craig, para nada. Por momentos el film es somnoliento, aburrido, Por momentos da un sacudón, pero sin demasiadas sorpresas. Mr. Jinx (Dave Bautista) es solo un matón bruto que nos hace acordar a esos que se supo parodiar infinitamente. Waltz destaca en su personaje (sin spoilear, la identidad del villano era un secreto a voces) aunque a veces sintamos que estamos escuchando a Hans Landa de Inglourious Basterds (2009). Otro que también parece no dejar su papel de Moriarty (Sherlock de la BBC) es Andrew Scott, otro esbirro de Oberhauser infiltrado en el MI6.

Lo bueno entre tanto pastiche es la intervención de los secundarios (M, Moneypenny, Q), muchas veces relegados en anteriores partes de la saga, ahora plenamente funcionales. Las Chicas Bond no descollan y son meros instrumentos (y ni eso) al servicio del protagonista. Casi 2 horas y media de metraje, la producción más costosa hasta ahora en la historia de la saga, y parece que Sam Mendes y su grupo de guionistas (John Logan, Neil Purvis y Robert Wade) lo único que hicieron es agarrar diferentes elementos icónicos de la saga, mezclarlos con un poco de The Dark Knight Rises (ah, si. Porque al final solo le falta un Michael Caine tomando su Fernet Branca. Patético) y nos dieron un producto olvidable que quizás termine la etapa de Daniel Craig como Bond, pero que comienza la lucha de nuestro agente secreto favorito nuevamente con su archienemiga SPECTRE en un nuevo siglo.

Bond… ¿regresará?

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