Festival Rojo Sangre: III de Pavel Khvaleev

Hay un pueblo en Alemania que desde el comienzo se percibe como fuera del tiempo, aislado tanto del resto del país como de un momento histórico concreto. En él, dos hermanas ven morir de a poco a su madre, que es asistida por el párroco del lugar. La mujer en sus últimos estertores suplica a ese hombre que cuide de sus hijas, que las proteja. Cosa que promete, ignorando lo que vendrá.

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Título: III

Año: 2015

País: Rusia/Alemania

Duración: 80 min.

Directores: Pavel Khvaleev

Guión: Aleksandra Khvaleeva, Aleksandra Khvaleeva, Aleksandra Khvaleeva, Oleg Mustafin y Evgeniya Mustafina

Elenco: Polina Davydova, Evgeniy Gagarin y Lyubov Ignatushko

Funciones

Sábado 14 / hora: 24:00

Lunes 16 / hora: 18:00

Domingo 22 / 22:00

Por @mauvais1

La exploración del subconsciente, la búsqueda de la respuesta a ese universo paralelo que vivimos en sueños. Una realidad alterna. Un universo capaz de serlo todo, hasta el mismo sitio de nuestra redención o caída.

Igor Kiselev, el director de fotografía logra con sus panorámicas un marco soberbio para una historia que parece divagar y perderse en los recovecos de su propio relato. Vemos unos cielos deslumbrantes, prados que se pierden en el horizonte o chocan con las rocas en las que se encarama la medieval ciudad. Prados, montañas, un pueblo que diezmado por una plaga ya parece olvidado desde el comienzo, con unos pocos ciudadanos que no van a ninguna parte, solo deambulan como fantasmas. Si Pavel Khvaleev quiso esto a propósito de la historia, pues parece escapársenos a la hora de estar viéndola.

Pero regresemos, una de las hermanas, Mirra, interpretada por Lyubov Ignatushko, cae enferma al igual que muchos del poblado. Como en cada pandemia, los enfermos son separados de los sanos, cosa que Ayia, Polina Davydova, se negará hacer y buscará refugio con el hombre que prometió cuidarlas.

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Tanto Aleksandra Khvaleeva en el diseño de vestuario como Oleg Mustafin en el trabajo de los decorados, nos muestran un mundo indefinido, lavado y poco jugado, como si todo ello solo fuera una mera comparsa sin importancia. Quizás también se busque que el mundo real no se diferencie demasiado del onírico. Quizás.

En la casa del sacerdote, ellas encontraran el refugio como también un libro que contiene una serie de dibujos místicos. Ayia cree que es un ritual de curación espiritual que podría salvar a su hermana. La cura de los chamanes implica una inmersión total en la mente del paciente, un viaje a lo más profundo y más oculto del subconsciente.

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¿Cómo llegó el libro a las manos del sacerdote? Con estilos cinematográficos y de animación relatan cómo fue. Además de contar por qué y en dónde y cuándo y con quién. Y entonces el espectador, saturado de historia sobre historia, se pierde en un mar de información innecesaria, que solo logra ralentizar la película. Da la sensación que por momentos el guión queda sin curso claro, sumiéndose en un rocambolesco espiral.

Por supuesto, se internarán en la enferma mente de la jovencita y es ahí donde se pone más interesante el relato. Bien tratados, los diferentes niveles que transita Ayia en el subconsciente de su hermana tiene la factura y la imaginería capaz de solventarse, de darnos una oportunidad de disfrutar de algo terrorífico. Creo que de más estaría hablar de La Celda (Tarsem Singh, 2000), pero no podemos dejar de percibirla en muchos de los planos o personajes que por allí rondan. Una pena que no se haya buscado más por esos rumbos. Porque ella regresa a esa realidad también bastante pesadillesca, son tres veces que entra y tres veces que saldrá sin la respuesta al mal. Y entonces vendrá, sin hacer falta, una vuelta de rosca que nos deja pasmados. Pero no diremos más por miedo al spoiler y a aburrirlos con tanto ir y venir.

Con este segundo largo de Pavel Khvaleev, se ve ante todo un director con mucho para ofrecer, con mucha creatividad que aún parece no haber hallado el sitio o el guión que lo acompañe. Con una edición algo torpe y desalineada, un soundtrack que a veces ensordece rompiendo la atmósfera y, por supuesto, con una historia que quizás no debió pasar por tantas manos, es una película que se deja, que tal vez no sea fácil de seguir y que expone demasiados cabos sueltos como alteraciones en el tiempo sin sentido. Es ante todo un film que lo intenta, corajudo y con ganas. No las tiene todas con él, pero transita el terror con algo de dignidad.

Aquí el Tráiler:

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