The Big Short: La crisis que sigue dando letra

Adam McKay, un especialista en comedias protagonizadas por Will Ferrer, se pone más o menos serio en esta revisión de la catástrofe financiera de Estados Unidos en 2008.

Por @mauvais1

7fad57927b8edee2b17272e0b820522bc5669c7aTítulo original: The Big Short

Año: 2015

Duración: 123 min.

País: Estados Unidos

Director: Adam McKay

Guión: Adam McKay, Charles Randolph (Libro: Michael Lewis)

Música: Nicholas Britell

Fotografía: Barry Ackroyd

Reparto: Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling, John Magaro, Finn Wittrock, Brad Pitt,Hamish Linklater, Rafe Spall, Jeremy Strong, Marisa Tomei, Melissa Leo, Stanley Wong, Byron Mann, Tracy Letts, Karen Gillan, Max Greenfield, Margot Robbie,Selena Gomez, Richard Thaler, Anthony Bourdain

Productora: Plan B Entertainment / Regency Enterprises

Basada en el libro del mismo nombre de Michael Lewis, que cuenta con algunas de sus obras ya adaptadas anteriormente, recordemos por ejemplo Moneyball (2011), y con guión de Adam McKay y Charles Randolph, el film cuenta cuándo cuatro tipos fuera del sistema descubren que los grandes bancos, los medios de comunicación y el gobierno se niegan a reconocer el colapso de la economía y tienen una idea: “La Gran Apuesta”… pero sus inversiones de riesgo les conducen al lado oscuro de la banca moderna, donde deben poner en duda todo y a todos…

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La cinta es una reflexión sobre aquellos sucesos que llevaron al colapso de la economía mundial y que dieron comienzo en el sector inmobiliario. Esta vez la historia es llevada por aquellos que supieron lo que venía y decidieron que era la oportunidad, según unos de castigar al todopoderoso sistema financiero, y de hacer dinero fácil y en grandes cantidades según otros. Dos puntos de vista acertadamente llevados por esa inmensa troupe de actores que protagonizan la película.

Steve Carell es el cínico y descreído money manager Mark Baum (el verdadero se llama Steve Eisman) que cree que podrá vengarse de un sistema elitista y cruel como el capitalismo que vive la nación. Al igual que Ben Rickert personificado por Brad Pitt que se alejó buscando desintoxicarse de ese mundo plagado de números fríos, lejanos a la humanidad de los nombres. Cada uno de los personajes, basados muchos de ellos en hombres reales, tendrá su propia cruzada en esta crisis. Una que por momentos es claramente explicada por invitados, dando simples explicaciones con ejemplos cotidianos. Margot Robbie, Selena Gomez o Anthony Bourdain se prestan para aclarar definiciones del mundo financiero, y aun así cuesta llevar adelante ciertos momentos de la cinta, pues como dice uno de ellos, el mundo financiero forja su propio lenguaje para confundirnos y hacernos sentir que ellos son indispensables para llevar la economía del mundo adelante.

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Wall Street es un hormiguero de arribistas y manipuladores, con geniales ideas que solo sirven para llenar sus bolsillos aun a cuesta de los pedestres, o sea nosotros, aquellos que mansamente entregamos nuestro dinero para producir más. La ambición de todos es el motor y lejos está de ser una moraleja contra el sistema o un llamado de corte socialista, pues al final ellos también juegan el juego y gana porque saben cuándo y cómo apostar. Algo que todos hacen.

Es más bien un repaso en un pseudo documental con lineas dedicadas a romper la cuarta pared y darnos algunos datos claves. Hay humor, un poco, pero no deja de ser ácido y hasta insultante. Atendemos, como niños aprendiendo a leer, cómo esos adultos manipulan nuestro dinero depositado en los bancos y los transforman en burbujas que compramos como aplaudiendo al mago en la fiesta.

Una cruel realidad sucedida, de la que aun vivimos sus coletazos, mostrada sin tapujos y hasta con cierta sorna con un cast que lo sostiene con tino y tiempo. Una delicia que tal vez se pierda en detalles técnicos, pero que no deja de ser una lección que no da ganancias, excepto para ellos, claro.

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Un film que viene de un raid de premiaciones y que va directo a los Oscar de este año como favorita, algo que creemos merece. La apuesta es clara y concisa; sin mucho juego en su puesta más que una directa y resplandeciente sucesión de oficinas, pantallas y acero de rascacielos. Barry Ackroyd encargado de la fotografía hace de esto su sello, claro y agobiante. Al igual que esa cámara por momentos con zoom a los rostros al mejor estilo documental o quieta y vigilante con sus planos generales donde son ellos quienes deben generar la fatuidad de las escenas, que logran con honores.

Pasen y vean este nuevo acercamiento a esa crisis que aun sigue generando ríos de tinta, toneladas de papel y metros de celuloide y quizás entiendan un poco más lo atrapados que estamos en este sistema, en este mundo de números y lindos billetes verdes.

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