24M x 4B: La Sociedad Argentina y el Breakout

Breakout

Mis reflexiones sobre el 40º aniversario del Golpe Cívico Militar

Por @gusj_arg

Mientras hablaba con el resto del equipo de Cuatro Bastardos sobre el especial para el aniversario del Golpe Cívico Militar, no podía dejar de pensar en cómo relacionar este horrible capítulo de la historia Argentina con los videojuegos, algo que muchos consideran superficial y banal.

“¿Qué sucedió ese mismo año (1976), mientras Argentina se sumía en las sombras de una dictadura? ¿Qué pasaba con la industria del videojuego en ese entonces?”, me pregunté.

Investigando en Internet descubrí que en abril de ese mismo año, Nolan Bushnell y Steve Bristow diseñaron un prototipo de juego al que llamarían “Breakout” tomando conceptos del clásico “Pong“.
La idea de Bushnell y Bristow luego sería materializada por un joven Steve Wozniak, ayudado por un tal Steve Jobs (ambos fundarían Apple ese mismo año).

“Breakout”, considerado como el padre del “Arkanoid” y del “Super Breakout”, fue un juego de arcade en el que podían jugar hasta dos jugadores. El objetivo del juego era destruir filas de ladrillos dispuestos en la pantalla mediante el uso de una bola que rebotaba en la pantalla. Dicha bola era “redireccionada” utilizando un rectángulo controlado por el/los jugadores.

“Breakout” sentó las bases para varios juegos del mismo estilo y ayudó a que floreciera la industria, que por esa época aún seguía en pañales. 

Ahora bien, relacionando ambos sucesos, puede decirse que el “Breakout” es una interesante metáfora de la situación por la que mi querida Argentina  atravesaba en 1976:  las Fuerzas Armadas (personificadas por la “bola”), destruían y hacían desaparecer cada uno de nuestros derechos (los ladrillos). Y lo que es peor, ésta se llevaba a los “jugadores” en el proceso (cerca de 30.000)…

Pasaron varios años y hubo muchas pérdidas, y no fue hasta 1983, cuando los “jugadores” nos cansamos de perder “ladrillos”, que decidimos hacernos escuchar, lo que nos permitió apagar la “máquina” dictatorial y tomar los “controles” de nuestro destino.

Hoy en día, nuestro país ha logrado reconstruir los bloques de nuestra sociedad. No obstante, las huellas de nuestra última partida aún perduran y es nuestra responsabilidad hacer todo lo posible para que éstas no queden en el olvido.

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