24Mx4B: La Tijera de Tato en los años de la Dictadura

“A un tipo de la villa no le interesa no ver películas de Sam Peckinpah, Mauro Bolognini, Luchino Visconti, Gillo Pontecorvo o Marco Ferreri”.

Miguel Paulino Tato

Por @mauvais1

En los años que el país vivió una de las más crueles dictaduras civico-militar de la que tengamos memoria (1976 – 1983), la cesura fue la herramienta, otra más, de la que se sirvieron para acallar las voces disidentes. En la literatura, la música, la televisión y el cine se veía solo lo que ellos creían era lo mejor para el sistema que imperaba.

Uno de los personajes más enunciado de aquellos años de plomo, como suele llamarse fue Miguel Paulino Tato, quien se hacía llamar Néstor. Este periodista y critico de cine fue el que dirigió el “Ente de Calificación Cinematográfica” desde 1974 hasta 1980, en ese periodo se llegó a contar más de 700 películas censuradas. “Las buenas conciencias me ponen frenético. Son indecisos, claudicantes, proclives a la desmesura emocional, traidores por omisión, cobardes culposos y sobre todo miserables de espíritu. No se puede contar con esa gente” supo decir en su momento.

Paulino Tato a la izquierda de la imagen.
Paulino Tato a la izquierda de la imagen.

Entre las cintas que no lograron evadir las ávidas manos del señor tijeras se encuentran:

Alien, El Octavo Pasajero (1979) dirigida por Ridley Scott, cuyo guión era obra de Dan O’Bannon, fue cortada en varias escenas alegando que exponían una violencia “injustificada” o podían incomodar a instituciones como la Iglesia Católica. Aunque si recordamos la historia, este thriller de ciencia ficción poco tenía para ofender.

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Alien (1979)

Se creía entonces que cuando eran 200 las películas prohibidas se podía estimar el ahorro de divisas para la Nación en cifras que alcanzaban el orden de 1.500.000 de dólares. Pobre alegato que supeditaba no solo al coste económico sino que también a uno moral que la censura estipulaba en una serie de ítem; (1) la justificación del adulterio y, en general, de cuanto atente contra el matrimonio y la familia; (2) la justificación del aborto, la prostitución y las perversiones sexuales; (3) la presentación de escenas lascivas o que repugnen a la moral y las buenas costumbres; (4) la apología del delito; (5) las que nieguen el deber de defender la Patria y el derecho de las autoridades a exigirlo; (6) las que comprometan la seguridad nacional, afecten las relaciones con países amigos o lesionen el interés de las instituciones del estado.

Mad Max (1979) fue otra de las grandes, del genial George Miller que no pudo pasar a las salas, esta directamente fue prohibida en un principio y solo luego de otra revisión se le permitió el estreno con, por supuesto, varias escenas eliminadas. Lo mismo que soportó una excelente cinta como The Fury (1978) de Brian De Palma con guión de John Farris; el año anterior y que solo luego de severos cortes pudo ser estrenada. Una joven con poderes extrasensoriales intenta ayudar a un desesperado ex-agente del gobierno cuyo hijo, también con el mismo don, ha sido secuestrado por una organización que desea utilizar sus facultades paranormales.

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Mad Max (1979)

Otra que sufrió la misma suerte fue la primera de la mítica saga de aventuras y fantasía de Indiana Jones, Indiana Jones: Raiders of the Lost Ark (1981) dirigida por Steven Spielberg y escrita por Lawrence Kasdan. 

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The Fury (1978)

Pero entonces qué era lo que aunaba este festival de cortes, anatema y desaprobación. Hablamos de reglas con respecto a una dudosa moral y búsqueda de no ofender el, también más que dudoso, sentir patriótico. ¿Pero existía una razón más profunda y duradera a la hora de prohibirlas y cercenarlas?

Indiana Jones: Raiders of the Lost Ark (1981)

Cada una de ellas hablaba de personajes que sobresalían del común, criaturas creadas para romper con lo establecido y generar un cambio. La aventura, tanto fantástica como de ciencia ficción permite al espectador generar una imaginería que pueda dar nuevas perspectivas a lo visto e instaurado. Muchos así lo quisieron, muchos que lucharon, marcharon, escribieron y filmaron; rostros, gestos, historias. Cada uno de ellos lucho por hacerse oír, que los vieran. Así, el cine de Ingmar Bergman o Bernardo Bertolucci, pero también el de terror y géneros sufrieron esa malsana amputación y censura.

Un pequeño y casi anecdótico ejemplo de un terror mucho más grande y oscuro que se paseo por estas tierras argentinas, uno que no perdonó raza, credo, color, edad y pensamiento. Que dejó tras de sí el sufrimiento, la desolación y la ignominia. Un foráneo que devoraba todo a su paso y se alimentaba a los hombres desde las entrañas, Un sujeto que imponía la ley a pesar del mismo sistema roto y olvidado por una sociedad corrompida, un secuestro, la desaparición de un hijo y la desesperada búsqueda de un padre y la carrera por vencer un mal que se apropia de los símbolos universales torciéndolos y haciendo nuevas lecturas de ellos, una que sirve para intereses egoístas y sectarios. Esas fueron cuatro historias censuradas en los macabros tiempos del golpe civico-militar.

 

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Acerca de Marco Guillén 1959 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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