Django (1966): 50 años de un clásico

El clásico de Sergio Corbucci que catapultó a la fama internacional a Franco Nero cumple 50 años de su estreno y lo recordamos en esta nota.

Por @diegui83

El Spaghetti Western, un género que recordamos en nuestra sección Fideo del Oeste, es el que revitalizó las películas del oeste en la década del 60 cuando venían en franca decadencia en el país del norte. El principal artífice de esto fue el director italiano Sergio Leone, pero uno de sus “discípulos” y tocayo fue Sergio Corbucci. Corbucci tuvo su paso por el western europeo con una particular visión de sus protagonistas, siempre con alguna discapacidad, ya sea literal y física como tácita o moral.

En 1966 se estrena Django, el segundo western que dirige Corbucci y el más famoso de su carrera. El protagónico del anti-héroe del film homónimo recae en Franco Nero, un actor que venía principalmente de las tablas y en el que Sergio ve lo que Leone vio en Clint Eastwood para su Trilogía del Dólar: alguien en apariencia pulcro y de cara bonita que ensuciaría hasta convertirlo en este oscuro y torturado personaje sediento de venganza.

Un misterioso forastero llamado Django (Franco Nero) llega a un pueblo fronterizo de Texas con un ataúd a cuestas. El primer acto que este misterioso pistolero realiza es salvar a una prostituta de una banda de mexicanos y de otros personajes que llevan unas capuchas rojas en sus cabezas. Estas bandas se disputan el control del pueblo, y Django es el inusual salvador que llega y se aposta en el saloon donde el posadero y sus chicas ven como este ex-soldado sureño no solo no se ve intimidado por el líder de los capucha roja, el Mayor Jackson (Eduardo Fajardo), sino que lo provoca diciéndole que traiga a más de sus hombre para matarlos (¿?).

Cuando el ejército de este racista llega a instancias del pueblo, Django está esperándolo impávido, hasta que del ataúd saca una gran ametralladora y con una lluvia interminable de balas ajusticia a casi todos los mercenarios. Django deja vivir a Jackson, con la promesa de verse de nuevo y una venganza latente.

La peor idea de Django es meterse con la banda de mexicanos liderados por el General Rodriguez (José Bódalo) y tratar de robar su oro: el supuesto revolucionario termina por romperle las manos con los cascos de los caballos de su ejército y mata a María (Loredana Nusciak), la prostituta con la que había vuelto a conocer el amor.

El duelo final entre un lisiado Django y el ejército del Mayor Jackson se da, como no puede ser de otra manera, en el cementerio del pueblo. Django con los huesos de sus manos rotas y al pié de la tumba de su fallecida esposa, Mercedes Zaro, logra lo imposible, descargar su Colt en Jackson y todos sus hombres. Así, Django camina hacia un destino incierto luego de haberle dado justicia a su esposa y a él mismo.

El film no solo tiene una banda de sonido que quedó en el imaginario popular y es tan icónica como las de Ennio Morricone. El argentino radicado en Italia, Luis Enrique Bacalov fue otro de los que le hizo sombra y estuvo a la altura del compositor italiano, siendo esta su más recordada OST. La ambientación que Corbucci le da al film termina de plasmar lo que Leone había hecho en su momento, copiando los estilos de las películas de samurais de Kurosawa, donde los pueblos casi fantasma, llenos de barro por un clima implacablemente lluvioso son un personaje y una amenaza más.

Si bien Django se puede interpretar como una nueva remake de Yojimbo (1961) luego de A Fistful of Dollars (1964), en el film de Corbucci podemos ver muchas referencias religiosas, como ser Django el Salvador, salvando a la prostituta de los hombres a punto de castigarla, así como Jesus salvó a María Magdalena (no es casual que el personaje se llame también María); muerte y resurrección en el ataúd, siendo que el personaje de Franco Nero repite incesantemente que “Django está muerto”, sin embargo resucita de modo metafórico cada vez que saca su arma del féretro o también su último duelo, al pié de una tumba marcada con una cruz, con sus manos ensangrentadas cual estigmas del Mesías.

En su momento, Django tuvo tanto éxito que provocó una catarata de secuelas no oficiales, una explotación muy común en esa época cuando un personaje cinematográfico pegaba tanto. La controversia del film por su violencia explicita fue tal que en el Reino Unido estuvo prohibida hasta 1993. La fama de Franco Nero se catapultó hacia la estratosfera, sobretodo en Japón, donde el actor ES Django y el fanatismo es gigantesco.

El legado del film no solo se traduce a sus secuelas no oficiales (tuvo una oficial en 1987 que no llegó al éxito de su original) sino a los films contemporáneos que la homenajean. Sin mencionar a Quentin Tarantino, podemos ver en El Mariachi (1992) de Robert Rodriguez y sus secuelas a ese personaje torturado, un pistolero en busca del amor perdido que lleva su arsenal guardado en un lugar inusual, listo para impartir justicia siempre que el oprimido lo necesite.

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