Francisco de Quevedo: Soneto A Una Nariz

Grande es el ámbito de la obra poética de Quevedo. Comprende pensativos sonetos, que de algún modo prefiguran a Wordsworth; opacas y crujientes severidades, bruscas magias de teólogos («Con los doce cené; yo fui la cena»; gongorismos intercalados para probar que también él era capaz de jugar a ese juego; urbanidades y dulzuras de Italia («humilde soledad verde y sonora»); variaciones de Persio, de Séneca, de Juvenal, de las Escrituras, de Joachim de Bellay; brevedades latinas; chocarrerías; burlas de curioso artificio; lóbregas pompas de la aniquilación y del caos.

J. L. Borges

Por @MLauParedes

La estructura del soneto permitió a los poetas expresar todo un universo en tan sólo catorce versos. Cada sentimiento era acompañado de musicalidad a través de sus rimas y acentos. Grandes elogios fueron escritos con esta forma hacia personas ilustres y objetos de deseo de todos los tiempos. Sin embargo, la competencia entre los autores, quizá, provocó la creación de uno tan pícaro como famoso: A una nariz.

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.

Era un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.

Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce Tribus de narices era.

Érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito.

Luis de Góngora y Argote
Luis de Góngora y Argote

El género lírico no manifiesta únicamente una visión solemne de la vida. En éste, se juega tanto o más que en el género dramático o narrativo. Las posibilidades que da el lenguaje explotan para generar en el lector un impacto de imágenes y sonido difícil de olvidar.

Esta reseña no está dedicada sólo a los de nariz pronunciada –aunque ustedes podrán compartirla a quien recuerden al leer el soneto-, sino para mostrar como grandes poetas como Quevedo y Góngora competían con tanta calidad y perfección.


QUEVEDO TRIBUTÓ UN AGRADECIDO HOMENAJE A LA IMPRENTA

Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos nació en 1580 y murió en 1645. Fue uno de los poetas españoles más importantes del Siglo de Oro. Escribió además de poesía, obras satíricas, políticas, morales, filosóficas y de  crítica literaria.

 

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