Reseña: Red Hot Chili Peppers – The Getaway

Con 33 años en sus espaldas y 11 discos de estudio, los Red Hot Chili Peppers ya son una banda que completa varias hojas en los libros de la historia grande de la música.

Por @skepticalcity

Habiendo pasado tanto tiempo desde sus orígenes, pretender que su sonido se mantenga impoluto es ser demasiado pretencioso. Sin embargo, los RHCP lograron construir un sonido tan característico como propio. Es frecuente reconocer un tema de ellos aun sin llegar a escuchar a Anthony Kiedis. “The Getaway” no es la excepción y lleva el sello de los californianos estampado en sus canciones.

La homónima es la que abre el álbum. Una canción sin demasiados vaivenes, pero el ritmo constante y monocorde de todos los instrumentos no llega a saturarnos. La voz lleva el verdadero ritmo con un compás armónico y buena rima, lo que la hace algo pegadiza. Y el agregado del coro femenino le queda bien. Lo que si lamento es la ausencia de un estribillo más poderoso. De hecho, los últimos 35 segundos podrían haberlo sido. Una lástima que solo haya quedado para el final.

Luego viene el primer y único corte que salió. “Dark Necessities” suena en las radios una y otra vez en estas semanas. Y no es casual. Responde a la clásica estructura del hit, aunque solo el tiempo dirá si llega a esa categoría. Condiciones no le faltan. La versión estudio tiene una secuencia inicial un poco más extensa que la versión de radio, lo cual es un gran acierto porque es la intro perfecta para el ingreso del bajo. Y aquí me detengo. Que bajo, señores. Flea se despacha con notas pesadas, quiebres, y un dominio total de la canción. Verso y estribillo se ajustan a la formula perfectamente, siendo este último bien clásico y explosivo, con nuevamente un coro femenino haciendo las segundas voces. Hasta incluye un interludio con un piano que después se continúa. Esta todo en su lugar, y nada sobra. Buen tema y ellos lo saben, por eso fue el único corte.

Tercera canción. “We Turn Red” tiene otra vez un bajo bien marcado y una percusión que no le pierde pisada. Y cuando parece que esa será la propuesta: bajo, bajo y bajo, es entonces cuando aparece la guitarra con cierto protagonismo. Primera vez que la nombramos. Base funky de la mano de Josh Klinghoffer. La canción parece ser dos en una, porque por un lado mantiene ese verseado que no llega a ser rapeo (tan de los  Peppers) y por otro tiene fragmentos muy melódicos donde la voz de Kiedis se vuelve mucho más suave. Extraño crossover que tal vez no termina de cerrar un estilo.

“The Longest Wave” por su parte, sabe claramente que es: Una balada. Acá la base instrumental da un paso al costado en los versos para dejar que la voz se destaque, contando su historia. El tono otra vez es pegadizo y cautivante, casi como una canción de cuna. En el estribillo los instrumentos ya no aguantan más y se hacen notar. La guitarra tiene un punteo delicado y agudo que se lleva nuestros corazones.

Quinto track: “Goodbye Angels” es definitivamente la canción con más ADN de la banda de todo el álbum. Podría estar tranquilamente en la mayoría de sus discos. Muy posiblemente coincidirán en que el “ayo ayo ayo ayo” es prácticamente insacable de nuestro lóbulo temporal. Además, incluye un solo de bajo al que después se le agrega una distorsión ruidosa y potente, dando un cierre a todo trapo.

“Sick Love” es amor a primera escucha. El disco a esta altura ya empieza a consolidarse como un buen trabajo, y el tema es una confirmación de eso. ¿A que no saben que instrumento la rompe en la canción? Si, otra vez el bajo. Acompañado muy bien por la guitarra, la percusión y un elemento que se repite con frecuencia: el piano. Por eso digo que la identidad del disco comienza a dejar su huella. Hay un hilo en común, una sintonía en conjunto.

“Go Robot” es el tema que más veces escuché. Alrededor de unas veinte estimo. Todas las cosas positivas que venimos destacando, acá se agrupan en un solo lugar. Bajo dominador, guitarra funky, estribillo pegadizo, teclados (un poco más sintetizados en este caso). En definitiva, ritmo y fuerza. Contagia ganas de moverse. “Go Robot” debió ser el segundo corte, merece la divulgación que tuvo “Dark Necessities”.

Difícil es venir después de un tema que me cautivo por completo, sin embargo “Feasting on the Flowers” acepta el desafío y se banca la parada. Sin llegar a ser un tema que destaque en demasía, es prolijo en su desarrollo, de nuevo con Anthony cantando en formato “cuento” y un juego de palabras rápidas con los coros, nada descollante. Lo que si es destacado, posiblemente de los mejores fragmentos del álbum, es el que transcurre del minuto 2:00 al 2:40. Piano y guitarra adelante para sacar un interludio muy ganchero.

Cuando escuchas los primeros veinte segundos de “Detroit” decís “Pucha, esto va a estar bueno”. Es que parece que se viene un homenaje al garaje rock de esa ciudad, y en parte lo es. El estribillo no me termina de convencer, sobre todo con el intento de la voz de estirarse más de lo debido. Pero sin dudas es un tema ruidoso, bien distorsionado, con mucha personalidad.

Hablando de ruidoso y bien distorsionado. Para mi “This Ticonderoga” es ruidoso pero mal distorsionado. Las dos caras de una misma moneda. Suena descolgado a lo que venimos escuchando, al menos en su parte más “sucia”. Porque si, tiene una parte que es más “limpia” y se van salteando una con otra, casi sin transición. Considero que comete el mismo error que “We Turn Red”, el de meter dos canciones en una y no terminar de ser ninguna. Apenas un paso en falso.

Llegamos al tridente de temas final con “Encore”, que vuelve a trabajar sobre la… llamémosle dulzura, una constante a lo largo de toda la placa. Linda canción, muy armoniosa, con la inclusión de cuerdas de violín en los últimos estribillos que le dan un toque distintivo. Discreta, de algún modo nos prepara para el final.

“The Hunter” es otra balada, construida alrededor del piano. Es lo que yo considero un cierre perfecto de disco. Es que “The Hunter”, con su tono intimista, dice “despedida” por todos lados. Pero no. Los Chili Peppers hicieron una de más e incluyeron un track 13.

“Dreams of a Samurai” pese a un nombre que mínimamente despierta interés, no tiene alma. Seis minutos de una cosa lenta, repetitiva, sin sal ni pimienta. Tal es así que voy a hacer de cuenta que no está, que el álbum cierra con “The Hunter”, que son 12 canciones, que apenas la única manchita es “This Ticonderoga”. Aquello que ignoramos deja de existir. Le pasa a las publicidades que azotan Springfield en el especial de Halloween, y le pasara también a “Dreams of a Samurai”.

Bien, sacando eso, “The Getaway” es un enorme disco, al que muchos podemos incluir en la categoría de “discazo” y muchos otros en “buen disco”. Habrá seguramente los que quieran colgarle el cartelito de “meh” pero mi sensación, tal vez errada, es que el criterio está más basado en lo que fueron otros discos de RHCP, que en “The Getaway” mismo. Los discos no se evalúan a partir del pasado. Se evalúan a partir de un presente, sin otras contemplaciones. Nadie puede dudar que hay un trabajo más que pensado y profesionalmente ejecutado.

Prueben ustedes mismos. El consejo desde acá es que a cada escucha se pone mejor. Muchas de sus canciones las vas a volver a poner cada tanto. Y en el fondo, eso es lo único que importa.

Fecha de publicación: 17 de junio de 2016
Artista: Red Hot Chili Peppers
Discográfica: Warner Bros. Records
Genero: Pop rock, Funk rock, Rock alternativo.
Duración: 53:47

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