Rubén Darío, el raro

La poesía puede ser transparente, sencilla y puede estar escrita para que todos la entiendan. Puede tener también, una función social y didáctica. En los textos de Rubén Darío, la literatura es pensada para unos pocos: sólo es para aquellos que puedan acceder a la Torre de Marfil, a ese lenguaje simbólico de los modernistas.

Por @MLauParedes

Rubén Darío fue un raro. Tuvo una vida inestable: de la cumbre a la ruina, de la ruina al reconocimiento, del reconocimiento a la muerte. Pero, escribió y leyó mucho. Hizo de la palabra un lugar exclusivo para aquellos que son capaces de descifrar lo que dice y sugiere. Sus textos no son para leerlos de forma apresurada. Hay que apreciarlos en detalle. Cada verso y cada frase significa más de lo que parece.

En su autobiografía, cuenta que vivió en varios países de Latinoamérica: en Nicaragua -su país natal-, en El Salvador, en Chile y en Argentina. Más tarde, pudo viajar a Europa y conocer a los autores más reconocidos de su época. Su literatura dialoga con la de ellos y con otras expresiones históricas y artísticas. Estas alusiones son una de las facetas que hacen complejo el sentido y que obligan al lector a estar atento a lo que está frente a sus ojos.

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Su primeros libros fueron publicados en 1887. El primero fue Rimas y luego Abrojos. Después, publicó Epístolas y poemas en 1888. El mismo año, también apareció Azul. Más tarde, Prosas profanas y otros poemas en 1896 y Cantos de vida y esperanza en 1905. A pesar de que su vida fue turbulenta, escribió una notable cantidad de textos y logró generar todo un movimiento literario que con influencias extranjeras tuvo su origen en América Latina: el Modernismo. Leerlo, nos acercará a una personalidad y sensibilidad que está siempre al límite, que nos hará recorrer a través de la imaginación mundos distintos que son mejores que la realidad, según la concepción de Darío.

La literatura que encontraremos nos ubicará en lugares extraños, nos llevará a otros tiempos, nos presentará imágenes perfectas de lo que se desea y se imagina como ideal de vida. Lo cercano y lo tradicional será presentado como anticuado y se buscará la novedad.

“Los Raros”

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Los raros muestra la mirada del escritor nicaragüense respecto de escritores e intelectuales a los cuales admira. Ellos son: José Martí, Edgar Allan Poe, Villiers de L`Isle Adam, León Bloy, Paul Verlaine, Lautremount y Eugenio de Castro. Fueron elegidos porque optaban por otras formas de expresión y pertenecían, en su mayoría, al simbolismo francés. Eran los marginados de la cultura, los innovadores en estructura y contenido. Los artículos fueron publicados en el diario La Nación y luego reunidos en el libro que se dio a conocer en 1896.

Rubén Darío es uno más de ellos, pues nos presenta en cada uno de sus textos algo que va más allá de lo simple y nos invita a leerlo no sólo a él, también a todo aquello a lo que considera como buen arte y buena literatura. Eso que encontró en los escritores que juegan con lo oscuro y lo ambivalente. Como recomendación, quizá sea necesario conocer cuáles son los tópicos y las imágenes que repite para armar ese rompecabezas que creó a partir de sus lecturas y escrituras. Entonces, intentar comprender que es la torre de marfil, que representa lo blanco, lo azul, el cisne. Leerlo será un trabajo que nos llevará a descubrir toda una estética que buscaba la perfección y que renegaba de la realidad cotidiana.

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Acerca de María Laura Paredes 139 Articles
Lectora y admiradora de toda expresión artística. Entrevistas, reseñas y comentarios literarios.

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