Stranger Things: La nostalgia como base del éxito

Este pasado 15 de julio se estrenaron los 8 capítulos de la primera temporada de la serie original de Netflix con mucho homenaje ochentoso a cuestas.

Por @diegui83

Siempre que vemos algún producto cinematográfico que nos remonta a alguna época pasada pensamos si estamos todos conectados o simplemente sentimos que el escaparnos de la cruda realidad ya no es suficiente y como si de una reunión con asado de por medio se tratase, nos desconectamos contando alguna anécdota de la adolescencia y nos cuestionamos si “todo tiempo pasado fue mejor”.

Pero claro, el inconsciente colectivo muchas veces no aporta demasiado y esta signado por otros pensamientos más obsesivos que terminan empañando esas vivencias de los años felices. Por esto, las películas y series terminan volcándose a esa época donde la vida era (o la pensamos) más simple e idílica, donde todo era posible. Donde la realidad se confunde con la fantasía.

Stranger Things viene a llenar esa cuota de nostalgia con la historia del pueblo de Hawkings, Indiana donde la misteriosa desaparición de un niño da lugar extraños sucesos, valga la redundancia, que desencadenan la aparición de una niña con poderes y una bizarra criatura de otro mundo. Todo esto en el marco de una década que ya la tenemos en un pedestal en el imaginario popular: los 80.

La serie viene con muchas influencias y homenajes: tenemos mucho de Carpenter y Wes Craven, donde las figuras de autoridad (padres, policía, etc.) no saben que hacer o son una amenaza más; mucho de Spielberg con planos directamente calcados de, por ejemplo, E.T. (1982), Alien(1979) y podemos seguir; pero sobre todo tenemos mucho de Stephen King (aún con un cameo singular) en el que un pueblo remoto y pequeño de Estados Unidos se ve signado por una criatura que amenaza a los más jóvenes, a los niños. Y nos detenemos en los niños para resaltar a los pequeños actores que son una especie de Goonies, con una química extraordinaria, un verdadero descubrimiento del cast. Y la niña que da vida a Once, una gran actriz con un gran futuro por delante.

Por parte de los adultos, los jóvenes cumplen con creces y Winona Ryder está fantástica en su vuelta interpretando a una madre desesperada y desvivida por sus hijos. Matthew Modine en modo villano y con muy pocas palabras es otra de las amenazas para sumar en la historia, con conspiraciones y experimentos gubernamentales non sanctos.

Como decíamos, el apartado técnico está muy cuidado desde los títulos con ese grano característico de las cintas de antaño, no sólo haciéndonos guiños a la nueva década dorada, sino introduciéndonos de lleno en la época de los walkie-talkie, los casettes y esos “raros peinados nuevos”. Y como no puede ser de otra manera, la música es un bálsamo para nuestros oídos: bandas como Toto, The Clash, Joye Division o Foreigner están presentes para recordarnos el año en el que nos situamos, así también como las referencias a la Unión Soviética, Reagan y su Guerra Fría.

Los hermanos Duffer que tienen a cuestas capítulos de la serie Wayward Pines como guionistas, quizás no hayan descubierto nada nuevo, pero nos hicieron viajar en 8 capítulos de no más de 50 minutos a una época que sigue volviendo para demostrar que la nostalgia sigue valiendo el dejarnos ir por un tiempo ya sea con nuestra mente o con nuestros sentidos hacia los dorados años 80.


  • Título Original: Stranger Things (TV Series)
  • Año: 2016
  • Duración: 60 minutos (aprox.)
  • País: Estados Unidos
  • Director: Matt Duffer
  • Guión: Matt Duffer, Ross Duffer
  • Música: Kyle Dixon, Michael Stein
  • Fotografia: Tim Ives
  • Reparto: Ross Duffer, Winona Ryder, Millie Brown, Millie Bobby Brown, Cara Buono, Natalia Dyer, David Harbour, Charlie Heaton, Gaten Matarazzo, Caleb McLaughlin, Noah Schnapp, Mark Steger, Finn Wolfhard, Ross Partridge, Joe Keery
  • Productora: Netflix

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Cinefilo, comiquero, coleccionista, comic addict. Whovian de tiempo completo.

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