Los Monstruos: Un prodigioso reflejo

Cuando entrás en la diagonal, sabés a dónde vas. El sinuoso pasaje y la marquesina, una bella sala que no pierde lo íntimo y sobre el escenario, ellos. Ellos que llevan la gloria del Premio Hugo de Oro y seis más. Natalia Cociuffo y Mariano Chiesa son unos monstruos que devoran en cada función un musical.

Por @mauvais1

Ha habido siempre en toda caída un padre que se recuerda como impulsor. Una madre nombrada en el dramático momento en que la historia concluye. Un progenitor abandónico es cosa cantada en una tragedia griega. Las comparaciones pueden ser muchas, porque el tema es universal. Pero el tratamiento de lo que sucede aquí, en este pequeño espacio, no lo es; porque Emiliano Dionisi, quien escribe la dramaturgia, lo encara con una sonrisa forzada, con una quieta violencia. Comenzarán riendo, amando a esos padres y sus anhelos depositados en hijos solo nombrados, que al principio, como sombras, deambulan la sala sin cuerpo pero con una presencia agotadora, mostrando a través de los primeros apenas una fresca semblanza de niños que se antojan superiores, maduros y tanto más. Y entonces, cuando el discurso se agota, cuando ellos agotan el rosario de bondades, surge como invocada la voz de aquel que tanto se menta.

El cambio es suave y terso como una marea que ahoga la costa y arrastra todo con el reflujo. Interiorizarse es descender. Lento, pero con un ritmo trepidante que es cosa amada en el musical, conduce a los espectadores de la carcajada hilarante a una risa tosida, vergonzosa y hasta por qué no, culposa. Aquí el drama se presenta en dos caras que se cruzan, en voces que cantan al unísono y en la distancia. El padre avasallador, un sujeto plagado de miserias y cobardías que hará de su hijo un torcido reflejo. Claudio, que ironía el nombre clásico, es como el fantasma del padre de Hamlet que fuerza el destino del vástago con egoísta sed de venganza hacia quien le da muerte, que no es otra que la vida misma. Y ella, Sandra, tal vez hace de la niña la depositaria de una lívido mal canalizada, solo tal vez. Somos sujetos de herencias, somos lo que fueron los otros y ellos, los hijos, serán quienes carguen con el doble legado. Toda familia es un mundo se nos recuerda a menudo cuando las cosas se salen de control, como intentando justificar que tal vez nosotros tampoco lo tenemos.

11Natalia Cociuffo y Mariano Chiesa ejecutan esos roles, complejos en su enorme humanidad, con un acabado de pincelada perfecta, desarrollan personajes con tantos matices como reales somos los espectadores, y cantan, se desgarran en canciones hasta que la energía lo consume todo, hasta que la ovación interrumpe. Son monstruos en el hacer y en el decir, y monstruos también cuando nos muestran a Sandra y Claudio. Martín Rodríguez, con su pequeña banda, hace de sus pesares una melodía que ayuda a pasar un mal trago, es canción cantada con letra gruesa y disparada sin contemplaciones. Una perfecta armonía entre historia y escenario, porque el cambio actoral se acentúa con luces en sincronía, porque el rojo es la vehemencia, porque el blanco oculta, porque ellos son un mundo. Y quizás, con sonrisa forzada, terminemos de admitir que demasiado parecido al nuestro.

¿Por qué verla? Porque ellos son enormes en lo que hacen, porque no verán reflejo más pulido de una platea que convive con esos roces, risas y desencantos.


Los Monstruos

Claudio y Sandra saben que sus hijos tienen cualidades únicas, que los separan de la media. Ellos son especiales ¿O no es así? Es cierto que tuvieron algunos problemas de conducta, que no hacen amigos fácilmente y que casi nunca los invitan a los cumpleaños.

Intérpretes: Natalia Cociuffo y Mariano Chiesa

Músicos en vivo: Juan Pablo Schapira (teclado y guitarra electroacústica), Matías Menarguez (batería), Martín Rodríguez (guitarra), Gianluca Bonfanti Mele (bajo)

Dramaturgia: Emiliano Dionisi
Música y letras: Martín Rodríguez
Vestuario: Marisol Castañeda
Asesor de arte en fotos y vestuario: Ezequiel Galeano
Realización escenográfica: Compañía Criolla
Arte en Escenografía: María Chevalier
Diseño de iluminación: Claudio Del Bianco
Asistencia de iluminación: Martín Fernández Paponi
Fotografía: Akira Patiño
Directores asistentes: Juan José Barocelli y Julia Gárriz
Producción ejecutiva: Sebastián Ezcurra
Desarrollo de proyecto: Compañía Criolla
Dirección musical: Martín Rodríguez
Dirección general: Emiliano Dionisi

Los monstruos resultó ganadora de la convocatoria para proyectos de Teatro Musical de la Bienal De Arte Joven 2015. Ganadora del Premio Hugo de Oro y Mejor MusicalMejor Protagónico Femenino Natalia Cociuffo – Mejor protagónico Masculino Mariano Chiesa – Mejor Dirección General Emiliano Dionisi – Mejor Libro y letras de musical Martín Rodriguez.

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Acerca de Marco Guillén 1965 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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