La imprescindible “The Man in the High Castle”

La segunda temporada, que ya está disponible, ha dado el giro y ha hecho su propia ruta en la distópica historia escrita por Philip K. Dick, uno de los más reverenciados escritores de ciencia ficción. Y entonces la serie se transforma en una de las indispensables que no puede solo quedar allí.


Por @mauvais1

 Frank Spotnitz, que supo hacer sus primeras armas con Millennium y X-Files, allí por los comienzos del siglo XXI y que ahora está detrás de la histórica Medici: Masters of Florence (2016 – ), surgió con la idea que derivó en la primera temporada, la cual se estrenó en 2015 plagada de excelentes críticas, sostenidas por una reputación que fue ganando a lo largo de los episodios cuando se convertía no solo en una aproximación a la inmortal novela que muchos fans idolatran, sino también por ahondar en los personajes y por darle a ese universo paralelo al nuestro una riqueza y amplitud como ninguno de nosotros esperó.

La historia original, concebida por ese gigante y algo loco escritor en 1962, relata un mundo donde la gran segunda guerra mundial fue ganada por el eje y gran parte del planeta se divide entre Japón y Alemania. La narración se fija particularmente en Estados Unidos, donde la costa oeste (estados del Pacífico) está bajo el dominio japonés y la costa este (Estados Unidos) permanece ocupada por los alemanes. Los estados centrales (estados de las Montañas Rocosas) aparentemente han logrado mantenerse autónomos, pero están divididos en dos áreas de influencia, una japonesa y otra alemana. Entre ambos imperios hay una tensa paz que parece estar a punto de romperse con cada suceso. En esta América invadida, los nativos son ciudadanos de segunda clase a pesar de que su cultura es admirada por los vencedores, hasta el punto de que uno de los mejores negocios es la venta de auténticas antigüedades americanas, como relojes de Mickey Mouse o chapas de Coca-Cola. En este universo alterno seguimos las historias de Frank Frink y Ed McCarthy, el señor Nobusuke Tagomi, Juliana Crane y Hawthorne Abdensen el escritor que ha escrito una ficción llamada “La langosta se ha Posado”, cuya narración habla de una guerra ganada por los aliados y por lo tanto es un libro prohibido y perseguido.

Hasta allí lo que leemos, a muy grandes rasgos. Pero luego viene Spotnitz y hace de esta, ya de por sí, controvertida y compleja trama, una verdadera historia coral que ahonda y explora no solo las posibilidades de tal realidad, sino también el comportamiento de quienes la habitan.

The Man in the High Castle la serie

Juliana Crane, Frank Frink y Joe Black son quienes nos presentan este mundo desde el lugar de los vencidos, tanto en la San Francisco dominada por Japón como el Nueva York nazi. Dos ciudades que recuerdan la novela de Charles Dickens, A Tale of Two Cities, dos metrópolis enfrentadas en las que los personajes tendrán que sobrevivir. Porque cargan no solo con la pesada herencia, sino también con la verdad de saber que todo puede ser diferente,  o de que pudo serlo en tal caso, y que eso es de por sí un poderoso mensaje de esperanza que a los nazis y nipones no les gustaría que se esparciera.

Juliana posee, por intermedio de su hermana, una película que así lo afirma, una que pertenece a una vasta colección y que muestra esos mundos que colapsan y se integran. ¿Suena incompresible? Puede que un poco, pero el desarrollo de los guiones ha sabido construir un relato coherente y absorbente. Todo gira alrededor de cintas, 16mm de imágenes que cuentan historias alternas a las vivenciadas por todos y que son el marco de referencia que los espectadores tenemos para ver la magnitud de los cambios. El Hombre en el Castillo es Hawthorne Abdensen, quien tiene a los insurgentes a su disposición para llevar dichas cintas donde sea necesario. Es quien comprende la existencia de ellas y la importancia que tienen en la construcción de la historia. El Hombre en el Castillo, también puede ser el mismísimo canciller imperial Adolf Hitler, que las colecciona porque también comprende. Como un gigantesco montaje en paralelo, vemos a través de los episodios como dos mundo se enfrentan. La dualidad se carga con todo, y hace de los personajes una encontrada construcción que nos abofetea en el rostro con la humanidad de los malhechores y la crueldad de los insurgentes. Nobusuke Tagomi, el inspector Kido, el obergruppenführer John Smith, los representantes del mal que asola la tierra americana son también depositarios de almas que se rebelan ante la realidad; son quienes también la cambian, persiguiendo tal vez no muy altruistas razones.

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Resumamos; dos imperios están a punto de caer en una guerra que debe dejar solo un amo en el mundo, los nazis o los japoneses. Películas que narran una realidad alterna que puede guiar a cualquiera que las posea hacia una victoria, una que si no se hace con cuidado puede transformarse en un pírrico triunfo. Insurgentes que quieren vencerlos y que son los custodios de esos filmes y por lo tanto aun vencidos juegan con algunos ases bajo su manga. A su vez hay una batalla interna en el corazón de la nación nazi, como también en el alma de quién comparte con Juliana Crane la posibilidad de cambiarlo todo, el ministro de comercio Nobusuke Tagomi, cultor de la filosofía budista y  acérrimo defensor de la vida, que debe su sitio a la aniquilación de pueblos enteros. Porque más allá de la increíble producción de ciencia ficción distópica que vemos desarrollarse, tenemos la oportunidad de ver cómo podríamos haber actuado en el caso de que el eje ganara la guerra. Ellos están hechos de retazos que somos todos, son construcciones creíbles del comportamiento humano ante las adversidades. Podemos llorar en una ficción la desaparición de Washington D. C por una bomba nuclear, pero olvidamos que cargamos con Hiroshima y Nagasaki. Llorar el exterminio de los negros y judíos y olvidar que el mismo Estados Unidos construyó campos de detención para los japoneses americanos en su tierra. Que los Israelitas son una leyenda y que en realidad, aliado a los poderosos, hambrea la nación Palestina. Abofetear decíamos, y así lo hace cuando la historia funciona como una disrupción de la realidad, a la vez  que la alterna no se diferencia tanto de la nuestra.

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Existen quienes quieren una mejor y quienes mantienen el status quo porque les da la zona de confort en la que medran. Una historia de espías construida con delicado tacto, que de forma pausada, pero no tediosa nos sumerge en un universo que se antoja real en muchos aspectos. Ellos son la construcción que hacemos de nosotros frente a la adversidad, llevada al extremo para que veamos los posibles efectos que eso causa. Como cuando uno quiere mano dura y busca la clasificación de los hombres de acuerdo a pautas simplistas y no reconoce la posibilidad de que dentro de los grupos hay una individualidad capaz de cambiarlo todo. Un mundo sin judíos, ni negros, ni gitanos, donde los nazis son la nación, el imperio, el futuro y en cuyo corazón se cría una generación que cree en el cambio. ¿Hasta donde serías capaz de llegar por tus anhelos? ¿Quién puede decir que esos anhelos son los justos y no equivocados? Eso es lo que plantea Frank Spotnitz en esta serie que merece una oportunidad, porque con ella logra incomodarnos y plantearnos esa alternancia que nos hace más humanos cada vez que nos equivocamos. Criaturas todos de una historia que escriben los vencedores.


The Man in the High Castle

Director: Daniel Percival, Karyn Kusama, Brad Anderson, Nelson McCormick, Ken Olin,Michael Rymer, David Semel, Michael Slovis, Bryan Spicer, Colin Bucksey, John Fawcett, Paul Holahan, Chris Long, David Petrarca, Daniel Sackheim, Alex Zakrzewski

Guión: Frank Spotnitz, Howard Brenton (Novela: Philip K. Dick)

Música: Henry Jackman, Dominic Lewis

Fotografía: Gonzalo Amat, James Hawkinson

Diseño de Producción: Drew Boughton

Diseño de Vestuario: J.R. Hawbaker, Audrey Fisher

Reparto: Luke Kleintank, Arnold Chun, Alexa Davalos, Bernhard Forcher, Joel de la Fuente, Rupert Evans, Lee Shorten, Mayumi Yoshida, Steve Byers, Daisuke Tsuji, Aaron Blakely, Rufus Sewell, DJ Qualls, Michael Gaston, Yuki Matsuzaki, Chelah Horsdal, Tao Okamoto. 

Productora: Amazon Studios / Electric Shepherd Productions / Headline Pictures.

 

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Acerca de Marco Guillén 2041 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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