100 Años De Anime: Cinco inolvidables películas del anime

Inolvidables películas del anime

El guerrero, la actriz y el intrépido. La joven sin memoria, el fatalismo del héroe y el futuro distante siempre consecuencia de pasados llenos de cobardes capaces de destruirlo todo por un poco más de poder. El cine de animación oriental no se priva de nada cuando intenta contar una buena historia y estas cinco que elegimos son de las mejores que hasta hoy hemos visto.

Por @mauvais1

Ellas como motor de búsqueda y como hacedoras. Vistas como el conductor del misticismo, ellas las diosas primordiales capaces de tener un pie en cada universo. Son el canal entre ambos mundos. Las que poseen el poder de generar ese paso. La reivindicación de lo femenino.


Sennen Joyū (Millennium Actress – 2001)

Luego del éxito cosechado con la recomendable Blue Velvet (Pāfekuto Burū – 1997) en donde la fantasía de una mujer se mezclaba con la realidad, haciendo de su personalidad un caos. Una pequeña obra maestra que fue elegido mejor largometraje de animación en el Festival de Sitges. Y entonces la dupla de director y guionista, Satoshi Kon y Sadayuki Murai se unieron en una nueva búsqueda. La Actriz del Milenio. Sennen Joyū (Millennium Actress – 2001). Hace treinta años, Chiyoko Fujiwara fue la estrella más importante del cine japonés, pero, de repente, desapareció. Uno de sus mayores admiradores, el realizador de documentales Genya Tachibana, viaja hasta el apartado refugio de montaña en el que vive para entrevistarla. Una vez allí, entrega a su ídolo de juventud una vieja llave que encontró entre los restos de su antiguo estudio. Como si la llave hubiera abierto las puertas de su memoria, Chiyoko comienza a recordar la historia de su vida.

De esta forma, viaja desde el remoto pasado hasta el distante futuro a través de mil años, traspasando la frontera que separa la realidad de las películas que han formado gran parte de su vida. Poderosa no solo en su acertada animación si nó que también en la construcción y desarrollo que logran con el personaje, uno que como Mina, busca el sentido de su existencia a través de quienes la rodean y de su trabajo, también en las cámaras. La creación de sus alter egos ficticios, son una parte de su identidad, una que irá mutando a través de la historia reciente de Japón. Poderosa en su relato se sostiene a través de los detalles, como hurgando en la memoria de los personajes. Preciosa y de un nivel de animación, clásica por supuesto, admirable.


Gin-iro no kami no Agito (Origin: Spirits of the Past – 2006)

El fallecido director Umanosuke Iida fue quien pergeñó la historia que guionarian Naoko Kakimoto y Nana Shiina. Una cargada de mensajes ecológicos, en el que una joven es la llave, cual diosa Kali, tanto para la restauración a caballo de la aniquilación como también de la continuidad de la vida, una que debe asumirse con los riegos que esta trae. Hace 300 años, un experimento con plantas en la luna acabó con medio satélite y con la población de la Tierra. Ahora sólo unos pocos supervivientes cohabitan en las ruinas de las antiguas ciudades. Una de estas ciudades es Neutral, donde vive Agito, su padre, uno de los tres fundadores de la ciudad, y quizás el más importante, se convirtió en un humano mejorado al llegar a un acuerdo con el bosque y sus criaturas. De esta forma en su cuerpo se unen su fuerza y la del mundo vegetal, que ahora tiene consciencia.

Toola, una de las últimas habitantes del pasado con vida. Agito la despierta y se la lleva a su casa. Pero Toola no es una habitante de esos nuevos tiempos, no está acostumbrada a que el bosque sea una amenaza, y no se siente feliz viviendo en Neutral. Keiichi Sugiyama, el director, realiza un retrato del futuro post-apocalíptico no tan desastroso como se podría considerar, es la siempre e incómoda existencia del hombre la que desbalancea, la que arruina todo. Con una preciosa animación clásica, como nos tienen habituados es la utilización del color lo que destaca en la cinta, ya que el mismo muta de acuerdo a las variaciones de la luz y el entorno. Una belleza que se acerca a lo visto en las obras del Studio Ghibli, aunque con una impronta tan personal como memorable.


Hoshi o Ou Kodomo (2011)

 

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Hoshi o Ou Kodomo (2011), o como se conoció en idioma inglés “Children Who Chase Lost Voices from Deep Below”. Con guión y dirección de Makoto Shinkai, el mismo que hoy es elogiado por Kimi no na wa (2016) o como la conocieron en españa, que sí tuvieron su estreno “Your Name”. Es una historia de corte más filosóficos en la que interviene una de las leyendas más difundidas, como es la ciudad de Agartha y la teoría de la tierra hueca.  Antes de morir, el padre de Asuna le dio a su hija una peculiar radio de cristal. Con ella sube a la montaña para sintonizar extrañas melodías. Un día un monstruo ataca a Asuna, siendo rescatada por Shun, un joven procedente de la dimensión paralela de Agartha. Deseando volver a reencontrarse con su nuevo amigo, Asuna le pedirá ayuda a su maestro para encontrar la manera de entrar en este mundo mítico. Si les recuerda a muchos de los mitos occidentales como el de Orfeo Y Eurídice, van bien encaminado, pero Shinkai se encarga de darle una interesante vuelta de rosca al utilizar la búsqueda de otros como una manera de encontrar nuestro propio destino.


Sword of the Stranger (Stranger: Mukoh Hadan  – 2007)

El buen hombre es el maestro del malo, y el mal hombre es la lección del bueno” dice el Tao Te Ching. Nanashi y Rarou las dos caras de una mism moneda, criaturas hijas de la eterna guerra por el poder de los señores. Huérfanos detestados por ser diferentes, parias que solo por sus habilidades son soportados. Uno carece de señor, un ronin, el otro uno que no cree en ellos, solo en el más fuerte. Ambos compiten en una carrera a contrarreloj que sorprenderá al espectador por la complejidad con que están creados los personajes. Podría ser un western, recordar por ejemplo y en ciertos aspectos a Temple de Acero (True Grit – 1969) o porqué nó la infaltable Yoyimbo (1961). Sword of the Stranger (Stranger: Mukoh Hadan  – 2007), El Samurai sin Nombre lleva el guión de Fumihiko Takayama y la dirección de Masahiro Andô, una impresionante puesta que lo hace todo para ser una fiesta visual, el diseño de los personajes, la animación de las coreografías de luchas, como sus paisajes.


Redline (2010)

Y entonces llega Takeshi Koike para desbaratarlo todo, porque su creación sobrepasa, con intención, la naturalidad y lleva a la animación a los límites. El film explota en la cara del espectador en un millar de colores y formas. Una verdadera odisea visual, que sustentado por un eficiente guión es casi apoteósica. Redline (2010) tomó siete años de producción y más de cien mil dibujos. Fue el arte de Katsuhito Ishii, que también estuvo involucrado en la escritura de la historia original y el guión, el que dio rostro a esta estupenda cinta. En un futuro distante, si lo es, en la galaxia se lleva a cabo una carrera interplanetaria, algo así como un Dakar, en el que está permitido todo. Una en la que compite JP y su socio, algo sucios ellos que permiten el arreglo de las carreras para sacar ganancias fáciles. Una extravagante puesta que juega un poco entre Los Autos locos (Wacky Races – 1968) y la speed race de La Amenaza Fantasma (Star Wars. Episode I: The Phantom Menace – 1999), pero llevado al un nivel de comicidad extremo y que aborda con tal desparpajo que es una delicia. Pero como decíamos no está exenta de la una buena historia y unos personajes secundarios bien construidos. Fantástico recorrido audiovisual y de animación que hoy siete años después sigue despertando la pasión y la adrenalina. Por supuesto que habrá explosiones y villanos cibernéticos y una cuota irónica, ya socarrona sobre todo lo que toca, sea política o el trasfondo del deporte y sus ganancias. No intenta ser moral y menos una moraleja, pero crea un universo tan familiar que el humor trasciende su idioma original. Una imperdible fiesta que JP y su extrema confianza en su buena estrella llevan hasta un límite insospechado, como delirante.

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Acerca de Marco Guillén 2035 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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