The Magicians: ¿Por qué la serie merece una oportunidad?

Ya hablamos en su momento del comienzo de esta serie (The Magicians: Magia de adolescentes para adultos) que para nosotros tiene los suyo y muchos amantes de la fantasía deberían darle una oportunidad. La manera en que la historia fue encarada la transformó en una mucho más interesante que la misma novela, y eso es mucho. La humanidad puesta en una fantasía, dejando que esta sea quien guíe a los estudiantes de Brakebills en su aprendizaje.

Por @mauvais1

Mucho se comparó esta serie con la saga Harry Potter; y aunque hay en común varios detalles, ha sabido crear su propio universo mágico, llevándolo hacia un lado más irónico, casi socarrón, de lo que es convivir con esas nociones. Pero vayamos por parte.

Sera Gamble (Supernatural – 2005 – ) y John McNamara (Prime Suspect – 2011/12 y Aquarius – 2015/16) son los creadores de esta serie que se basa en las novelas de Lev Grossman, quien hasta hoy lleva tres volúmenes publicados. Los guiones, como suele suceder, están escritos por todo un equipo entre los que destacaremos a Leah Fong, que ya tiene experiencia en el rubro mágico con Once Upon a Time (2011 – ) y Mike Moore (Motel Bates – 2013/). En cuanto a los protagonistas, con varios cambios respecto de sus alter egos literarios, son Jason Ralph como Quentin Coldwater, Stella Maeve como Julia Wicker, su mejor amiga de toda la vida y Olivia Taylor Dudley como Alice Quinn, el interés amoroso de Q y una sabelotodo bastante introvertida y con una pesada historia familiar, además de los tres compañeros de aventuras: Arjun Gupta, interpretado por William ‘Penny’ Adiyodi, cambio total en cuanto al personaje de la novela ya que en esta se describe como un joven pálido y con un corte de cabello mohicano, además de ser bajito; el complejo y extravagante sommelier de vinos y drogas  Eliot Waugh, que interpreta Hale Appleman exquisitamente, y Summer Bishil como Margo Hanson, compañera inseparable y mejor amiga del anterior, una mujer de armas tomar con un importante ego, llamada Janet en el libro.

A Quentin Coldwater hay algo en la vida que le falta. No sabe  qué,  pero no puede evitar ser infeliz, pensando que la vida no puede ser solamente el mundo real. Este se refugia leyendo la saga Fillory, una serie de novelas infantiles sobre unos niños ingleses que viajan a un reino mágico cuando se les necesita, y visitando el psiquiátrico de vez en cuando. Pero un día, persiguiendo una hoja de papel, Quentin acaba llegando a Brakebills, una institución destinada a educar a jóvenes hechiceros en el arte de la magia, dónde artes malignas se ceñirán sobre él y sus nuevos conocidos.

¿Pero por qué la serie merece una oportunidad? Varias son las ideas que plantea y de manera poco sutil, algo que se agradece. Una de ellas es la capacidad, de la que no poseen mucha,  de enfrentar el cambio que los jóvenes deben superar cuando al finalizar los estudios secundarios ingresan en ese limbo que es la universidad, un mundo entre lo joven y lo adulto. Porque no deja de ser una alegoría ese Brakebills, con sus jardines y fuentes encantadas y sus casas de hermandades, de ese sitio en que la responsabilidad parece un ensayo pero dista mucho de serlo. La magia no es simplemente repetir un hechizo con corrección,  es un sinnúmero de datos científicos y filológicos que deben indagar y poseer.

Segundo apartado interesante. La percepción que se tiene del arte de la hechicería, compleja, basta, que trasciende al individuo y es fuente del universo. Utilizarla e interferir en ella significa adentrarse en un profundo estudio de lenguas, y su ejecución se lleva a cabo a través de intrincados juegos de mano, que el mago debe realizar de manera perfecta. Es un cambio profundo de la mentalidad del estudiante, una transformación de su percepción, porque puede modificar la realidad y todo lo que ello conlleva. La primera temporada valió como un ensayo de la visión con que los creadores quisieron dotar a la serie, la relación de los personajes con la magia y con ellos y sus miserias. Aquí nada es ideal, la magia no lo es. El decano Fogg, interpretado por Rick Worthy en la serie, les dirá “… ¿Qué creen que los convierte en mago?… Creo son magos porque son infelices. Un mago es fuerte porque siente dolor, siente la diferencia entre lo que es el mundo y lo que podría ser si él interviniera activamente… Han aprendido a doblegar el mundo que quiere doblegarlos”. (Los Magos – La Graduación. Pag 265). Ese es el sentimiento que sobrevuela la historia de estos estudiantes que asumirán la responsabilidad de tener un poder que no podrán utilizar a su antojo, que no los salvará de sus infortunios, de ellos mismos. No dejan de ser hombres y mujeres con dones, teóricos que enfrentan el mundo real, ese en que Julia, Kady (Jade Tailor) y Marina (Kacey Rohl) representan, plagado de infortunios cotidianos, lo que nosotros enfrentamos diariamente y que ellos, aun teniendo la magia a su alcance, no pueden modificar y que de a poco dejarán de entender. Pertenecen a mundos mágicos esos mundanos hombres, choque de universos que enfrentan con mucha magia pero poca experiencia.

Y ahí está Fillory, esa saga que se transforma en una realidad más, la primigenia de todo mal y todo bien, mezclada en unos grises sucios que desdibujan la fantasía Tolkiana y diluyéndose en un universo malicioso, intrigante, complejo. El autor utilizó, creemos, la saga escrita por C. S. Lewis “Las Crónicas de Narnia”, como esqueleto para un universo mucho más denso y conflictivo. Uno que se presenta como la cárcel y la liberación de los personajes y que en la serie es retratado como un mundo en su ocaso, uno que es gobernado con crueldad, en donde se sobrevive y se convive con una magia idolatrada a la que pocos tienen acceso completo. Hay hambre, terror, miseria y humanidad, dividida esta última entre obsecuentes servidores por un lado y rebeldes terroristas por otro, y el único animal parlante que se presenta es un cínico e intrigante perezoso.

Aquí, en nuestra realidad, están los expulsados, los descastados que intentan ingresar a ese mundo y lo hacen como un grupo de inadaptados que roban la magia, que la usan de acuerdo a su gusto personal, con ansias de dominar. Dioses que se pasean por esta tierra son los crueles maestros que les dan lecciones que no tendrán tiempo de aprehender ya que están muertos una vez que los convocan, y  quienes los sobrevivan son como espíritus de venganza, confusos fantasmas de lo que fueron, criaturas sedientas de odio. Es The Magicians una más que recomendable experiencia que nos paseará por lo sublime y lo desagradable, plagada de magia, pero también de conflictos que el espectador comprenderá porque son reales, demasiado reales a veces. Julia, es el personaje favorito de este reseñador, porque ella combate con lo que se espera de ella, queriendo ser aquello para lo que se cree capaz, una criatura que no se detiene, no espera, toma y usa para llegar, aunque a veces sea por el camino más tortuoso y denigrante, y otras por el más lúcido y jugado. Hay razones para criticar tal vez, pero son más las que hacen de esta serie algo entretenido y original. Eso rescato. La magia es solo un pretexto para más magia. Felices todos por la tercer temporada que ya anunciaron.

 The Magicians puede verse por Syfy latinoamérica los martes a las 21:00 hs. 

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