El Empapelado Amarillo: Una conciencia hecha para no estar quieta

“¿Quién sería lo bastante insensato para morir sin haber dado al menos la vuelta a su cárcel?”

Marguerite Yourcenar

Por @mauvais1

Es el relato, la voz, conciencia hecha de palabras liberadas en el espacio. Texto que forma esa deformidad que crece en la soledad, la penumbra. Un cuarto vacío que plaga de fantasmas, que atiborra de desesperanza. Sujétense este no será un viaje placentero, no lo será para ella, ni para nosotros.

1890. John alquila por el verano una extraña casa colonial donde, espera, su esposa se recupere de lo que entiende es una depresión nerviosa temporaria. Confinada al ático de la casona por la luz y el aire que entran por sus generosas ventanas, pero sin salida alguna para la expresión de sus pensamientos, ella enfoca su atención sobre el empapelado amarillo que reviste las paredes de la habitación y que poco a poco comienza a ejercer una espantosa fascinación sobre ella.

Las paredes, son ellas las que detienen, son el obstaculo que transformará en reflejo de una mente. Son la construcción que a su alrededor tejen aprisionando. Y será esa pared y empapelado amarillo el disparador de una conciencia hecha para no estar quieta. Cava profundo en él, traza las líneas y desentraña para ver detras. Y descubre la sombra de ella que se oculta, se arrastra. Acaso el doble, el doppelganger que se esconde humillado, tras el empapelado alejándose de esa sombra de mujer. Una que quieta y ausente espera una liberación que romperá. Acaso es locura o simplemente eso, libertad.

Alexia Moyano es una poderosa voz que no calla, un cuerpo que se retuerce en ese encierro impuesto por ellos, por él, por quienes creen tener los hilos de la marioneta que intentan convencerla que es. Increíble actriz que logra una voz independiente de un cuerpo que no da respiro, derriba la esposa, la hermana para con las piezas elaborar una mujer que pueda lidiar con la soledad, una que responda a la atribulación. Y cuando ese intrincado juego de cuerpo y voz parecen llegar al cenit, es entonces donde el viaje cobra un vuelo sorprendente. Porque el mismo espacio se transforma al calor de la acción, literalmente se desdobla, rota y gira con ella y a través, como enorme trance que no da respiro. El trabajo realizado por Ariel Vaccaro en la escenografía, junto a las proyecciones de Juan Pedro Yelpo y Ariel Silvestre  bajo la dirección de Sebastián Kalt, hacen del espacio un ser vivo que danza al compás de la inmensa actriz que es Moyano. Un conjunto que nos adentra en una fantasía que por momentos se antoja una cinta de la productora Hammer, un thriller gótico ante nuestros ojos que se despliega de manera vivida, certera. Estamos dentro de la angustia del personaje, nos mareamos al compás de sus derroteros.

Es una puesta impresionante. Y a su vez dentro de todo ese despliegue hay una mujer que sufre, que atan a convenciones masculinas sobre el comportamiento femenino, la soberbia de nosotros los hombres que creemos entender lo que ellas sufren sin darles la posibilidad de debatirlo. Sobre ella pesa el mandato masculino, sobre ella se construye una mujer que debe ejecutar sin posibilidad de mostrarla como ella lo ve, lo siente. Atrapada en lo que queremos que sea, intenta huir, ocultarse de esa humillación para no ser más que una sombra uniforme en el empapelado.

No debería haber una última función.

El Cultural San Martín

Sarmiento 1551

Horarios : SAB:22:00 | VIE:21:00


Autora: Charlotte Perkins Gilman

Idea, adaptación y Dirección: Sebastián Kalt

Intérprete: Alexia Moyano

Escenografía: Ariel Vaccaro

Diseño y realización de proyecciones: Juan Pedro Yelpo

Iluminación: Alejandro Le Roux

Vestuario: Paola Delgado

Música: Cecilia Castro y Sam Nacht

Asistente de dirección: Julián Cnochaert

Producción general: Melisa Santoro.

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