¿Surrealismo de Freud o psicoanálisis de Lynch?

 “Existe un camino de regreso desde la fantasía a la realidad: el arte
Sigmund Freud

Por @GiuCappiello

No es novedad que el cine y el psicoanálisis han sabido ir de la mano prácticamente desde el nacimiento de ambos, de formas más o menos evidentes, pero si hay alguien que ha sabido tomar su inconsciente y volcarlo casi en crudo sobre un film, ese es David Lynch con su característico surrealismo.

El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, decía que no existe gran diferencia entre los niños que juegan y los adultos: los primeros utilizan objetos reales para crear un mundo propio e imaginario y esto es aceptado por todo aquel que lo rodea. El adulto renuncia al juego infantil,  pero solo en apariencia, ya que a través del acto de fantasear consigue un placer similar al que conseguía en su infancia, aunque con una pequeña diferencia: mientras que el niño exhibe su juego, nosotros como adultos mantenemos la mayoría de nuestras fantasías en secreto, ya sea por vergüenza, pudor o alguna creencia “cabulera” en la que preferimos callar hasta esperar que el deseo en cuestión se concrete.

Pero este mecanismo consigue su revancha gracias a las creaciones artísticas, en ellas, ya sea un poema, una pintura, una canción o un film, nuestras fantasías, deseos y temores encuentran un sitio en el cual expresarse, y decir esto es utilizar un eufemismo, ya que detrás de todo eso, lo que en realidad se presenta es nuestro inconsciente hablando.

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¿Acaso las películas de este director no parecen sueños llevados a la pantalla? Y es que en los sueños, que no son más que formaciones del inconsciente, solo rige una ley y es la siguiente: No hay leyes. Su contenido puede variar desde las escenas más cotidianas hasta las más ridículas y grotescas. Por otro lado, la estética misma de los sueños -analizable al igual que la de un film- puede conservar características “reales” así como también -y la mayoría de las veces- exceder toda “normalidad” a través de situaciones, diálogos y colores extravagantes. Ahora ustedes podrían preguntarse:- ¿Estás hablando de los sueños o de David Lynch? Y es una pregunta más que acertada, porque éste ha sabido borrar la línea que separa ambas cosas para crear films donde juntamente no existen leyes.

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Trabajar de la manera en que lo hace dicho director no es tarea fácil, si los sueños se manifiestan con libertad es por que quién tiene la tarea de regularlos –para decirlo de un modo muy simple- también está dormido. Pero en la realidad efectiva, repleta de leyes y sobre todo en nuestra vida diurna, repleta de inhibiciones, no es fácil vencer todas esas barreras y plantear una idea, como lo hace el director, que exceda lo cotidiano pero que aun así no se inscriba en el género de la ciencia ficción y si esto sucede, aunque no lo pensemos de forma consiente, es porque todos somos agentes y espectadores a diario de ese mundo surrealista, del que disfrutamos, porque el ser humano siempre va a tender a sus fantasías, al mayor placer, al disfrute, y qué mejor lugar para eso que un film que nos proponga un “sin leyes” acorde a nuestros deseos más inconscientes.

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Muchos de nosotros, al finalizar alguna de sus películas, nos encontramos frente a los títulos finales tratando de descifrar algunas de las cosas vistas durante esas intensas dos horas, no sabemos del todo qué significan, pero sabemos que significan algo y este es el mismo trabajo psicoanalítico que se emplea para los sueños, discernir que hay más allá de lo que se presenta, porque no estaríamos muy errados si decimos que cada noche al dormir, nos estamos acomodando en una butaca listos para ver una película cuyo perfecto director sería David Lynch.


 

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