Alias Grace: Maldita tu eres entre todas las mujeres

Creo haberlo mencionado cuando tuve la oportunidad de escribir mis pareceres sobre la adaptación que con tanto acierto realizó la cadena HULU de The Handmaid’s Tale, y era que al fin teníamos la oportunidad de reencontrarnos con la obra de esta más que interesante escritora; Margaret E. Atwood.

Por @mauvais1

Y entonces, tal vez subidos al caballito de la popularidad de esa adaptación, Netflix decidió que sería provechoso distribuir esta producción que dirige con solvencia Mary Harron, (American Psycho – 2000) y que guiona la misma escritora junto a Sarah Polley. Grace Marks, es una mujer cuya historia descubrió Atwood en Life in the Clearings de Susanna Moodie y de cuya historia realizó un primer acercamiento con un guión para la televisión canadiense en 1974. Pero sería, a ojos de la autora, redimida en una novela publicada en 1996, ya que declaraba haber investigado más al respecto logrando un retrato más acabado sobre la asesina que escandalizó a Canadá a mediados del siglo XIX. Grace es una joven inmigrante irlandesa y empleada doméstica en el Alto Canadá que fue condenada por el brutal asesinato de su jefe, Thomas Kinnear y el ama de llaves Nancy Montgomery en 1843. Grace dice que no recuerda el asesinato, pero los hechos son irrefutables. Una década después, el Dr. Simon Jordan intenta ayudar a Grace a recordar su pasado.

La historia, o el primer episodio si somos rigurosos, comienza con Grace (atrapante interpretación de Sarah Gadon) adentrándonos en sus pensamientos. Seco y expeditivo es el soliloquio, que sin vueltas la presenta como la protagonista de una truculenta historia que matizan con flashes, oscuros destellos de las desgracias vividas por ella. Logrando así un entramado que el espectador no podrá soltar. Como ante un nudo gordiano pero sin espada, deberemos conformarnos con la paciencia de desanudar las cuerdas para descifrarlo. Y para eso nos valdremos de las sesiones que lleva a cabo con el alienista (psicólogo de la época), Simon Jordan.

Alias Grace

A través de sus cuestionamientos reconstruiremos la vida de la joven, desde la partida de Irlanda hasta ese momento en la cárcel, ya convicta. Gracias a guiones desarrollados con pulso y sin amaneramientos, recorremos también una época y su idiosincrasia. No nos faltaran la hipocresía y convenciones sociales que prosperaron entonces, así como el lugar que la mujer ocupaba. Un marco acabado, que nos dará los indicios para comprender el comportamiento, no solo de Grace, también del médico, el padre, el amo de la casa y las otras mujeres que son retratados. Lejos de disculpar, y si tomar partido, presentan a la joven como la víctima de una serie de eventos que la precipitaron hacia el trágico final, pero sin dejar de lado la oscura trama que ella teje en busca de redención. Como buena protestante se pondrá en manos de Dios y su juicio final, pero como mujer hará lo posible para que su relato tenga el recato y la gracia que le debe a su condición de mujer. ¿Enrevesado? Lo es desde el principio, cuando el relato se divide en tres vertientes; Lo escuchado por el doctor, la voz interior de Grace y el retrato que la sociedad ha hecho de la joven a través de la prensa y los testimonios. Confiar en ella es un ejercicio que cada espectador hará de acuerdo a sus posiciones morales y éticas, un acertado trabajo de las guionistas. Porque matar tal vez lo hizo, pero ¿Fue un asesinato, una venganza o solo sumisión ante una autoridad masculina?

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Es uno de sus logros el marco en el que el relato se desarrolla; un siempre cielo soleado o  estrellado, en casas de grandes ventanales y bello amueblamiento, en los que moran criaturas buenas, corrompidas, supersticiosas y atadas a convencionalismos opresivos. Verdes praderas, casitas blancas en medio de árboles e hipócrita comportamiento de sus residentes. Esta ambivalencia; entre lo material siempre luminoso y elegante y lo humano ensombrecido y negador, logra sumergirnos en el laberíntico desglose del misterio, siempre de la mano de Grace y  Simon Jordan. Sentado frente a la pantalla el espectador es el jurado, se le expondrá el caso, lo confundirá, pero sobre todo y como sucediera en Cuentos de la Criada, nos enfrentará a la doblez y la indolencia con que la sociedad ha manejado a la mujer. La capacidad de cosificarla que tenemos a la hora de juzgarla, corriéndola de la humanidad para exponerla de acuerdo a prejuicios de toda índole, hasta religiosos. Concentrados en la metáfora de la manzana, el tejido de una manta, la pintura de tema bíblico, la superstición católica sobre las almas, la mansedumbre de Job, la estupidez de la esposa de Lot.

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También la minuciosa elaboración de sus personajes como Grace Marks, Mary Whitney o Nancy Montgomery, que son profundos, complejos, dinámicos y que a pesar de ser mujeres devoradas, rotas o expulsadas por el sistema, no dejan de tener sus debilidades, sus demonios. Clara, ocurrente y tan mordaz como pocas. Alias Grace puede que carezca del empaque que logró The Handmaid’s Tale a la hora de abarcar tópicos actuales, puesto que esta historia se desarrolla en un pasado que de entrada se nos antoja anquilosado y obsoleto, pero aun así es capaz de hacerlo de manera sólida, creíble y sumergirnos en la psicología de una época, la justicia de entonces, la obsesión por el pasquín sangriento que una prensa amarillista alimentaba a costa de destruir la imagen de la persona, condenandola solo con supuesto y chismorreos. Una vez más la sólida literatura de Margaret E. Atwood sostiene un relato entretenido y absorbente, que la directora y el elenco supieron plasmar sin temores.


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Título: Alias Grace

Directora: Mary Harron

Guión: Sarah Polley, Margaret Atwood (Novela: Margaret Atwood)

Reparto: Sarah Gadon, Edward Holcroft, Zachary Levi, Kerr Logan, Stephen Joffe,Rebecca Liddiard, Will Bowes, Michael Therriault, Sylvia Zuk, Diane D’Aquila, Scott Anderson, Isaak Bailey, Noah Carson, David Cronenberg, Anna Paquin, Dave Reachill, Paul Gross

Basada en la historia real de Grace Marks, una joven inmigrante irlandesa y empleada doméstica en el Alto Canadá que fue condenada por el brutal asesinato de su jefe, Thomas Kinnear en 1843. Grace dice que no recuerda el asesinato, pero los hechos son irrefutables. Una década después, el Dr. Simon Jordan intenta ayudar a Grace a recordar su pasado.


 

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Acerca de Marco Guillén 1964 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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