[RECAP] Star Trek – Discovery: Into the Forest I Go (T1xE09)

“And into the forest I go, to lose my mind and find my soul”

John Muir

Por @mauvais1

Hemos llegado al noveno episodio, con cierta nostalgia de los días en que todo era un misterio sobre esta puesta al día de Star Trek que iniciara Bryan Fuller y continuara con mucho acierto Alex Kurtzman. Son Bo Yeon KimErika Lippoldt quienes tuvieron el desafío de lograr un buen cierre de esta primera mitad de temporada y han sabido darle la épica necesaria para dejar a los espectadores con las ansias de más.

Como contábamos en [RECAP] Star Trek – Discovery: Si Vis Pacem, Para Bellum (T1xE08), el planeta Pahvo ha hecho la llamada y los Klingons en su nave La Sarcophagus se aproximan para el encuentro con la Discovery. Por supuesto que Lorca no se queda de brazos cruzados y gracias a la pericia de su tripulación prepara un plan que quizás cambie para siempre el enfrentamiento. Poder detectar las naves Klingons mientras tienen su sistema de ocultamiento activo. Pero, claro está, se podrá hacer no sin el sacrificio de ellos. Michael Burnham y Ash Tyler se infiltraran en la nave para colocar unos artilugios que ayudaran a realizar las lecturas, mientras el teniente Stamets se somete a una serie de saltos, más de cien, que ayudará a establecer no solo la distracción sino que también las coordenadas para que el logaritmo sea efectivo.

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Varios son los aspectos que hemos rescatado de esta serie en particular, uno que no nos cansamos de repetir es la reimaginación de los caracteres de los personajes, complejizándolos, haciéndolos accesibles a nuestra realidad cotidiana. Lejos de ser héroes de saga, se convirtieron en humanos en situaciones limites, en donde ese heroísmo siempre es sometido al estrés y los prejuicios. Lorca, Saru y Burnham han sabido progresar y desarrollarse manteniendo sus bases. Además de un apartado técnico que ha apostado por una mejor visión del universo. Puede que hayan desdibujado la tecnología que en esos años de la saga se utilizaban, pero tenemos que admitir que se ve hermosa. La propuesta argumental es la que realmente logra esa actualización, con una historia serial, que poco abandonaron, creando en la platea la necesidad de continuar viéndola y teniendo la oportunidad de desarrollarla a placer, a ritmo pero sin prisa.

La llegada a la nave de Michael Burnham y Ash Tyler, nos lleva a dos descubrimientos; por un lado la necesidad de ella de cerrar ese siniestro capitulo de su vida, o por lo menos lograr la necesaria paz para convivir con ello; ser una amotinada que empujó a la muerte a todos sus camaradas, capitana incluida. Su enfrentamiento en duelo con Kol, no solo es hacer tiempo para que el plan llegue a buen puerto, es un ajuste de cuentas, es el rescate, puesto en el pin de la capitana, de lo que ella abandonó. En cuanto a Tyler, oh eso si que es hermoso, porque se atreven a explorar el trastorno de estrés postraumático condimentándolo con una buena dosis del síndrome de Estocolmo. Ponen al personaje al borde, logran con él rescatar ese condimento que supo esgrimir la saga Star Trek, de meterse en temas delicados como critica a los sistemas y sus características. ¿Les parece demasiado hilado fino? Pues no, ellos así lo trabajaron en todos los episodios, la guerra y su brutalidad, el limite de la razón al que somos expuestos en tales circunstancias, los medios a pesar del fin. La relación de Tyler y la klingon L’Rell es la del cautivo y su torturador, la victima expuesta a su potencial asesino y mucho dará esta relación por lo visto hasta ahora.

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Destruida la nave insignia Klingon luego de un energizante y bien llevado episodio, parece llegar el momento de la retrospectiva, en la tambaleante y efímera paz lograda con ello. El teniente Stamets advierte al capitán que será el último salto que guíe con el motor de esporas a la base donde los esperan para condecorarlos, por su descubrimiento y el rescate de la almirante Cornwell. Promete al doctor Hugh Culber un poco de paz y opera. Y entonces, es cuando la aventura parece tomar otro rumbo, que a muchos seguramente nos recordó las bases de la trama de Star Trek: Voyager (1995-2001), porque son trasladados en un fallado viaje de Stamets a una zona desconocida de la que no saben nada ni logran posicionar. Pero tendremos que esperar hasta Enero de 2018 ahora para saber más. En definitiva un buen episodio, con ritmo y sin salirse de su propuesta. Una excelente producción que apuesta por un material de calidad y que no arruga a la hora de entrometerse con los personajes. Estamos en una nueva era de la ya mítica saga space opera Star Trek y estamos más que contentos.

Apropósito del titulo del episodio es parte de una frase escrita por John Muir, naturalista estadounidense del siglo XIX, un explorador y defensor de la naturaleza, la vida salvaje y la preservación de los grandes espacios naturales, que hoy llamamos reservas. El principal objetivo de sus viajes es siempre la investigación, especialmente de los glaciares y el descubrimiento, pero su curiosidad natural le impulsa a fijarse en todo aquello que ve, desde las costumbres y modos de vida de los indios a los más variados fenómenos de la naturaleza. Básicamente dice “Y a el bosque voy, a perder la cabeza y encontrar mi alma“. Toda una declaración de intensiones sobre lo que vendrá.


Star Trek – Discovery: Into the Forest I Go

Director: Chris Byrne

Guión: Son Bo Yeon Kim y Erika Lippoldt

Protagonistas: Sonequa Martin-Green, Doug Jones, Shazad Latif, Anthony Rapp, Mary Wiseman, Jason Isaacs, Jayne Brook y James Frain.


 

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