Godless: Cowgirl power

El guionista de uno de los mejores films de cómics de los últimos tiempos, nos entrega junto a Steven Soderbergh, un western en forma de miniserie que es lo mejor del 2017.

Por @ElPatoAlvarez_

Luego de haber coqueteado y reinventado un western clásico en el (hasta ahora) mejor film de superhéroes como lo fue Logan (2017), Scott Frank se une a Steven Soderbergh (esta vez como productor), para dar a luz Godless, una miniserie de 7 episodios de poco más de una hora, en la que lo clásico se une con una nueva visión de esos personajes que en las películas de Lejano Oeste siempre estuvieron relegados a segundo plano: las mujeres.

En el pueblo de La Belle hubo alguna vez una mina de plata en el que los hombres la trabajaban y las mujeres los despedían con un beso y los esperaban ansiosas con la cena luego de una larga jornada de empleo. Pero un día hubo una explosión, un accidente que causó que la mayoría de los hombres del pueblo (mas de 80) murieran y dejaran a La Belle y a sus mujeres e hijos desprovistos de toda seguridad. Así las cosas, las mujeres tomaron las riendas del pueblo con los pocos masculinos que quedaron: el Sheriff Bill McNue (Scoot McNairy), su joven ayudante Whitey Winn (Thomas Brodie-Sangster) más el dueño del bar, algún que otro viejo y el único sobreviviente del accidente de la mina, chiflado hasta la médula.

Las mujeres dominan la economía del pueblo, se ayudan entre sí, la prostituta al no tener clientes se vuelve profesora y una viuda encuentra en la muerte de su esposo tanto la libertad de expresarse mediante el revólver como en su sexualidad. Aunque muy cerca de allí vive otra mujer, a la que desprecian, con su hijo medio indio y su suegra que es un poco “bruja” (nunca tan bien dicho); ella ha sufrido y nadie más que Mcnue lo sabe. Las demás la segregan por algún episodio que desconocemos, pero que involucra a su marido. Alice Fletcher (Michelle Dockery) vive al margen de La Belle y es la única que tiene la mayoría del ganado equino, bastante valioso para muchos, sobretodo por las mujeres del pueblo.

Este margen, esta frontera dentro de un pueblo casi fantasma, es a donde llega Roy Goode (Jack O’Connell), un extraño personaje que llega a la casa de Alice en medio de la noche, herido (y ella lo hiere de un disparo en el cuello). Doblemente herido, Roy comienza a convivir en principio con los Fletcher por la curiosidad e insistencia del hijo de Alice, luego, se irá ganando su confianza y confidencia a costa de una verdad aparente, una mentira escondida que pondrá en peligro no solo a los Fletcher, sino a todo el pueblo de La Belle: Goode es el “hijo favorito” de la banda del temible Frank Griffin (Jeff Daniels), un delincuente al que Roy aparentemente traicionó y se dio a la fuga con parte del último botín robado.

Frank, “el azote de Dios” promete que toda alma y todo pueblo será castigado si esconden y/o protegen a Roy Goode, y vaya que lo cumple. Su vestimenta casi sacerdotal está en congruencia con su Fe y libre interpretación de las Santas Escrituras. Un tipo muy peligroso que usa la creencia según conveniencia y siempre como castigo. Y es que aquí, en un pueblo con personajes “Sin Dios”, la falta de Divinidad y la falta de Fe están muy presentes, así como la falta de la figura paterna; que vendría a ser lo mismo simbólicamente.

Los pocos flashbacks que nos dan (tan bien filmados en una fotografía que opaca los colores al casi 0) también poca información del pasado del pueblo y de los personajes, nos hablan de un idilio anterior a la falta de una familia: en La Belle, los hombres que fallecieron hicieron que las familias se desmembraran y se convirtieran en una matriarcado en una época regida por el machismo; y para Roy, la figura del hermano mayor se desvanece para encontrar un futuro mejor para los dos, pero esto hace que el pequeño encuentre en la vida de la delincuencia a un padre fuerte pero cariñoso como Frank. Igualmente, esa figura en un momento debe desaparecer, y lo va haciendo cuando Roy “deja de ser hijo para convertirse en padre”, cuando las enseñanzas aprehendidas del padre van pasando hacia la próxima generación, figurada por el hijo de Alice Fletcher, el cual toma como protegido.

En este contexto, como en los anteriores (pero aquí expresado más fuertemente) aparece la figura del caballo como otro personaje metafórico, como el animal que, salvaje debe domarse, pero “Si fuerzas demasiado a un animal, al final él te forzará a ti“, frase que resume quizás la situación en la que se encontraba la mujer en esa época, y como fue y es forzada a llegar a sus límites en toda la serie.

Godless redefine la mirada del western desde el punto de vista de los marginados, también como esos “Soldados Buffalo”, los afroamericanos que dieron todo por su país en la Guerra de Secesión y viven en la frontera de La Belle, incluso más alejados de Fletcher, en su “propio mundo”; pero mantiene los tópicos que vimos en los clásicos: el Sheriff derrotado en busca de redención, el villano implacable, el héroe que sale de entre las sombras para salvar el día; bastante deudores de Sergio Leone (sobre todo en una de las escenas finales) pero más cercanos al prototipo americano de Howard Hawks.

Godless no tiene desperdicio y no es una de esas series para maratonear, sino que puede verse de a un capítulo por día o por semana. Se siente y se saborea a clásico, y nunca cae mal un clásico bien digerido.

 

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