Manhunt – Unabomber: Las dos caras del establishment

“179. Sería mejor deshacerse de todo el fétido sistema y aguantar las consecuencias”.

La sociedad industrial y su futuro – El Futuro – (1995)

Por @mauvais1

Los monstruos son de alguna manera el reflejo distorsionado de lo que muchos entendemos por revolución, discutiendo los sistemas imperantes, rompiendo el molde en búsqueda de una salida extra a la que nos habituaron a tomar. Empatizar con el malo de la película o la serie, es dotar esa historia de un trasfondo mucho más amplio y complejo. Andrew Sodroski y el equipo de guionistas parecen haber tenido en cuenta estas cuestiones cuando comenzaron a trabajar sobre ese infame personaje de la historia criminal americana. Theodore Kaczynski, un brillante matemático que llevó su revolución al terrorismo más deshumanizado. Unabomber, como lo llamaron, envió por cartas 16 bombas a diferentes objetivos, como protesta por la sociedad moderna y la destrucción de la naturaleza, matando a tres personas hiriendo a otras 23, entre los años 1978 y 1995. Durante 17 años, tuvo en vilo a Estados Unidos, hasta que la investigación dio un giro con la incorporación del agente Jim Fitzgerald, un experto en perfiles criminales. Esto último una total ficción, ya que su intervención no fue tan relevante, pero ayuda al drama a mostrar las dos caras de un mismo concepto.

Los monstruos 

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La serie de 13 episodios está planteada como el juego entre dos mentes brillantes que en algún punto conectan; es justamente la empatía del agente con ciertos rasgos del criminal lo que le ayuda a descubrir y luego combatir a este perturbado que equivocó el camino. La serie así lo delimita desde el primer momento. Un acierto que logra que los espectadores puedan comprender el fin que cada uno persigue, esté de acuerdo o no con ello.

Los primeros episodios son sobre el nacimiento, descubrimiento y posterior expansión del que es el héroe de la historia. Ese genio incomprendido que es Fitzgerald, interpretado por un sorprendente Sam Worthington en el mejor de los sentidos. Junto a él recorremos el sendero del clásico héroe de leyenda; sujeto salido de ninguna parte, un común que muestra poseer la habilidad y astucia de enfrentar el escabroso camino que hay por delante. Vilipendiado al principio logrará que se reconozcan sus atributos a fuerza de demostrarlos haciendo. El héroe siempre ejecuta, porque el villano es el pensador. Es interesante que con él ejemplifiquen mucho de lo que Kaczynski critica y combate. Porque el agente del FBI llega con buenas referencias, se introduce en el sistema como una promesa del campo, pero una vez dentro será constantemente obstruido por ese mismo sistema que primero lo creó y luego lo puso a trabajar. Se le permite pensar dentro de los cánones establecidos, y solo rompiendo las reglas es apto para apresar al criminal. Pero eso no es todo… Habrá más.

En cuanto Theodore Kaczynski, desarrolla los mismos conceptos que podrían calificar como clásicos en un villano, la infancia traumatizada de un genio incomprendido que no termina de encajar en la sociedad porque es capaz de ver más allá que el común. Ni que hablar de ese cliché tan explotado como la primera frustración amorosa, apuntado aquí en la amistad de un compañero de clase que lo abandona por una mujer. Todo malo que se precie tiene sus asuntos con la sexualidad, con el sexo como identidad de género. Cuestiónese el espectador este detalle haciendo una somera lista de malos de ficción. Inteligente, erudito y de cierto amaneramiento nihilista. La elegancia no solo en el buen vestir o conocimientos gastronómicos, también en su jerga, la musicalidad al hablar un acertado y preciso inglés o francés. La sofisticación es propia de ellos, porque piensan antes de actuar, porque lo hacen perversamente. Y que mejor manera de traducirlo a un gesto que en un “florido” comportamiento. Javier Bardem como Silva en Skyfall (2012), Frank Underwood de House of Cards (2013 – 2017), es ante todo una criatura que no encaja en el establishment. Y por eso intentará cambiarlo, claro que son sus métodos los que lo perderán en la oscuridad, en la atrocidad, un psicópata.

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Un punto interesante que desarrolla la trama es la intervención de Kaczynski en los experimentos de estudios de personalidad llevados a cabo por el Doctor Henry Murray, en la Universidad Harvard, subvencionados por la CIA. No, no es ficción; durante la prueba, los estudiantes eran amarrados a una silla y conectados a electrodos que monitorizaban sus respuestas psicológicas, mientras se les mantenía en una sala con focos y un espejo de doble vista y más tarde se les hacía revivir a los estudiantes el sentimiento de ira impotente volviendo a reproducir sus palabras. En realidad, estaban siendo sometidos a una prueba de estrés, que consistía en un ataque psicológico prolongado y estresante por parte de un mandato anónimo.

¿Pero entonces, dirán, que nos ayuda a empatizar con el malvado Kaczynski? Es la evolución del personaje hacia ese asesino, la idea que dentro de él pudo haber un hombre capaz de tomar otro camino (las imágenes que él fantasea con una esposa e hijo), de tener la humanidad suficiente para cuestionarse su obra, su manera de pensar el mundo. Es alguien que se atrevió a rebelarse y salirse del sistema, el corajudo que lo intentó. La acertadísima interpretación de Paul Bettany, hace de este sujeto un complejo amasijo de sentimientos que constantemente debaten las formas. Había algo que comunicar que pudo ser un mensaje con autoridad, pero que se desvirtuó en el accionar.

Cosa que en Fitzgerald es a la inversa. De la joven promesa, con el devenir de los acontecimientos tenemos a un obsesionado investigador que no se detendrá frente a nada ni nadie. Que romperá sus vínculos sociales y reglas en pos de concluir con su misión. La finalidad no será entorpecida por ningún medio. Ambos productos de un sistema, ejemplos de lo que como sociedad creamos.

No diremos que la dirección de Greg Yaitanes descolla, más bien es pulcra y acertada, casi cayendo en lo aburrido, sin embargo es el guión quien se luce gracias al elenco, que por supuesto Paul Bettany lidera con maestría. Tal vez porque es por medio de la palabra escrita en que se desarrolla el drama.

La Palabra 

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La filología es la herramienta que Fitzgerald utiliza para delinear el perfil; ese casi un estudio hermenéutico, si se nos permite, de los escritos de Kaczynski, siendo el lenguaje un protagonista más. Los modos, giros idiomáticos y jergas establecen el perfil del individuo, su idiosincrasia al que el actor acierta a convertir en acciones y pensamientos. Es testigo el espectador de la consolidación de la Lingüistica Forense, como proceso de perfilar al sujeto investigado.

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En los episodios finales, será esta, la palabra, la que juegue un importante rol. Porque a través de ella el investigador delinea el perfil del criminal, también con ella logra quebrarlo y obtener así la confesión. La palabra y ese distorsionado y enrevesado sentido del honor que Kaczynski posee. La dialéctica como arma final, una que los conducirá hacia diferentes razones finales que se encuentran en alguna medida. Verán, el criminal es absorbido por el sistema que conoce y odia, lo recupera para restablecer el orden, condenandolo luego al ostracismo total. Y el investigador, que desde dentro comprende el anatema que es ese individuo, pero a la vez descubriendo que sus postulados no estaban errados.


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Título: Manhunt: Unabomber

Dirección: Greg Yaitanes

Guion: Max Hurwitz, Nick Schenk, Andrew Sodroski, Nick Towne, Jim Clemente, James R. Fitzgerald, Tony Gittelson, Steven Katz

Reparto: Sam Worthington, Paul Bettany, Jane Lynch, Rowan Bousaid, Will Murden,Carter Zier, Colby Zier, Jana Allen, Griff Furst, Rebecca Henderson, Bonnie Johnson, John Merical, Paul Costley

Desde su cabaña remota en las montañas, entre los años 1978 y 1995, el matemático y terrorista Theodore Kaczynski (Paul Bettany), apodado “Unabomber”, envió por carta 16 bombas a diferentes objetivos, como protesta por la sociedad moderna y la destrucción de la naturaleza. Las bombas de Kaczynski mataron a tres personas e hirieron a otras 23. El agente del FBI Jim Fitzgerald (Sam Worthington), experto criminalista y en perfiles criminales, intentará desvelar la identidad de asesino. Un manifiesto escrito por el terrorista y enviado al The New York Times será clave para ahondar en su perturbada mente a partir del lenguaje y las expresiones que utiliza.


 

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Acerca de Marco Guillén 2040 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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