[RECAP] Star Trek – Discovery: Will You Take My Hand? (T1xE15)

Es imposible ganar sin que otro pierda“, sentenció Publilio Siro en tiempos de la desvencijada república romana, admonición que pareció calar hondo en la historia de las guerras de los hombres. El resultado solo debía dar un vencedor, sin más. En tiempos de desesperados intentos por sobrevivir al terror de la total aniquilación eran estas frases la que lograban un último y arrojado desquite. Como el que vive la federación en esos instantes previos al ataque Klingon al planeta tierra. Momento crucial que define la madera con que están hecho sus protagonistas.

Por @mauvais1

Es una devastadora verdad que toma cuerpo, como ha sido tradicionalmente en la serie, en los altos mandos de la federación. Poner al frente de la Discovery a la emperatriz Georgiou y permitirle llevar a cabo el más descabellado de los planes, en parámetros de los estatutos que con tanto celo cuidaron cuando Michael Burnham se amotinó contra la desaparecida capitana Philippa Georgiou, es por comenzar demencial. Así es la desesperación, más allá de una fría orden o la elocuente justificación. Burnham no deja de creerlo así, verla en el puente comportarse como reflejo distorsionado de su querida capitana es demasiado. Pero, aún no, aún obedecerá. Sigamos con el plan, llegar al planeta Q’onoS, ocultarse en una de sus vastas extensiones de cavernas volcánicas y de allí…

Pronto comprendemos que la alianza o trato, mejor expresado, entre la emperatriz y el embajador Sarek; es por un lado la libertad de Georgiou y por el otro la aniquilación de toda una raza. Plan con que la tripulación del Discovery no comulga, es extraordinario. Ellos que lo han vivido todo, que han visto terrores y maravillas, comprenden el trasfondo de semejante situación. Mientras los que ostentan el poder político, solo manejan a distancia planes y simulaciones, lejanos a cualquier sentimiento de verdadera comunidad pacifica, de abanderados de paz.

¿Cuál es el arte para preparar una buena amistad? Si quieres ser amado, ama.

Un episodio final que ha tenido todos los tópicos que el universo Star Trek a puesto sobre la mesa una y otra vez. El más importante de ellos, la búsqueda de la solución pacifica, el salto de fe que tanto pregonara Søren Kierkegaard. Para muchos de los espectadores pudo pecar de resolución apresurada, casi de escape, pero que no deja de pronunciar lo que la bandera de la federación ha sostenido desde que fue creada. Nos preguntamos qué hubiera sucedido si llevaban a cabo el plan, más allá de una continuidad histórica con respecto al canon. Nos habrían quitado, a los trekkies en particular, y a los televidentes en general, la magia que da cuerpo a este universo. No fue jamás la manera en que los capitanes de la flota resolvieron sus cuitas. Habría sido demoler las bases en las que se sostiene esta ciencia ficción gestada en tiempos de una percepción positiva del hombre y su futuro.

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Sylvia Tilly, en una graciosa escena, da la voz de alarma. Lo que transporta no es una baliza, es una bomba capaz de destruir el planeta en pocos momentos desde su detonación. Es por eso que desesperadamente buscan esas cavernas, para poder introducirlas en el magma aún candente y hacer volar el planeta desde el interior. Luego de una caprichosa y algo sonsa escena de ménage à trois, Georgiou consigue la ubicación y planta la siniestra bomba. Mientras que Burnham y el equipo deciden enfrentar a la almirante Cornwell, y es cuando decide que ha llegado el momento de un nuevo motín, uno que esta vez tiene las mejores razones, el espejo de ella misma, el reflejo de su comportamiento en el comienzo, ella aprendió la lección, ella atravesó el infierno para regresar limpia y segura. Al dar la voz de mando, la tripulación se pone de pié, ha nacido la líder. Y aquí va el plan que puede haber hecho ruido en los espectadores que esperaban un grandilocuente cierre de temporada. No habrá batalla, no habrá destrucción. Michael se enfrenta a la emperatriz y la convence de entregarle el detonador, “no serías capaz de verme morir dos veces” es la frase, más o menos, que demuele a Georgiou. Y entonces aparece L’Rell para tomar la posta. El salto de fe, porque le entregan el aparato y le dan la oportunidad de lograr la ansiada unificación del imperio Klingon. “Tu eres el estandarte”, le desafía Ash Tyler/Voq. La renuente, la seguidora se convierte en la esperanza de dos naciones y no los decepciona. Oh que final, la razón sobre la violencia, la paz por sobre todo.

Al final condecorados ellos todos, hasta el desaparecido doctor Hugh Culber, regresan a la Discovery para continuar con su misión de explorar explorar extraños nuevos mundos… descubrir nuevas formas de vida y nuevas civilizaciones…

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Una llamada de emergencia, en el puente el embajador Sarek observa por la pantalla cómo su planeta se acerca, el capitán interino Saru hace contacto y entonces, del oscuro espacio surge, allí está, frente al USS Discovery, el USS Enterprise NCC-1701 en todo su esplendor. Porque la llamada de emergencia provino del capitán Christopher Pike. Despedidas si las hay y no es necesario decir nada más. Aunque dejamos estas notas preguntándonos, ¿tendremos una tercer versión del señor Spock, segundo al mando en tiempos de Pike?


Star Trek – Discovery: Will You Take My Hand?

Director: Akiva Goldsman

Guión:  Akiva Goldsman, Gretchen J. Berg y Aaron Harberts

Protagonistas: Sonequa Martin-Green, Doug Jones, Shazad Latif, Anthony Rapp, Mary Wiseman, Jayne Brook y James Frain.

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Acerca de Marco Guillén 1911 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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