LEGION: El mundo e(x)quizofrénico de Marvel

“La normalidad es un traje”

Por @GiuCappiello

Legion” se trata de una serie estadounidense basada en el personaje de ficción del mismo nombre dentro del Universo Marvel. Y al igual que allí, esta adaptación creada por Noah Hawley (“Fargo”) para FX – que se encuentra disponible en Netflix– cuenta la historia de David Haller (Dan Stevens) un mutante que a temprana edad es diagnosticado con esquizofrenia.

El primer encuentro con nuestro protagonista es en el “Clockwork Hospital”no pierdan de vista este nombre– hospital psiquiátrico en el que luego nos enteramos que David ha estado internado los últimos 6 años de su vida. A su vez, a medida que avanzan los capítulos conocemos la difícil vida que este joven ha transitado: inmerso en un mundo lleno de voces y alucinaciones que lo asechan, acompañado por pastillas prescritas y drogas ilegales que resultan ineficaces para aliviar su padecimiento hasta concluir en un intento de suicidio, razón última por la cual David es ingresado a la institución en busca de un tratamiento adecuado.

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Focalizamos en “adecuado” porque justamente eso comienza siendo el problema central, dejando de lado una lista interminable de críticas que podríamos hacerle a los roles llevados a cabo tanto por los profesionales médicos, como al hospital mismo en sus tratos y procedimientos, el foco está en que David no mejora, las voces no se silencian y las perturbaciones visuales no desaparecen, porque él no es un paciente psiquiátrico, no está en el lugar correspondiente.

Es la llegada del amor a través del personaje de Sydney (Rachel Keller), una nueva paciente en la institución quien en apariencia posee un trastorno de personalidad anti social: no soporta el contacto físico con otro ser humano; ella es quien funcionará como medio para llegar a “Summerland”, el lugar apropiado en el que David averiguará quién es realmente.

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¡Alerta spoilers!

En este paraíso mutante conocemos a Kerry (Amber Midthunder), Ptonomy (Jeremie Harris), Cary (Bill Irwin) y Melanie Bird (Jean Smart) telépata y terapeuta a cargo del centro en cuestión, dedicado a controlar y desarrollar los dones de cada uno de los numerosos integrantes que viven allí; a la vez que se garantiza la integridad física de los mismos amenazada por la “División 3”: un organismo gubernamental cuyo fin es deshacerse de aquellas personas que, por sus dones, son vistos como amenazas para la humanidad.

A partir de este momento es que en “Legion” comienza la bella ironía: Melanie se propone ayudar a David convenciéndolo de que no es esquizofrénico, que nunca lo fue, que los estallidos de su enfermedad no fueron más que manifestaciones de sus poderes que, al no saber controlarlos, desataban el caos y el desborde en la vida del joven Haller. Con este propósito en el horizonte es que se embarcan en un tratamiento que ellos denominan “Trabajo de conversación” y “Trabajo de memoria” los cuales consisten –como sus nombres lo indican– en bucear por la mente de David, a través de sus relatos y recuerdos, para poder entender el curso de sus poderes hasta hoy en día.

Y si hablamos de “bella ironía” es porque este tratamiento no es más que el que en nuestra simple vida mortal y sin poderes denominamos “psicoanálisis”, pero a diferencia de lo que intentaban hacer en “Clockwork Hospital”, ahora se trata de una terapia adecuada para el sujeto en cuestión. Ésto facilitado por lo que el don de Ptonomy les permite hacer: entrar en aquel edificio que es la mente de David y poder ver, realmente ver sus recuerdos, en ese sin fin de cuartos donde las memorias se relacionan sin aparente lógica alguna, siendo esta última la condición primera del inconsciente de cualquiera de nosotros, mutantes o no.

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“¿Qué es real? Esa es la misión (…) Es como si hubiéramos activado a un guardián”

La precisión clínica del inconveniente con el que se topan los “analistas-mutantes” frente a David, una vez inmersos en este océano de memoria es delicioso: comienzan a sospechar que no todo lo que ven frente a sus ojos –dentro de la mente de David– son hechos reales de su vida. Se encuentran con que los “recuerdos” no se proyectan bajo la misma forma cada vez que se los reproduce, algunos tienen pequeñas modificaciones, mientras que otros carecen de completo sentido. Y nuevamente, esto no es más que lo que sucede en cualquier trabajo analítico ordinario: nuestros recuerdos siempre son encubridores, siempre son subjetivos, se almacenan bajo el tenor con el que los hayamos vividoaunque en la realidad efectiva no hayan tenido tal intensidad– y muchos otros son guardados bajo mil llaves, en lo profundo, y si intentamos acceder a ellos, el guardián de nuestro edificio inconsciente emerge de forma inmediata para defender su trabajo.

La imposibilidad de David para “hacer memoria”, las barreras que aparecen en su mente cuando surge algún avance y hasta el personaje de Lenny (Aubrey Plaza) aquella amiga que al principio parece ser su partener de aventuras, para luego transformarse en una presencia dentro de su cabeza que lo atormenta, y pretende convencer de quedarse en aquella realidad donde todo parece más soportable, todos estos ejemplos no son más que metáforas de procesos psíquicos reales, más o menos perceptibles, pero presentes en cada ser humano.

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En su primera temporada “Legion” nos propone este viaje por la mente, donde como ya dijimos, la regla fundamental podría resumirse en: no hay reglas. Así como en el inconsciente de David –y en el nuestrono hay lógica temporal, de la misma manera se cuenta la trama en esta serie. El factor común entre los “hechos” es nuestro protagonista, pero las escenas se nos presentan de manera capciosa para desafiar nuestra atención y avivar nuestro interés: David de niño en situaciones que deberían ser actuales, giros de planos y cambios de personajes. En definitiva, una dosis elevada pero justa de exquisita dinámica surrealista.

Actualmente hay muchas películas y series que plantean el funcionamiento psíquico, pero si hay algo que “Legion” tiene a favor, es que sobrepasa la barrera abstracta de lo mental y nos presenta un escenario donde lo intangible puede palparse, las imágenes que en nuestra cabeza no son más que huellas, en este mundo mutante pueden verse. Y si este recurso no resulta suficiente en sí mismo, la forma en que ésto es llevado a la pantalla funciona como la frutilla del postre.

Cuando hablamos de la forma, nos referimos a la estética: música y color.Legion-season-1-gallery-11_FULL

A lo largo de estos primeros ocho capítulos, la utilización de la psicología del color para generar determinadas sensaciones en el espectador es impecable. Las formas elegidas para mostrar la totalidad de los escenarios habla por si misma y es por esta razón que al inicio remarcamos el nombre del hospital: “Clockwork Hospital”, ya que al igual que en “La naranja mecánica” (“Clockwork Orange”, 1971) es la estética de lo cotidiano lo que marca en qué tiempo sucede la serie, un tiempo que no es ninguno en particular, pero que tiene sus características propias y reconocibles.

El propio Noah Hawley (creador) manifestó que sus intenciones eran que la serie tuviera “su propia estética visual y parte de eso es ser una historia fuera de tiempo y fuera de lugar”, claro que si fantaseamos, ese lugar es contemporáneo a las hazañas grotescas de aquel Alex DeLarge y el hecho de que en “Legion” los pacientes del “Clockwork Hospital” vistan con uniformes naranjas no hace más que complacer esta relación.

En cuanto a la música, el encargado fue Jeff Russo, quien a través de las melodías elegidas le aportó la psicodelia necesaria a esos colores intensos que de manera silenciosa pedían a gritos una compañía apropiada. Y al tratarse de una serie repleta de surrealismo, son estos dos componentes –música y color– lo que permiten que las escenas se muevan cómodamente dentro del terreno de lo excéntrico pero sin alcanzar lo excesivamente bizarro. En retrospectiva, podemos afirmar que Russo era el indicado para este proyecto cuando nos enteramos que la idea para “Legion” estuvo inspirada en el disco “Dark side of the Moon” por ser “el paisaje sonoro de la enfermedad mental”.

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Realmente nos quedamos cortos si pretendemos analizar cada aspecto psicológico y estético presente en esta serie y eso dejando de lado el componente exclusivamente mutante, aquello que la convierte en una evidente historia dentro del Universo Marvel. Es que “Legion” ha conseguido plantear dos géneros de manera tan homogénea y precisa que cualquier amante de la ciencia ficción, luego de ver la serie, puede re-descubrirse como un fanático de la psicología, así como aquellos entusiastas de la mente humana pueden sumergirse sin notarlo en un mundo de poderes y superhéroes.

Consejo 4B para los despistados: Si viste la primer temporada completa, no te olvides que un capítulo no termina hasta que el último título desaparece de la pantalla; date una vuelta por el número ocho nuevamente, hasta el final.

Por suerte esta serie que nos dejó más que complacidos ya renovó para una segunda temporada y hace pocos días se reveló el primer avance de lo que será el regreso de David Haller, el mutante más poderoso del mundo.


 

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