TAKE YOUR PILLS: La legalidad es cuestión de perspectiva

Medicar la vida cotidiana.

Por @GiuCappiello

Este mes de Marzo llegó a Netflix el documental “Take your pills” (2018) de la mano de la documentalista Alison Klayman, quien nos presenta el mundo detrás del “Adderall”: un psicoestimulante –derivado de las anfetaminas– que se comercializa de forma legal y se utiliza para tratar los trastornos de hiperactividad y déficit de atención, entre otros.

Más puntualmente el “Adderall” se emplea como potenciador cognitivo y euforizante, es decir, esta droga estimula el sistema nervioso de manera tal que lo que se consigue es una maximización de las capacidades de rendimiento tanto intelectual como físico. Es por esta razón que desde el comienzo del documental conocemos una serie de jóvenes que consumen o han consumido el estimulante en cuestión, ¿Las razones? Sacar las mejores calificaciones o destacarse como deportista entre sus compañeros ¿Con qué fin? Entrar a la universidad ¿De qué manera? Aceptando que tienen un trastorno.

Las tres patas de una estructura: ser el mejor, en una institución, bajo un diagnóstico. Pero claro que el documental muestra de manera muy ingeniosa cómo estos tres aspectos implican procesos y significan conceptos mucho más profundos que los que podemos percibir en superficie: suena lógico que una adolescente de bajos recursos económicos y con un trastorno de déficit de atención (TDA) consuma una droga legal que le permita maximizar sus capacidades, para así asegurarse un futuro universitario al que tal vez no hubiese podido acceder de otra manera. ¿Pero alguna vez nos detenemos a analizar realmente la magnitud de la presión social que hay en esto? O más lejos aún ¿De dónde viene esta presión? ¿De ellos mismos? ¿De sus padres? ¿O proviene de un orden superior?

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Ser el mejor en una institución

“Necesitas Instagram y Adderall para ser el estudiante perfecto”

Siempre escuchamos decir que los adolescentes son las victimas más directas de los modelos impuestos, que generan feroces estragos sobre todo en relación a su apariencia (peso). Pero a esto se le suma –sobre todo en países como Estados Unidos– la presión no sólo de ser el más lindo (más flaca, más musculoso) sino también el más exitoso, y en el siglo XXI sólo sos alguien si tenes algo y depende cuánto tengas será lo exitoso que seas.

Los adolescentes son las victimas más directas porque son los sujetos inmediatamente próximos a ser provechosos para el sistema, y éste como tal, siembra su mensaje y plantea sus exigencias desde mucho antes de su adultez. Los amolda y prepara para que cuando llegue el momento de ingresar al mundo –y al hablar de mundo nos referimos al único que importa hoy en día: el económico– ya estén listos y sean eficaces… sean útiles.

Bajo un diagnostico

“Muchos creen que lo tienen (TDA) porque no pueden concentrarse y en realidad es porque no nos enseñan a hacerlo, todo debe durar poco tiempo, todo debe ser rápido (…) la sociedad en general tiene un trastorno de déficit de atención”

En primer lugar debemos dejar en claro que el trastorno en cuestión es real y existen muchas personas que efectivamente lo poseen y padecen las limitaciones que éste implica. Pero por otro lado, suenan por lo menos alarmantespara no decir sospechosaslas cifras que reflejan qué cantidad de sujetos hoy en día toman medicación para diagnósticos de este tipo. El problema radica en dos aspectos: el negocio farmacéutico y sobre todo, el auge de la patologización. Si un niño no se queda quieto o no quiere realizar las tareas escolares, entonces seguramente termine en una consulta médica, en la que se les indique a los padres que estas conductas “anormales” pueden tratarse rápidamente con alguna medicación.

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Medicar a niños de 6 años “porque si” suena terrible, pero si nos detenemos a observar nuestro alrededor, veremos que es algo absolutamente cotidiano. Se trata de un procedimiento que encaja perfectamente en la época en la que nos encontramos: la inmediatez. Ante un problema esperamos la solución rápida, porque no tenemos tiempo de esperar tratamientos largos, porque no queremos esperar, porque no sabemos cómo hacerlo.

“Take your pills” muestra cómo desde la infancia se aplacan con medicación esas conductas que no sirven porque requieren trabajo, y luego en la adolescencia consumimos medicamentos que nos vuelvan más aptos, para que luego, como adultos, podamos mantener –con medicamentos– el ritmo de vida que se nos impone que llevemos.

Tomamos pastillas para estar más activos y otras para poder dormir, tomamos medicación para concentrarnos más en el trabajo, pero no necesitamos esas pastillas para prestar atención cuando realizamos alguna actividad que nos gusta; tomamos medicamentos para manejar el estrés sin preguntarnos por qué se origina. Parece haber una pastilla para todo, y claro que es así, porque el negocio farmacéutico está atento a cada necesidad del hombre.

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La inmediatez es una consecuencia social de un proceso económico: el capitalismo como lo conocemos hoy en día. Y claro que merece un análisis mucho más profundo y extenso, pero en “Takes your pills” podemos ver el avance de este pequeño factor que es la medicación dentro de una gran maquinaria que existe ya hace varios años, el documental lo muestra adornado de imágenes psicodélicas y un ácido humor que vuelven excéntrico y llamativo al fenómeno.

Si hoy en día tanta cantidad de gente padece algún tipo de trastorno es porque tanto la exigencia del pacienteadulto, adolescente o niño- como la mentalidad del médico, están formateadas bajo la misma premisa: “ya”. Los sujetos acuden a consulta esperando respuestas concretas y soluciones inmediatas y el médico por su parte primero diagnostica y receta, para luego mediante los efectos determinar si su visión del cuadro era la correcta. El problema es que al tratarse de una sustancia con efectos químicos, el “Adderall”en este caso– siempre va a generar resultados, entonces la ganancia es doble: el sujeto ve cambios que lo conforman y el medico comprueba su aptitud como profesional.

Una droga actual que no es de ahora

Sólo para mencionar algunos datos que el documental nos brinda, podemos destacar que en 1937 se escribió el primer artículo periodístico sobre el abuso de anfetaminas en relación a la búsqueda del éxito. En 1944 se inventa una píldora que luego se pondrá muy de moda en la sociedad: “Ritalin”. ¿Cómo se llegó a esto? El científico en cuestión buscaba lograr mediante esta droga, una pastilla que hiciera que su esposa jugara mejor al tenis y que le impidiera subir de peso. En 1960 se produce un auge y abuso de anfetaminas entre los jóvenes de aquel tiempo, por lo cual la droga adquiere una mirada negativa y se trasforma en algo ilegal. En 1980 aproximadamente empieza a establecerse el concepto y diagnóstico “TDA”, claro que ahora, con un contexto médico, la utilización del fármaco ya no resulta tan terrible para el ojo público.

Legal para los ricos, ilegal para el pobre

Es lógico que nos planteemos –“No es lo mismo quien consume anfetaminas con una prescripción médica y comprada en una farmacia, a quien la fabrica y consume de forma ilegal”. Claro que no es lo mismo, la diferencia es el sector social  y el “nivel” de las personas que lo conforman: desde el aspecto químico, entre el “Aderall” (anfetamina) y la metanfetamina que se consume en los sectores más pobres de la sociedad no hay diferencias, la parte del cerebro que se estimula luego de su consumo es exactamente la misma. De lo que si podemos hablar es de la calidad de la sustancia en cuestión, que la hace más o menos dañiña. Es decir, el ambiente y los recursos en los que se fabrica, por eso Walter White alias Heinsenberg  (Breaking bad, 2008) tuvo tanto éxito, él tenía la fórmula exacta y los mejores elementos para crear la droga.

Por lo tanto, si analizamos el recorrido de la anfetamina a lo largo de los años y los sujetos a los que se les permite, o no, consumirla, vemos que se trata de un aspecto puramente económico y social: aquel sujeto (pobre) que no es útil para el sistema o que consume por una razón distinta que no sea cumplir las exigencias del mismo (como aquellos “hippies” en 1960), entonces para ellos será ilegal. Pero si sos un niño molesto, un adolescente que busca ser exitoso o un adulto que quiere combatir aquellas limitaciones que no le permiten cumplir con su trabajo, entonces para vos va a haber una solución legal en cada farmacia.

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Es sumamente interesante cómo “Take your pills” comienza planteando una problemática actual, con casos reales que parecen justificar la existencia de medicamentos que calmen el padecimiento. Pero a medida que el documental trascurre, nos vamos introduciendo en un análisis mucho más profundo de orden social, con estadísticas precisas, datos históricos y evaluaciones científicas.

Este más que recomendable estreno de Netflix presenta una temática que en principio parece simple y hasta superflua, pero en realidad lo que hace es tomarnos de la mano para ubicarnos muy de a poco en una posición crítica del sistema actual. A su vez, la estética extravagante que irrumpe de a momentos para cortar con lo real de los testimonios, hace que el ojo perciba de manera edulcorada y hasta humorística, un tema que puede ser perturbador –y por eso muy necesario de ver– para cualquiera que posea un grado de sensibilidad y perspectiva social.

“Si todos tomáramos “Adderall” dejaríamos de preguntarnos -¿Qué sentido tiene todo? Pero también se perdería eso que hacen los humanos cuando cavilan y reflexionan, cuando la mente deambula ¿Qué surge de ahí? Surge la creatividad y el arte, como también se perderían momentos intensos de dolor… pero eso es la experiencia de ser humano”


 

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