Alex de la Iglesia: La gran bestia del cine español

El estreno en los cines argentinos de una nueva versión de “Perfecto Desconocidos” (la película italiana dirigida por Paolo Genovese en 2016), cuyo responsable fue Alex de la Iglesia – menos de un año después de haber estrenado también en nuestro país la brillante “El Bar” (2017)-, lleva a pensar en los hitos y bajas de un artista más que completo.

Por @AnXieBre

Con películas inteligentes, contundentes, pesimistas y cargadas de metáforas, es inevitable repasar su carrera cinematográfica desde su última película estrenada (que la crítica acompañó bastante bien) hacia sus principios, revisando sus films más importantes y completando el circuito con su obra maestra, “El día de la Bestia (1995)”.

Alex siempre fue fiel a sí mismo en lo que quería contar; por eso siempre hizo las películas que se le daba la gana. De la misma forma, casi siempre trabaja con los mismos actores. Por supuesto que tiene films excelentes, otros buenos, otros regulares. Pero jamás se pudo decir que filmó alguna película mala. Y si alguna pareció medio floja, al menos hay que reconocer que algo nos dejó.

El caso de “Perfectos Desconocidos (2017)” fue que quizá era más de lo mismo. A Alex seguramente le vino como anillo al dedo que el film de Genovese tenga mucho de su temática fetiche, en la que saltan a la vista las miserias humanas y los secretos mejor guardados de las personas, en este caso en particular, como representación de un estado actual en el que ya para los seres humanos las emociones se expresan con emoticones desde un celular.

TAMBIÉN PODÉS LEER LA REVIEW DE “PERFECTOS DESCONOCIDOS” AQUÍ

Siempre es un enorme placer disfrutar de lo que Alex tiene para decirnos sobre nosotros mismos. El caso es que ésta pareció ser su película menos personal y más predecible. En una cena, cuatro parejas aceptan jugar un juego: poner sobre la mesa (metáfora justa para proponer que se charlen las cosas a calzón quitado y de frente) sus aparatos móviles. La consigna era que cada vez que alguno sonara, se debía leer en voz alta cada mensaje que llegara, como una forma de compartir la vida privada con los comensales. No es muy difícil inferir que saldrían a la luz secretos y mentiras de turno, pero lo más rico en los films de De la Iglesia es ver y analizar las reacciones de cada uno de sus protagonistas, al igual que en las películas de zombies de George A. Romero, que presentaban siempre a un grupo de personas tratando de sobrevivir, reaccionado como pueden ante la inminencia de la muerte. Del mismo modo, los personajes de Alex de la Iglesia siempre están desesperados.

Quizá “El Bar (2017)” no haya sido tan predecible y sí haya resultado más personal. Partiendo desde la rutina más aburrida de sus personajes (son las nueve de la mañana y están desayunando como todos los días antes de ir a trabajar), lleva todas las emociones al extremo cuando mezcla de manera magistral varios géneros cinematográficos: el suspenso del fantasma de un posible atentado en Madrid, la pandemia causada por una enfermedad letal y el drama personal de cada personaje, que hacen que vayan mutando en sus conductas con el correr de los minutos. La claustrofobia, el temor a lo desconocido, la paranoia, los dilemas morales y la invasión de la tecnología son el caldo de cultivo para unos diálogos deliciosos en un escenario más micro.

En “Mi gran noche (2015)” la comedia se adueña de todo pero la desesperación de sus personajes sigue ahí. Como él bien la describe, es una “comedia total”. El escenario es un programa televisivo grabado de la gala especial de Nochevieja. Como José, su protagonista, cientos de personas permanecen encerrados día y noche fingiendo reírse y celebrar la venida del año nuevo. Como nos tiene acostumbrados, Alex establece personajes muy distintos entre sí que se esforzarán en forma desmedida para dejar de lado quiénes realmente son. Competitivos, odiosos pero inolvidables. Así son una vez más los personajes tan particulares de De la Iglesia, dentro de una película que nos acerca mucho de la cultura española en forma de parodia (la presencia del cantante Raphael no pasa desapercibida). Nominada a varios Premios Goya y ganadora de un Premio Feroz (Mario Casas, Mejor actor de reparto), ésta no es considerada su mejor película.

“Las brujas de Zugarramurdi (2013)” es un film que pasó sin pena ni gloria por los cines argentinos. Una verdadera lástima porque De la Iglesia decide colocar a la mujer en el centro de la atención. ¿Es una película feminista? Quizá muchos sostengan que si. Lo cierto es que aquí las figuras femeninas son las más fuertes y el hombre queda rezagado a la idiotez, la inmadurez y la debilidad. “Las Brujas…” (como parece catalogarlas Alex cariñosamente en la película) son toda una comunidad de miles que responden a una líder, y cuyo objetivo es vengar a las víctimas de la Inquisición española de 1610 y vengarse además del hombre y todo lo que representa. Parece disparatado combinar dichos tópicos en una misma película. Pero para Alex aquí la mujer es igual que una bruja con poderes especiales. Son superiores en número y en fuerza. Una visión amable y juguetona sobre la figura de la mujer y todo lo que ello implica. Dos hombres desesperados (otra vez gente al borde de sus emociones), uno divorciado recientemente y otro mujeriego, deciden robar una casa de empeño para solucionar sus problemas económicos. Las cosas no salen del todo bien e intentan escapar de la policía. En el camino, secuestran a un taxista y llegan al pueblo navarro de Zugarramurdi, donde son secuestrados por un grupo de brujas. Este es otro delirio de Alex de la Iglesia con varios Goya ganados (Mejor actriz de reparto Terele Pávez, mejor montaje, mejor dirección artística, mejor dirección de producción, mejor diseño de vestuario, mejor maquillaje y peluquería, mejor sonido y mejores efectos especiales).

“Balada triste de trompeta (2010)” es para muchos la mejor película de De la Iglesia. Y es quizá su película más seria, dado su temática: la pesadilla de la época franquista.

Una vez más la comedia negra es un condimento imprescindible, pero lo sobresaliente son sus gloriosas secuencias cargadas de violencia y sus imágenes hipnóticas sobre la guerra. Sin duda, una de sus películas preferidas  por la crítica nacional e internacional, con premios en el Festival de Cine de Venecia y dos Goya en su haber.

El film se sitúa en 1937 y comienza con la performance de dos payasos  y la posterior irrupción de un grupo de milicianos defensores de la república que desean reclutar gente. La secuencia siguiente es un gran montaje –para muchos exagerado y grotesco –en cámara lenta de Santiago Segura cortando gente al medio. Algo caricaturesco y hermosamente bien logrado. Lo que sigue: los traumas de un hijo con su padre, violencia machista y abuso de poder. La película es, a criterio de muchos, la más compleja del realizador.

En 2004 llegó “Crimen Ferpecto”, con Willy Toledo (presente últimamente en algunas películas argentinas). Podría decirse que éste es el film más simple de Alex de la Iglesia. Una comedia negra sin rodeos ni adornos. Un empleado de un gran comercio quiere convertirse en jefe de planta. Su rival le pone palos en la rueda y lo vigila de cerca. En una intensa discusión, Rafael (el personaje de Toledo) mata por accidente a su antagonista. Acto seguido, él es chantajeado por una testigo del hecho y él tendrá que idear el mejor plan para escaparse de esto. “Crimen ferpecto” ganó ocho premios en el Festival de Cine Policíaco de Cognac y tuvo varias nominaciones a los Goya. ¿Quién lo hubiera pensado? Alex de la Iglesia metiéndose en temas de tinte policial.

“800 balas (2002), basada en la experiencia vivida por el propio De la Iglesia al asistir a un espectáculo para turistas en Almería. Todo un homenaje a los Spaghetti Western, presentado en el Festival de Cine de Sitges, que ni Alex pensó que costaría tanto dinero hacer. La película retrata a un grupo de actores frustrados de un antiguo pueblo desértico que se la pasan recordando un pasado que fue mejor. La llegada de un niño altera sus rutinarias vidas y es allí donde realmente comienza todo. De nuevo: un grupo, el descontento con la realidad, las añoranzas y el personaje o hecho que altera la normalidad y que obliga a sus protagonistas a salir de su zona de confort.

Pero antes existió “La comunidad (2000)”, mitad comedia, mitad suspense, el nombre de esta película enmarca a la perfección todo lo que venimos diciendo sobre la temática de sus films. Aquí el personaje principal recae sobre Carmen Maura, una agente inmobiliaria sin mucho éxito en la vida que descubre muchísimo dinero en el departamento de un anciano que acaba de fallecer. Tendrá que cuidarlo de los vecinos del edificio, que también sabían de la existencia de ese dinero. Los integrantes de la comunidad estuvieron veinte años esperando para repartirse dicha fortuna y están dispuestos a llegar a lo más bajo con tal de obtener su porción de la torta. Otra vez la claustrofobia y la tragedia humana, esta vez combinadas con suspense y acción doméstica.

Maura gana el premio a la mejor actriz en el Festival de Cine de San Sebastián y el film también cosechó varios Goya.

“Muertos de risa (1999)” de la que vimos su versión teatral en Argentina, escrita por Daniel Casablanca. Drama humano, comedia negra y una parodia a la cultura de los años 80 y 90. La competencia desleal de dos amigos que se convierten en rivales para conseguir el éxito. Se aman y se odian casi al mismo tiempo en una España marcada por cambios socio-políticos, la televisión y las modas del momento.

Aquí no hay un grupo de personas sobre el cual depositar toda la carga argumental de la película, pero sólo dos alcanzan para retratar la clásica desesperación de los personajes, la ambición y el éxito a cualquier precio y por delante de todo. Hacia el final, el gusto que nos queda es amargo.

1997 fue el año de “Perdita Durango”, protagonizada por Rosie Pérez y Javier Bardem, la película más explosiva y sexual de Alex de la Iglesia, con buenas dosis de acción y otro poco de santería, con el siempre presente humor negro. Una mujerota sin escrúpulos y un asesino secuestran a una pareja de adolescentes de buena familia. En el medio, un raro encargo de un capo mafioso de trasladar unos fetos desde la frontera mexicana hasta Las Vegas. La película en su momento fue costosa, pero no le fue bien en cuanto a taquilla. Un film que escapó de la tradición de De la Iglesia, una película que se diferencia de todas las demás en su carrera y que cuenta una historia de amor peculiar y salvaje. El magnestismo, el destino, dos seres que son tal para cual. Una mujer peligrosa de armas tomar que arrastra un pasado lleno de sangre y pasiones. Apta para mayores de 18 años, ésta quizá sea la película más osada de De la Iglesia.

Por fin es el turno de hablar de su gran obra maestra, “El día de la Bestia (1995)”, la cual consagró a Alex de la Iglesia como uno de los directores del cine español más importantes. Primero fue una película de culto, que combinaba comedia negra y terror. Con el correr de los años, empezó a ser vista y valorada por cada vez más cinéfilos. Uno de sus tantos logros fue conquistar tanto a la crítica como al público y acuñó el término o subgénero “comedia satánica”, que enmarcaba una visión apocalíptica del mundo como lo conocemos, el fin de la raza humana como tal.

Un sacerdote cree haber encontrado el mensaje secreto del apocalipsis, que consiste en que el Anticristo nacerá el 25 de diciembre de ese año en Madrid, donde ha comenzado una ola de vandalismo y delincuencia. Lo ayudarán en la misión de detener tal evento un fanático del metal y un famoso presentador de un programa sobre ciencias ocultas. El mejor momento de la película es, sin duda, la aparición del ente maligno en forma de cabra macho bípedo.

Al parece esta película le ocasionó muchos dolores de cabeza a De la Iglesia, no sólo a nivel producción (no consiguió el dinero suficiente como para producirla él mismo y la derivó a otras empresas productoras), sino que, además, fue demandado junto a su guionista de siempre, Jorge Guerricaecheverría, por plagio. Todas las anécdotas que resultan de la pre producción, rodaje, post producción, distribución y recibimiento del film, se compilan de manera excepcional en el documental “Herederos de la Bestia (2017)”, de Diego López y David Pizarro, proyectado en el Buenos Aires Rojo Sangre del año pasado, totalmente recomendable para los fans del film.

Pero antes de “El día de la Bestia”, Alex de la Iglesia hizo su primera película, “Acción Mutante (1993)”, con la que empezaba a dar sus primeros pasos y con la que incursionó en la estética cyberpunk, las criaturas deformes que se vengan de los ricos y lindos, y las epidemias que azotan ciudades. De la Iglesia ganaba sus primeros premios: efectos especiales, maquillaje y peluquería y dirección de producción. Un gran comienzo para quien, años después, se convertiría en una bestia del cine español.

Su mayor logro y la admiración que despierta en muchos es seguramente que puede llevar a los principales géneros cinematográficos a niveles reales, cercanos, tangibles. El terror, el suspense, la comedia negra y la muerte son cosas que pueden pasarnos a nosotros también. No somos ajenos a lo que le pasa a los personajes, y por eso generan empatía.

Los niveles y sub-niveles de las tramas no son por demás complejos, pero sí nos dejan pensando en nuestra idiosincrasia y en cómo podemos convertirnos en seres repugnantes. “¿Por qué demonios nos ha tocado todo esto?” se lo escuchó decir en una entrevista con la prensa argentina. Y a partir de ese cuestionamiento constante es como Alex de la Iglesia ha resultado ser, además, un gran maestro.

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Cinefilo, comiquero, coleccionista, comic addict. Whovian de tiempo completo.

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