“El experimento de Milgram” en NETFLIX: ¿Hasta dónde puede llegar la obediencia humana?

“El acto de desobediencia, como acto de libertad, es el comienzo de la razón.”
Erich Fromm

Por @GiuCappiello

“En 1961, Stanley Milgram llevó a cabo una serie de experimentos sobre la obediencia en la Universidad de Yale. La investigación, planteada a raíz del juicio a Adolf Eichmann, pretendía dilucidar la relación de las personas con la autoridad. La violencia del experimento hizo que Milgram fuera tildado de sádico y de monstruo.”

“Experimenter: La historia de Stanley Milgram” es un film de 2015 que narra la investigación real llevada a cabo en la universidad de Yale a principios de los años ’60; el mencionado psicólogo pretendía indagar acerca de la obediencia del ser humano en situaciones donde el poder, la violencia y el castigo a un tercero estuvieran en juego. Por un lado, en materia cinematográfica, la investigación ya fue llevada a la pantalla en 1979, bajo la dirección de Henri Verneuil para el film francés “I… como Ícaro”. Por otro lado, en materia científica, aún hoy en día el experimento en cuestión –a pesar de las objeciones éticas que merece– sigue siendo una referencia teórica obligada en cualquier programa de estudio psicológico y social.

¿En qué consistía el experimento? Un anuncio en el diario solicitaba participantes para una investigación acerca de la memoria: los sujetos eran agrupados en parejas, recibían la paga antes de iniciar la tarea y era el azar el que determinaba quién interpretaría el rol de “maestro” y quién el de “alumno”. Establecidos los roles, el alumno era sujetado a una silla y sus manos se conectaban a unos electrodos que transmitían descargas eléctricas. Una vez finalizada esta preparación –frente a los ojos del “maestro”– éste último era llevado a una sala contigua, desde la cual debía realizarle un test al otro sujeto. Dicho test consistía en la repetición de una serie de palabras y las respuestas del alumno –a quien el maestro ya no veía– eran escuchadas por un parlante. En caso de ser incorrectas, el maestro debía efectuar una descarga eléctrica, la cual aumentaba gradualmente conforme el alumno siguiera respondiendo incorrectamente.

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Tres aspectos importantes a tener en cuenta: En primer lugar, la prueba en su totalidad estaba monitoreada por un profesional –vestido con una bata blanca– que se encontraba en la habitación junto a quien efectuaba el rol de “maestro” y se limitaba a tomar notas. Segundo, antes de iniciar el test, el “maestro” recibía sobre su propia mano una descarga de prueba, lo cual le permitía dimensionar no sólo la noción del “alumno” a la hora de recibirla, sino también imaginar la posible sensación frente al incremento de la graduación, cuando las respuestas eran sucesivamente incorrectas. El tercer aspecto, es que el maestro no podía ver pero sí escuchar al alumno: escuchar no sólo las respuestas del test, sino también cada queja y cada grito de dolor; el maestro podía escuchar cada vez que el alumno pedía por favor que se detuviera la prueba. Vale aclarar que esto último, ocurría en todas y cada una de las experiencias realizadas.

Pero como la sinopsis de la película en cuestión lo indica, el experimento era sobre la obediencia y no sobre la memoria, por lo que en realidad, el sujeto que interpretaba el rol de “maestro” era el único y verdadero objeto de estudio. Quien interpretaba el rol de “alumno”, era un integrante del cuerpo de investigadores; y no sólo el sorteo no era tal, sino que no existían descargas eléctricas reales –exceptuando aquella que recibía el “maestro” como muestra al inicio del experimento– mientras que las quejas, los gritos de dolor y las suplicas, eran grabaciones ya listas y pensadas para la investigación misma… La verdadera investigación entonces reposaba en observar la respuesta del “maestro” frente al dolor del “alumno” y en qué medida el primero continuaba con la prueba, a pesar de lo que oía.

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Si el simple planteo del experimento resulta alarmante o aterrador, más lo es el hecho de enterarnos que aproximadamente el 70% de los participantes, continuaron con su rol de “maestro” hasta el final, a pesar del claro desconsuelo que manifestaba aquel a quien él creía “alumno”.

“Los actos crueles no los cometen individuos crueles, sino sujetos comunes que intentan alcanzar el éxito en sus tareas normales.”

Como dijimos al inicio, son muchas las objeciones éticas que merece el experimento de Milgram que aquí no desarrollaremos, pero que Experimenter: La historia de Stanley Milgram se encarga de mostrar a la perfección. Aunque lo que en este caso sí resulta oportuno observar, es que al igual que en “The Stanford prison experiment” (2015) –film que relata el experimento sobre cárceles realizado en la universidad de Stanford– la identificación con un rol de poder, la obediencia extrema a una tarea asignada, los alcances de la violencia humana y la aparente falta de empatía, se presentan en ambas películas –es decir, en ambos experimentos– como conductas inherentes al ser humano, presentes en individuos que por fuera de la situación en cuestión, declararon no haberse creído capaces de “llegar hasta ese punto”.

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El aspecto crucial es la obediencia. Stanley Milgram inicia la investigación a raíz del juicio a Adolf Eichmann, quien fue un oficial encargado de la tarea logística de reunión de guetos y organización de los transportes hacia los campos de concentración durante el nazismo. Lo interesante –y terrible– en dicho juicio, que despierta el interés del psicólogo, es que Eichmann no negó ninguno de los crímenes contra la humanidad que se le imputaban, sino que sus fundamentos a la hora de la defensa, reposaban en un argumento que lamentablemente ha sido escuchado también en Argentina, dentro del marco de la última dictadura militar: la obediencia debida.

La obediencia debida, es una causa que exime de responsabilidad penal por delitos cometidos, en el cumplimiento de una orden impartida por un superior jerárquico. ¿Qué quiere decir esto? Que tanto Eichmann –y todos los involucrados en el régimen nazi- como los militares que participaron durante el gobierno de facto en nuestro país, alegaron no ser responsables de las acciones cometidas, ya que sólo estaban respetando y acatando ordenes que le eran impuestas. Pero ¿Qué es lo más llamativo aún? Que a los participantes del experimento de Milgram –cuando éste finalizaba– se les revelaba toda la verdad detrás de la investigación, y se les preguntaba por qué continuaron a pesar de los gritos, a pesar de la incomodidad que ellos mismos denunciaban sentir mientras seguían con la prueba; la respuesta de todos ellos era la misma: estaban obedeciendo las ordenes. Suponían que el hombre de bata blanca que presenciaba el experimento “de memoria”, era el responsable de lo que allí ocurría, y si este les decía que “sigan” –a pesar de los gritos del “alumno”– entonces ellos debían seguir.

Dato: Cabe destacar que el detalle de la bata blanca –que puede parecer menor– en realidad es de gran importancia y no fue puesto en la prueba de manera aleatoria: esta prenda implícitamente inspira idoneidad y/o profesionalismo. Es decir, que un factor determinante en la des-responsabilización propia –de aquellos que habían efectuado el rol de “maestros”– recaía en el estar en presencia de alguien “que sabía”.

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Stanley Milgram junto al “generador de descargas eléctricas”

Son muchos los aspectos que invitan a la reflexión y el análisis en el caso verídico detrás de Experimenter: La historia de Stanley Milgram, y es por ésta razón que aún hoy en día se sigue estudiando y continúa siendo provechoso, tanto en  relación al comportamiento humano, como a los límites éticos que los profesionales de la psicología –y de cualquier ámbito– deben cumplir.  Pero a lo que nosotros como espectadores respecta, este film de 2015 que relata la vida del psicólogo responsable del experimento; así como la ya mencionada “The Stanford prison experiment” también de 2015, resultan dos ejemplos más que ricos para considerar la responsabilidad más allá de lo jurídico, aquella responsabilidad que se empareja con lo humano y su sensibilidad, excediendo lo legal. Así como también, al tratarse de dos títulos que relatan investigaciones reales, ambos casos sirven para replantearse la condición humana y los alcances de su conducta.

En resumidas cuentas, Experimenter: La historia de Stanley Milgram” se suma a esa lista de películas y series que cualquier aficionado al comportamiento del hombre o cualquier inquisitivo frente a la mente humana, no puede perderse de ver.


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Título original: “Experimenter: La historia de Stanley Milgram”

Año: 2015

Duración: 90 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Michael Almereyda

Guion: Michael Almereyda

Reparto: Peter Sarsgaard, Winona Ryder, Taryn Manning, Kellan Lutz, Anton Yelchin,John Leguizamo, Dennis Haysbert, Lori Singer, Josh Hamilton, Anthony Edwards,Jim Gaffigan, Vondie Curtis-HallProductora

Género: Drama, biográfico, basado en hechos reales

Sinopsis: En 1961, Stanley Milgram llevó a cabo una serie de experimentos sobre la obediencia en la Universidad de Yale. La investigación, planteada a raíz del juicio a Adolf Eichmann (el criminal de guerra nazi que alegó obediencia debida en su defensa durante su juicio en Israel), pretendía dilucidar la relación de las personas con la autoridad. La violencia del experimento hizo que Milgram fuera tildado de sádico y de monstruo.


 

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