[REVIEW] La Trêve: Nada es lo que ves y todos lo saben

Cruzamos la frontera, aunque nos encontremos en los mismos bosques. Si en La forêt buscábamos al asesino de las niñas en los enmarañados senderos de las Ardennes (como se escribe en el idioma galo); esta vez lo haremos, lo de buscar al homicida, en las Ardennen, mismos verdes y vírgenes terrenos, pero del lado belga, aunque también se hable el francés.

Por @mauvais1

Benjamin d’Aoust, Stéphane BergmansMatthieu Donck son quienes dieron forma a esta rocambolesca y trepidante historia que vuelve a utilizar todos los tópicos habidos y por hallar del thriller policíaco que transcurre en una cerrada área donde todo puede suceder. ¿Recuerdan Los crímenes de la calle Morgue de Poe o El misterio del cuarto amarillo de Gastón Leroux y por qué no las novelas de Agatha Christie? La premisa de esta serie sigue básicamente el mismo procedimiento, por llamarlo de alguna manera. Como también lo hicieron Safe de Harlan Coben, Le chalet de Alexis Lecaye y la mismísima La forêt de Delinda Jacobs.

El “Misterio del cuarto cerrado” 

Algo interesante sucede con estas historias, que abandonan el anonimato de las urbes para llevarlo de vuelta al ambiente domestico, un pequeño circulo de conocidos como puede serlo un pueblito de provincia, claro que sin abandonar los preceptos básicos de las historias detectivescas. Pero vayamos por parte, decíamos al comienzo que estas historias se fundan en ese subgenero literario tan mentado a finales del s. XIX y comienzos del XX; el crimen ocurrido detrás de las herméticamente cerradas puertas de una habitación. A partir de las pistas allí encontradas se daba comienzo a la caza del asesino. La historia siempre se inicia por el final, la muerte, para dar paso a un retroceso del tiempo, por así decirlo, que desandará los pasos del criminal hasta el momento en que es descubierto su rostro y nombre. Cambien el cuarto por un pueblo.

Magnificando el sitio de búsqueda sin caer en el incógnito de las ciudades, da oportunidad de sembrar una infinidad de pistas falsas y relacionadas que hacen de la aventura una historia coral de variadas ramificaciones. Puede así el autor tomar varios temas y desarrollarlos. El investigador, como Sherlock, es un antihéroe, que supera al resto en ingenio e inteligencia, ambas parecidas pero distintas; ingenio para conseguir respuestas, inteligencia para situarlas en la trama criminal. Un bicho raro, que es incomprendido la mayoría de las veces. Más aún cuando todos parecen sospechosos. ¿Por qué todos parecen sospechosos? Porque así se comporta un circulo de personajes relacionados que la investigación principal dejará en evidencia con sus falsedades, prejuicios y avaricia.

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La Tregua

Driss, un joven futbolista de origen africano es encontrado muerto en un río de un pueblecito de los bosques de Valonia. Un análisis superficial parece indicar que se trata de un suicidio. Yoann Peeters, un policía recién trasladado de Bruselas, observa indicios que le hacen pensar que se trata de un asesinato. Claro que este foráneo a medias, ya que se crió en ese lugar, trae consigo no solo una truculenta historia de fondo, convirtiéndolo de paso en alguien a temer, también el cinismo de las grandes urbes. Todos somos capaces de cometer un crimen, solo se deben dar las condiciones para ello, suele murmurar malhumorado Yoann Peeters (interpretado por Yoann Blanc). Esto claro hace volar por los aires las reglas establecidas en una comunidad pequeña que aprendió a convivir a fuerza de mirar para otro lado y flexibilizar sus convicciones, moral, ética, lo que sea que pueda perturbar una sana (?) convivencia. Los tres creadores de la serie junto a Guy Goossens crean entonces un entramado que no se privará de tocar varios temas actuales en aquellas tierras. Y lo que un principio es una interesante reconstrucción de aquellos viejos escritos policíacos, se enreda una maraña de posibilidades que empantana lo mejor de ella.

A veces de noche, enciendo la luz para no ver mi propia oscuridad. “Voces” (1943), Antonio Porchia

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La historia de Driss Assani, el joven futbolista africano, es de por sí un drama que mereció un retrato más acabado, porque en él se narran las vivencias de los inmigrantes que buscan un mejor sitio escapando de países pobres, tercermundistas y se ven complicado en tramas de mafias que los utilizan para sus negocios de inmigración ilegal. Vaya si es una historia que naciones como la misma Francia padecen. Pero aquí se ve constreñido por las otras tramas que medran a gusto; la casa de los sadomasoquistas, el viejo admirador del nazismo, mafias en el fútbol, la represa y los negocios empresariales a costa de la destrucción de espacios naturales, todos confluyen en los diez episodios a veces de manera dinámica y otras, la mayoría, perdiendo al espectador en un sin fin de cuestiones aleatorias, que puede, hasta los confunda. Por otro parte y es de destacar, la historia una vez que toma impulso no se detiene. Las acciones precipitadas del investigador llevan un ritmo constante y aunque abuse de los cliffhanger, es en él donde la historia parece realmente merecer la pena. Narrado desde su perspectiva desde el comienzo, son sus olvidos, furias y adicciones las que propulsan el thriller y a la vez lo tergiversa. Es el prototipo de antihéroe, y la mirada del espectador.

Hacia el final, el rizar el rizo, como suele decirse, es lo que generará en el espectador la ansiedad, a este punto innecesaria, de una resolución definitiva, que creímos no obtendríamos (desde lo positivo de la aseveración), pero que al darlo, al tan mentado cierre, reduce la historia a una mediocridad que no merece tanta elaboración. Eso sí, el viaje es, por lo menos, una escabrosa aventura que hará del binge-watching una necesidad. Bienvenidos a Heiderfeld, donde nada es lo ves y todos tienen hasta más de un esqueleto en el ropero.


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Título original: La trêve

Dirección: Matthieu Donck

Guion: Matthieu Donck, Stéphane Bergmans, Benjamin d’Aoust

Reparto: Yoann Blanc, Guillaume Kerbush, Anne Coesens, Jean-Henri Compère, Catherine Salée, Sophie Breyer, Sophie Maréchal, Thomas Mustin, Jasmina Douieb, Jérémy Zagba, Lara Hubinont

Driss, un joven futbolista de origen africano es encontrado muerto en un río de un pueblecito de los bosques de Valonia. Un análisis superficial parece indicar que se trata de un suicidio. Yoann Peeters, un policía recién trasladado de Bruselas, observa indicios que le hacen pensar que se trata de un asesinato.

 

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Acerca de Marco Guillén 2001 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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