[REVIEW] Las 36 Cámaras de Shaolin (Shao Lin san shi liu fang, 1978)

La que muchos consideran “El Padrino” de las películas de artes marciales, llega a la plataforma Netflix para que por fin pueda ser disfrutada de forma masiva y aquí explico por qué verla.

Por @ElPatoAlvarez_

Es el año de 1644, y un pueblo originario del noreste llamado Manchú invade China, derrocando a la gobernante dinastía Ming estableciendo su propia dinastía llamada Qing, con el emperador Shunzi en la cabeza,. Este emperador tuvo que afrontar variadas rebeliones por parte de los partidarios de los Ming, que se ocultaban generalmente en el Sur del país. La más importante de las rebeliones antimanchúes fue la Rebelión Taiping, que causaría millones de muertos entre 1851 y 1864.

Estos rebeldes que en su mayoría eran practicantes de Kung Fu, buscaron una forma de reconocerse entre ellos, es así como crearon el “saludo Ming”( Baoquanli) , el cual esta compuesto por la mano izquierda abierta sobre el puño derecho cerrado. El carácter Ming significa Brillo, y se escribe con los dos caracteres de Sol y Luna. La mano izquierda seria el sol y la derecha la luna. Saludo muy utilizado en las artes marciales provenientes de Shaolin, templo partidario de la antigua dinastía.

Saludo Kung-Fu 4B
El tradicional saludo en Kung-Fu

Los manchúes para combatir las rebeliones y a su vez bajar la autoestima del pueblo oprimido establecieron muchas reformas, por ejemplo prohibieron la ropa tradicional china, también establecieron un nuevo corte de cabello llamado coleta de cerdo (biànzi 辮子, que se ve en la mayoría de las películas chinas que muestran ese periodo, como por ejemplo Jet Li en la película “Fearless”). Bajo el lema “Mantén tu pelo y pierde tu cabeza, o mantén tu cabeza y pierde tu pelo”, los manchúes masacraron a cualquiera que se negara a afeitar su cabeza.

En este contexto se desarrolla “Las 36 Cámaras de Shaolin (Shao Lin san shi liu fang, 1978)”, film dirigido por  Liu Chia Liang, producido por la legendaria Shaw Bros. y protagonizado por la otra leyenda, Gordon Liu.

Vapuleada en su momento (y hasta hoy en día) por la crítica, quizás por no entender que no solamente es un film de “piña-patada-piña”, sino que es una obra maestra que influyó a producciones posteriores, como las de Ang Lee, asimismo ella también fue influenciada por los Spaghetti Westerns, mezclando la historia del héroe descastado o solitario, con un drama a cuestas y una venganza en el horizonte.

Desde el comienzo ya vemos como el régimen dictatorial de los manchúes no tienen piedad con los focos revolucionarios y no solo los someten a torturas para conseguir información, sino que también los ejecutan a la vista del pueblo, como para dar el ejemplo, vio?

Uno de estos últimos intentos fallidos por derrocar el gobierno de facto viene por un amigo del profesor del colegio donde asiste San-Te (Gordon Liu), un joven bastante rebelde y con muchas ambiciones. Así, San-Te y un grupo de compañeros se unen a la causa. ¿Por qué? Porque la libertad se gana, no se pide. “Uno debe rendirse al mandato del Gobierno. ¿Nosotros y nuestros hijos debemos ceder y conformarnos para siempre?” Esto piensa y expresa San-Te ante su profesor, quien ve potencial y los insta a participar de forma activa, como espías, para la revolución.

Si lo ven, este film es muy actual y profundo, pero también podemos contextualizarlo con cualquier momento de, incluso, la historia argentina; acaso con uno de los momentos más oscuros y terribles de nuestros jóvenes 200 años: la lucha incansable de los estudiantes y jóvenes ante la brutalidad de la última dictadura militar. No solo podemos empatizar con la historia de estos jóvenes orientales del siglo XIX, sino que podemos trazar un paralelo ineludible y profundizar aún más en sus avatares.

San-Te y sus amigos son descubiertos, por lo que deben dejar su pueblo e ir a buscar refugio a Shaolin. Lamentablemente solo nuestro protagonista logra llegar de polizón al templo, para conseguir ayuda por una herida y luego ser expulsado porque, “los monjes no se meten en los asuntos mundanos” y nuestro joven rebelde quiere aprender artes marciales para urdir su vendetta personal. Finalmente, y apelando a su humildad, San-te ruega y es aceptado en el templo como estudiante.

El segundo acto del metraje es tan hermoso como inspirador: San-Te va aprendiendo la vida en el monasterio, sus enseñanzas y filosofía a través de las 35 Cámaras de entrenamiento. Cada una de ellas, además del esfuerzo físico, conlleva un aprendizaje espiritual y mental que choca con las creencias hasta ahí presupuestas del muchacho y su vida en el exterior. Los Maestros de las diferentes Cámaras ven en Te a un estudiante dedicado y ambicioso, y el Abad cree que un monje como él representará una ventaja para ellos, ya que no salen de su claustro, pero afuera pasan cosas, y es beneficioso tener a alguien como el joven para, quizás, en un futuro, inspirar a otros a dejarse llevar por su filosofía de vida.

Al cabo de 7 largos años, San-Te logra culminar su entrenamiento y el Abad le da a elegir una de las Cámaras para regenciarlas. Pero él tiene otros planes: San-Te aún no ha olvidado a su pueblo oprimido y desea fundar una nueva Cámara (La N° 36) para la enseñanza de gente común, para que otros como él puedan aprender a defenderse del Poder dictatorial de los gobiernos de turno. El Abad rechaza esta petición pero, al mismo tiempo, lo expulsa de nuevo al exterior, quizás con una sabiduría mayor a la del común, para reclutar y diseminar la enseñanza budista.

Allí, San-Te vuelve a encontrarse con los pocos allegados que quedan vivos y culmina con el enfrentamiento final hacia el dictador supremo. Finalmente, el joven monje logra fundar la “Cámara 36” y comienza la enseñanza al pueblo laico.

Como se puede ver, “Las 36 Cámaras de Shaolin” entrega una historia dividida en tres actos bien definidios, en el que se mezclan la denuncia política, la filosofía trascendental y la pura acción coreografiada que tanto ha inspirado a cientos de producciones de índole similar.

Una obra maestra del cine oriental de artes marciales que es de obligatoriedad visionado y, hoy en día, podés disfrutarla a través de NETFLIX.


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Cinefilo, comiquero, coleccionista, comic addict. Whovian de tiempo completo.

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