Ciclo de terror a la italiana: “La ragazza che sapeva troppo”

Qubit

Qubit ofrece un catálogo que permite conocer una arista dentro del horror, con nacimiento en Europa y base para grandes clásicos contemporáneos. De frente al film que inaugura el género “Giallo”, bienvenidos al origen del miedo.

Por @GiuCappiello

En los años 30 una serie de novelas de misterio se robaron el interés del público italiano, y uno de los aspectos que distinguía a dichas ediciones era el color que predominaba en sus tapas: amarillo (en italiano, “Giallo”). Treinta años más tarde, los espectadores –y la época en sí misma– evidenciaban cierta sed de intriga y sangre; fue así como aquellos relatos de formato papel comenzaron a adaptarse para la pantalla grande. Este fenómeno no tardó en consolidarse íntegramente como un subgénero del terror dentro del cine, con características que le son propias y que asentaron las bases para títulos posteriores, que hoy en día consideramos clásicos indiscutidos del horror. De ésta manera es que surge el “giallo” rindiendo homenaje –a través de su nombre– a aquellas novelas policiales que supieron ser motor.

¿Qué es aquello que lo hace destacarse como subgénero? Es la forma en que condensa una mezcla entre thriller policial, suspenso y terror concretamente: un asesino desconocido, mujeres en peligro, sangre –mucho morbo- y sobre todo, cierta dosis de incongruencia. Con esto último no hacemos referencia a un roce con lo irreal, sino a aquellas cosas que efectivamente podrían pasar, pero se alejan de toda posibilidad de entendimiento o predicción; es por esta razón que el “giallo” a lo largo de su historia, ha recurrido cientos de veces a personajes con padecimientos psíquicos, permitiendo abarcar de esta manera la ambigüedad del sin sentido-factible. Y sobre todo, basándose en su intención inicial de impacto y no de lógica, por eso lo explicito, la demasía y el horror casi satírico.

En 1963, bajo la dirección de Mario Bava, se estrena “La ragazza che sapeva troppo” (La muchacha que sabía demasiado) film considerado el primero dentro del género, a la vez que su director se ubica como uno de los padres del mismo y al que posteriormente se le suma Dario Argento, para convertirse ambos en principales exponentes. En fin, la película narra la historia de Nora Davis (Leticia Roman) una rubia americana que viaja a Roma; en medio de una caída –producto de un robo– que la deja semi inconsciente, está segura de haber presenciado un crimen. A pesar de no ser tomada en serio, ella investiga lo suficiente como para convencerse de que se trata de “El asesino del alfabeto”.

De todo lo expuesto hasta el momento, podemos desglosar algunos puntos que merecen la pena ser destacados: 1960, asesinos, mujeres, psicópatas y morbo… ¿Dónde vimos eso antes? De hecho, el destacado en “rubia” –de nuestra parte– no es al azar, sino que enfatizamos en ello para reforzar y poner en evidencia los múltiples factores que tienen en común este film, con casi cualquier otro de Alfred Hitchcock (¡Y eso que no hicimos referencia al título!). Pero no se trata de subestimar, porque tanto el género en cuestión, como Mario Bava en sí mismo, son necesariamente admirables. Si hacemos hincapié, es sólo para sacar a la luz que en aquella época los espectadores -a ambos lados del océano- estaban exigiéndole lo mismo a la pantalla grande.

Por otro lado, el director italiano hace algo magnifico en lo que a la construcción de personajes se refiere: el film empieza y presenta a Nora sin rodeos, no elige una escena, un flashback o una situación para que perfilemos a la mujer en cuestión; directamente opta por una voz en offa modo de narrador omnisciente– que de forma breve nos cuenta de dónde viene la joven, porqué viaja y cómo es. Muy poco sutil tal vez, pero en términos prácticos, absolutamente efectivo. Y es justamente bajo esta modalidad que nos enteramos que Nora es una gran fanática de las novelas policiales –además de ser una mujer que lee, con el lugar que se le da a ésto en el film– resultando un guiño muy pintoresco que la protagonista sea una adepta a aquellos libros que, en la vida real, fueron cuna del género propio de la película en cuestión.

Otro detalle interesante dentro de este film también conocido como “La noche del demonio” –sin escapar a las terribles traducciones hispanas– es que a pesar de haber un perfil concreto del supuesto “Asesino del alfabeto” y adjudicándole a éste la autoría de varios crímenes anteriores, en ningún momento de la cinta se habla de “asesino en serie”. Esto es algo que “Mindhunter” nos ha explicado a la perfección: en aquella época aún no existía tal categoría, hizo falta un arduo trabajo de investigación para que la psicología y lo policial convergieran en un solo campo, permitiendo identificar un patrón detrás de los crímenes y una carátula oficial para ellos. Se trata de un detalle menor dentro del film, pero que para los amantes del género de suspenso/policial, funciona como prueba del avance científico en la vida real, así como de las implicancias de éste dentro del mundo cinematográfico.

Dijimos “terror casi satírico”, y en este film de 1963 lo encontramos nítidamente en sus pasajes de humor y planos que hasta podrían considerarse grotescos. Y con respecto a esto último, otra característica propia del género y muy presente en “La ragazza che sapeva troppo” es la importancia de la cámara subjetiva; un recurso que hoy en día es más que conocido, tanto por su uso como por las intenciones que encubre: intensificar las emociones en el espectador. Pero resulta que en aquellos años, la cercanía del lente inmerso en el horror mismo, era toda una atractiva novedad; de hecho Mario Bava explota esta maniobra y la redobla, aprovechando los gigantescos ojos de su protagonista, posándose bien cerca de ellos, ubicándolos en la escena como espejo del terror.

No podemos concluir esta invitación al inicio del “giallo” de Mario Bava, sin mencionar el lugar que éste le otorga a la mujer; así como tampoco podemos dejar de destacar que el factor sorpresa, “lo distinto” y la intrusión de la novedad por parte del género, no se reduce meramente a un aspecto técnico; sino que la forma de concluir que tiene este film de 1963, concentra la expresión de aquel giro que pretendía darse dentro del mundo cinematográfico, regalándonos una placentera vuelta de tuerca narrativa. En resumidas cuentas, hablamos mucho de “los amantes del género” cuando incursionamos en el terror, pero éste tal vez sea el caso con mayor carácter de obligatoriedad, es necesario ver aquellas películas que dieron pie a grandes clásicos contemporáneos, y “La ragazza che sapeva troppo” como carta de presentación, no genera más que satisfacciones.


Título original: “La ragazza che sapeva troppo”

Año: 1963

Duración: 83 min.

País: Italia

DirecciónMario Bava

GuionMario Bava, Enzo Corbucci, Ennio De Concini, Eliana De Sabata, Mino Guerrini, Franco Prosperi

MúsicaRoberto Nicolosi

FotografíaMario Bava

RepartoLeticia Román, John Saxon, Valentina Cortese, Titti Tomaino, Luigi Bonos

ProductoraGalatea Film / Coronet

Género: Thriller; intriga; terror | Giallo

Sinopsis: La joven americana Nora Davis va a visitar a su tía enferma en Roma. La misma noche de su llegada la anciana muere y, al no funcionar el teléfono, decide ir a buscar ayuda a la calle, donde un hombre la atraca y la hace perder el conocimiento. Nora recobra el conocimiento durante varios segundos, suficientes para ver cómo una mujer es asesinada a pocos metros. Al día siguiente nadie creerá a Nora, aunque ella, ayudada por el médico de su tía, decidirá encajar las piezas de todo lo que ocurrió esa noche.


 

 

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