Star Wars: Episode VIII – The Last Jedi: La siguiente generación (3)

“O mueres siendo un héroe o vives lo suficiente para verte convertido en un villano” – The Dark Knight (2008)

Por @mauvais1

Sigue pareciéndome una de las mejores frases cada vez que intento, de manera simplificada, definir al héroe de la tragedia, aquel que comete el “error fatal” al intentar “hacer lo correcto” en una situación en la que lo correcto, simplemente, no puede hacerse. Aristóteles lo define como Hamartia, una de las tres clases de ofensas que un hombre puede infligir a otro. Algo que le sucede a Luke Skywalker en determinado momento de la historia que inicia la tragedia de la que seremos testigos.

Aquí, en la tercer y última trama que analizamos del film escrito y dirigido por Rian Johnson (cuyas dos primeras partes pueden leer en De Finn y la esperanzadora Rosa -1-Aquí los héroes sobran hasta estorbar -2-), nos enfoncamos en el viaje de Rey al planeta Ahch-To buscando a Luke Skywalker para convencerlo de que se una a la lucha de la Resistencia. Como hemos señalado en los otros análisis, hay una acción, una escena que será toda una declaración de intenciones por parte del guionista. La joven intenta dar al viejo maestro el sable láser, el arma original que utilizara en su batalla contra el Emperador y Darth Vader tantos años atrás. Este displicente, al agarrarla, la arroja sobre su hombro y se va sin más.

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En todo ese tiempo en que Rey permanece en la isla, sitio que dio origen a la casta de los Jedis y su religión, empezará a tener un contacto, de alguna manera, telepático con Kylo Ren. El aprendiz Sith del enigmático Líder Supremo Snoke será parte de esta historia. Sus intervenciones, como el diablillo en el hombro, sembrarán dudas en Rey, a la vez que la hará creer que el hijo de Leia y Han todavía puede ser devuelto a la luz. Toda la trama rezuma tragedia clásica, aquí más que en ninguna otra los personajes hablarán y se comportarán como si de una tragedia griega se tratara. El escenario, los ropajes, hasta los otros personajes que completan el cuadro son una manera, poco sutil lo admitimos, de acentuar ese aspecto.

Esta linea de análisis es obvia desde el comienzo ya que mencionamos la Hamartia, término usado en la Poética de Aristóteles, para ejemplificar los hechos que llevaron al maestro al auto exilio. No es un Diógenes que abandona todo fatuo de la civilización para reencontrarse con lo simple, más bien es un cobarde que no soportó su error reflejado en los ojos de los otros y se oculta, como un niño que cierra los ojos creyendo que así no será visto. Volvemos con él a lo mencionado con respecto a Poe y la conversión del héroe que hace el director y guionista, pero esta vez con un sentido solemne. “Mañana al amanecer. Tres lecciones. Te enseñaré las costumbres de los Jedi y por qué se les debe poner fin“. La desesperanza de Luke pone en dudas hasta las mismas practicas Jedi. Traslada en la orden su fracaso personal. Pero aquí está el meollo del asunto, él no fracasó, lo sabe. Ben Solo/Kylo Ren eligió su propio destino. ¿Entonces de qué huye exactamente? ¿De su desesperanza, de la sensación de lo cíclico de la vida?

Luke toma la decisión de Kylo como un fracaso personal. Su orgullo lo impele a creer que todo pasa por sus manos. La leyenda, el mito en que se ha convertido para los otros, el niño que venció al imperio, cosa totalmente errada porque fue el trabajo de miles de combatientes rebeldes, le ha hecho creer que puede hasta manipular el destino de los otros. Luke es el ángel caído de la tradición cristiana; expulsado del paraíso (la nueva república, su familia) por la soberbia de creerse capaz de manipularlos y conducirlos hacia lo que él interpreta como el lado luminoso, el bien. El maestro no puede con su propia humanidad, porque se ve falible.

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Rey y Kylo representan, para nosotros, la siguiente generación en todos los sentidos del término. No trae una nueva concepción del bien y el mal, van más allá de ella y caminan los grises, capaces de reconocer que hay mucho más que solo un lado oscuro y otro luminoso. Ellos son los jóvenes de hoy que deconstruyen mitos, rituales y costumbres y comienzan a escribir los propios. Los ancianos miran con incredulidad sus acciones, sin interpretarlas, solo queriendo imponer sus viejos y arcaicos saberes. Error que a Snoke le costará la vida y su imperio, incapaz de recapacitar, mientras que a Luke lo despertará de su sombrío letargo para una última batalla. ¿Qué diferencia a estos viejos lideres? En el comienzo nada. Ambos imponen su visión de los hechos de manera tozuda sin tener en cuenta la volatilidad de los jóvenes, el hecho de que ellos son capaces de tomar decisiones propias, que no temen el cambio.

“(…) Y, sobre todo, sé fiel a ti mismo, pues de ello se sigue, como el día a la noche, que no podrás ser falso con nadie” – Hamlet, de William Shakespeare

Rey, al entablar la conexión con Kylo, y más allá del enojo que le despierta el asesino de Han Solo, es capaz de tener la esperanza de rescatarlo y llevarlo hacia el bien. Se niega a creer que ya todo está perdido, finiquitado. Rian Johnson enrostra al espectador otro de sus conceptos, quizás el más bravo de manejar; la verdad es de acuerdo a quien la estipule, no es absoluta y es manipulada por quien la enuncia según su propia experiencia. La historia del enfrentamiento de un joven Kylo y el maestro Skywalker llega a tener hasta tres interpretaciones, cuando las dos primeras le son narradas a Rey, ella hará una propia. Quita de un plumazo la creencia de que si lo dice un maestro Jedi es la única y final verdad. Los despoja de lo incuestionable, los humaniza en la duda.

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Rey pasa las pruebas como Edipo al adivinar el acertijo de la Esfinge en Tebas; nuestro ejemplo no es casual, porque la respuesta que el joven guerrero da a la criatura cuando esta le pregunta “¿Cuál es el animal que al mismo tiempo es un bípedo, un trípedo y un cuadrúpedo?”, es el ser humano, el hombre. El espejo al que se enfrenta una vez que ella sigue el llamado del pozo, en el que intenta saber quiénes son sus padres, este le dice simplemente, tus padres eres tú. Ni más ni menos que una mujer, nadie y todos. La humanidad capaz de alcanzar la sabiduría sin que tenga que proceder de un augusto linaje. Cualquiera podemos ser todos, porque todos tenemos la capacidad de trascender. Kylo se aprovechará de que Rey no acabe de entender completamente lo que vio y a la vez la aleccionará; “No hay lugar para ti en esta historia. Creciste sin tener nada. No eres nada. Pero no para mí. Únete a mí…“. La hoja en blanco en la que se puede escribir una nueva historia, la que ella elija. Logran los jóvenes trascender a sus maestros, se despojan de la estática dualidad del bien y del mal, para crear una propia. Snoke no lo ve venir y le cuesta la vida, ya que su aprendiz muestra una perspicacia digna de un estadista. Lo confunde y le da en sus pensamientos lo que el otro cree verdad, desde su concepto de la vida, porque ahora tiene un poder que Snoke no aprecia en su totalidad, la ambigüedad, se permite más de una interpretación sobre una misma cosa. “Es hora de dejar morir todo lo viejo. Snoke… Skywalker. Los Sith… los Jedi, los Rebeldes… Dejarlos morir a todos. Rey. Quiero que te me unas. Podemos reinar juntos y traer un nuevo orden a la galaxia“. Le dice a Rey el mismo Kylo.

El joven, que cuestionado por su maestro, como un remedo de Darth Vader, se desprende del casco cuando se lo piden. ¿Recuerdan la escena del ascensor en que destroza el mismo? La mirada sobre él. Ese Hamlet con el cráneo de Yorick en sus manos, el mismo que dice en algún momento “(…) porque nada hay bueno ni malo, sino en fuerza de nuestra fantasía“. La revelación de la finitud, la comprensión cínica de la muerte. Kylo Ren deja atrás sus maestros para convertirse en el propio. Uno que parece crearse entre las penumbras que comparte un anochecer o un amanecer, luz y oscuridad por igual, solo que utilizada para la maldad.

Mientras que ella ha elegido el camino del héroe, el que trasciende su propia humanidad y se convierte en el faro para otros, uno que podrán admirar porque lo ven cercano, tan humano como ellos. Por eso la seguirán. Pasa con Poe Dameron cuando Leia dice: “¿Qué me miran a mi? Hagan lo que él dice”. Sucede con Luke cuando intenta incendiar el templo y los logros con el, y ante las dudas propias de un viejo que no puede decontruirse totalmente, lo hace el aparecido Yoda. “Skywalker… todavía busca el horizonte. Nunca aquí, ahora, ¿eh?” y “Luke… somos lo que ellos llegan a ser. Es la verdadera carga de todos los maestros“. Abraza tu dualidad, Kylo – Rey, la luz y la oscuridad que habitan en todo ser humano, créete imperfecto y entonces al comprender la totalidad serás uno con ella. Hacia el final los tres tomarán sus caminos, Kylo como el líder supremo, Rey en el símbolo de la esperanza viva, Luke en la leyenda que será mito, y por tanto un canto al arrojo del sabio.

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Sin dudas este film intentó escribir sus propias reglas sobre los mitos y otras yerbas de este universo creado por George Lucas. Logró dotar a esta historia de la suficiente humanidad para que los personajes fueran alcanzados por el espectador, entendidos en sus dudas y arrebatos, como cualquiera los puede tener, pero a la vez dotarlos de una universalidad capaz de abrazarlos a todos, como un mito en ciernes, estuvimos por un rato dentro de la historia que construyen la leyenda.

¿Una última rizada del rizo? Las tres tramas que enumeramos hablan del sacrificio individual para salvar al resto, que entendemos como parte de nosotros. Holdo al estrellarse con la nave y destruir parte de la flota, Luke y su viaje astral que lo desgasta hasta terminar con su vida física, y Finn, que la busca, al intentar estrellarse contra el cañón, frustrado y herido en su sentido de la ética y la moral que es salvado por Rose. ¿Por qué sobrevive él? Porque no aprehendió la lección, todavía tiene que entender que primero debe salvarlos a todos y luego sacrificarse para entrar en el panteón de los héroes.

(Fin…)

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Acerca de Marco Guillén 2210 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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