[4B Recomienda] No apto para claustrofóbicos: Tres directores, tres films… un departamento

Ponemos a prueba el ojo cinéfilo… ¿Listos?

Por @GiuCappiello

Hace algunas semanas Qubit incluyó dentro de su catálogo una de las últimas películas de Roman Polanski: “Carnage” (2011), también conocida como “Un dios salvaje”. Es la historia de dos matrimonios –interpretados por Kate Winslet, Christoph Waltz, Jodie Foster y John C. Reilly– reunidos para conversar acerca de la violenta pelea ocurrida entre sus hijos; pero el encuentro que inicia siendo tranquilo y conciliador, poco a poco se descontrola llegando hasta límites insospechados.

Una de los aspectos más interesantes de este film –y el que ahora nos convoca– es que la totalidad del mismo se desarrolla únicamente dentro de un departamento, creando un ambiente casi asfixiante que impacienta tanto a los protagonistas como al espectador. Y si bien el director Roman Polanski ya había planteado algo de esto en obras anteriores, por ejemplo en la denominada “Trilogía del apartamento” conformada por «Repulsión» (1964), «El Bebé de Rosemary» (1968) y «El Quimérico Inquilino» (1974) cuyas tramas no se relacionan argumentalmente entre sí pero tienen como factor común –justamente– que los hechos más trascendentales suceden dentro de un “apartamento”; si en este caso hacemos una salvedad o distinción en el caso de “Carnage” es porque en esta, el departamento neoyorquino dentro del cual trascurre no es sólo el lugar donde suceden los hechos más relevantes para la trama, sino que es el único lugar en el que acontecen.

Este singular y acotado espacio es el responsable de crear una cierta sensación, una suerte de hilo invisible que rodea las paredes de ese ambiente, ejerciendo una fuerza que excede la voluntad de los personajes impidiéndoles abandonar el lugar a pesar de la evidente incomodidad. Y es precisamente en este punto donde entra el ojo lúdico del cinéfilo: encontrar referencias, homenajes y/o claras inspiraciones entre obras o directores resulta una diversión extra a la hora de disfrutar un film… ¿De qué estamos hablando?

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«Carnage» (2011)

Sin quererlo –o tal vez sí– esa perspectiva de encierro y claustrofobia planteada por el director polaco mediante un único escenario, nos remonta a otros títulos y puntualmente a otro gran director: Luis Buñuel. En su film El ángel exterminador (1962) luego de una cena llevada a cabo en la mansión Nóbile, los invitados descubren que por razones inexplicables no pueden marcharse del lugar; situación que al prolongarse durante varios días da paso al más primitivo y brutal instinto de supervivencia.

La dinámica entonces es bastante similar en ambas películas: un grupo de personas, un problema y un ambiente limitado que gesta el descontrol. No obstante, mientras que con Polanski se trata de una sensación o idea que construye el espectador luego de determinadas situaciones –por ejemplo aquellas en las que Nancy (Kate Winslet) y Alan (Christoph Waltz) están a punto de abandonar el edificio pero siempre “algo” los obliga a permanecer en él– con Buñuel en cambio, valiéndose de la libertad que otorga el surrealismo, esta interpretación no sólo es correcta sino expresamente manifiesta mediante el guión.

En estas dos películas es el encierro quien actúa como responsable de la caída de una falsa moral, es ese espacio el que –irónicamente– por lo acotado, permite el despliegue de lo salvaje y visceral, de aquello que se aleja de lo “civilizado”. Podríamos pensar entonces a “Carnage” y “Un ángel exterminador” como pequeños laboratorios sociales en donde se encierra a un grupo de personas aparentemente cordiales y de buenos modales, con comportamientos “esperables” teniendo en cuenta la posición socio-económica a la que pertenecen –ambas películas exprimen la ironía e hipocresía de esta afirmación– esperando ver cuánto tiempo tarda en desvanecerse esa falsa moralidad y empieza aflorar la miseria, el instinto más básico, la pasión más primitiva… el lado más animal de lo humano.

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«El ángel exterminador» (1962)

Y es este último detalle el que nos abre la puerta para introducir al tercer y último director invitado a este virtual encierro: Alfred Hitchcock.

En “Rope” también conocida como “La soga” de (1948) el director británico nos muestra dos universitarios adinerados que asesinan a un compañero de curso sólo para confirmar una teoría acerca del arte presente en la muerte. Pero “jugando a ser Dios”, la omnipotencia da un paso más y se dan el lujo de cometer el crimen unos pocos minutos antes de iniciar una fiesta organizada por ellos mismos: esconden el cuerpo y la celebración se desarrolla con los ingenuos invitados disfrutando alrededor del cadáver de la víctima. A través del crimen estos dos jóvenes intentan demostrar la certeza de una moral un tanto subjetiva que se empareja a la teoría del más apto, o a una suerte de meritocracia de la vida.

Mientras que Polanski y Buñuel exponen en primer lugar “las buenas formas” y luego plantean un escenario propicio para que el tiempo y el encierro hagan “caer las caretas”. Hitchcock en cambio comienza mostrando a estos dos burgueses “sin caretas” para luego hacer evidente la hipocresía social mediante una fiesta que trascurre “como si nada”. En este film el maestro del suspenso utiliza una ecuación clásica de su filmografía: mostrarnos el horror a nosotros primero para que seamos testigos de cómo llegan a descubrirlo los protagonistas. Sin embargo en los dos primeros films mencionados, tanto espectadores como personajes trascurrimos a la par ese creciente desmadre que concluye en diferentes formas de horror.

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«Rope» (1948)

Es un hecho, las tres cintas utilizan el límite como recurso. Polanski exprime y juega con los espejos presentes en el departamento a la vez que tensa y descomprime a través del humor; Buñuel se vale del ahogo espacial para alimentar lo satírico tanto en imágenes como en diálogos acordes al género al que pertenece; mientras que Hitchcock en su caso elige la limitación para explotar un recurso técnico: filmar la totalidad de la película mediante planos secuencia como si se tratara de una obra de teatro y aprovechar lo acotado para condensar el horror.

En definitiva: un departamento, tres épocas, tres directores y tres buenas películas. Existen incansables ejemplos de títulos y/o directores con este aspecto en común, o tal vez puedan pensarse otros nombres y otros films cuyos espacios de encuentro radiquen en diversas perspectivas. Porque en realidad de eso se trata un poco el cine –para quien esté dispuesto– correrse de la pasividad del entretenimiento: encontrar puntos de referencia, interacción y expresión, construir un dialogo a posteriori entre grandes directores que han elegido contar historias –a su respetiva manera– desde un mismo lugar. Y es por eso que a través de este “encierro virtual” los (y nos) invitamos a jugar a descubrir, a darle “una vuelta de tuerca más” al disfrute y reinventar la mirada que se tiene sobre los clásicos; para hacer un poco más propio este mundo cinematográfico desde nuestro lugar de espectadores y alimentar ese ojo lúdico que habita en todo cinéfilo.


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