[REVIEW] La Trêve – Temporada 2

«No hay secreto mejor guardado que aquel que todos conocen».

George Bernard Shaw (1856-1950)

Por @mauvais1

Las hemos visto todas, y la afirmación no es broma ni sarcasmo. Somos adictos a este tipo de dramas policiales por robo, si se nos permite el pésimo chiste. Policiales que son cortados con un patrón tan viejo como el género literario mismo, lo cual ha suscitado una enorme cantidad de historias que en su desesperada carrera de originalidad cometen tales torpezas que agotan hasta al más de los avezados fans como es el caso que nos ocupa.

La trêve, serie belga creada por Matthieu Donck, Stéphane Bergmans y Benjamin d’Aoust, tuvo sus pro y sus contras en la primera temporada, pero dentro del canon cumplía con sobriedad su cometido. Algo así, si nos permite una vez más, como siguiendo un dogma en cuestiones de este tipo relatos. El nunca y bien ponderado, o quizás demasiado visitado, misterio del cuarto cerrado, del que ya hemos hablado hasta hartar tanto al lector como a nosotros mismos. Una vasta y enrevesada tela de araña que tiene en su centro, como gancho, la victima al caso. Una suerte de elenco coral que los reunía en el sitio por diferentes cuestiones y un foráneo, parece ser el único capaz, para revelar uno a uno los secretos más oscuros de estos, hasta dar con el asesino y el motivo. La modernización del relato trajo consigo, gracias al hardboiled (años 1920), nuevos componentes. Uno de ellos, y abandonando al rígido y caballeresco detective (Sherlock Holmes, Hercule Poirot) presentaba al publico un desabrido y oscuro anti-héroe como investigador que además no era ajeno al hecho. Un tipo rudo, con serios problemas de ira y de aseo. Además de comenzar a plantear los crímenes bajo premisas de índole sexual o cuestiones relacionadas. ¿Antes se mataba por ambición y ahora por pasión? Tal vez, pero de seguro los motivos cambian con la sociedad o se tergiversan, lo que venga al caso.

Lo cierto es que luego de este (un poco largo) prólogo, nos sumergimos en la segunda temporada de esta serie para caer sin remedio en un torbellino que no supo renovarse, que pecó de travieso y tropezó con sus propias ansias de sorprender, de narrarlo una vez más pero con carisma propio. Ya está, lo dijimos sin más, es mala con todas las letras. Pero no sin cierta inocencia, como si el complicarlo abarrotando escenarios y personajes, quisiera sumar por cantidad y no por originalidad. La pifiaron en particular, y justo, ahí. Más puede que a veces no sea mejor. Y este es el caso.

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Yoann Peeters, ahora lejos de la policía que tantos dolores de cabeza le trajo, da clases en la universidad, por lo menos así lo muestran en el primer episodio y una escena más; en un salón de clases, dando cátedra sobre como llevar a cabo una investigación. Confiar en el instinto, dice, es la premisa; la delgada linea entre el comprometerse emocionalmente con la victima y la fría distancia del investigador, ahí está el sitio en el que deben pararse. Por ende estamos ante la primer pista del relato, que luego se sostendrá de otros escenarios, porque del colegio/universidad, lo que sea, no sabremos más. Tener en cuenta este detalle es lo que hace que para cualquiera flaquee el entramado, porque las pistas no están allí para ser descubiertas, son los sitios los que se crean para darlas. Caprichoso es en todo sentido el relato que no utiliza lugares comunes para ocultarlas, y por lo tanto construida sobre una base endeble que de a poco irá sumergiendo, a los guionistas, en una serie de plot twists uno más descabellado que el otro, claramente sobrepasándolos y solo para organizar un binge watching descomunal, casi pornográfico.

¿El caso? Un joven con serios problemas sociales es acusado de un crimen y su psicóloga, al creerlo inocente, contacta a Yoann Peeters para realizar una investigación paralela a la policial, que de por sí se ve prejuciosa y abusiva. Él ya mató, por qué no lo haría otra vez. Es pobre, abusado de niño y de familia disfuncional, y un asesino convicto. Un juego interesante plantean; sobreponernos a los prejuicios, tan en boga hoy sobre la criminalización de la pobreza y la policía corrupta, y darle al joven una oportunidad. Cuando Peeters entra en el juego, todo se desmorona de a poco a su alrededor y surgen los entretejidos de la pequeña comunidad de Musso. Entonces está la envidia, la codicia, el abuso deshonesto por parte de profesionales, la ecología, la situación de la mujer en lugares de poder como la policía, los raros, adictos, ecologistas radicales, la, y real, tala de los bosques de las Árdenas. Los adinerados y sus extravagancias… La lista es tan larga como las mismas inverosimilitudes que se van adueñando de la trama. Una mujer muerta en la piscina de su casa es el receptáculo de tanto que confunde y traslada la acción hacia derroteros aburridos que aturden y distraen.

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Es tanto el material pensado como siguiente curva en el relato que llegan a necesitar de un médium y una subtrama parapsicológica para encarrilarla. Sí, como leen; el policial tuerce de tal manera sus lineas narrativas que algunas quedarán ahí, en una mesa con macumbas y otras raras yerbas, fantasmas y cuita emocional de espíritu errante que deja perplejo. El policial se confunde en tantos dramas que pudo desarrollarse en más de una temporada y que ante el apremio deja un desflecado tapiz de hilos sueltos que confunden y ahogan la historia que debió brillar.

Finalmente y dejando en paz esta segunda temporada, solo mencionaremos un elenco capaz que ha dado lo mejor, de manera creíble a pesar del naufragio argumental. Circule, circule, aquí no hay nada para ver…


Título original: La trêve – 2da Temporada

Dirección: Matthieu Donck

Guion: Matthieu Donck, Stéphane Bergmans, Benjamin d’Aoust

Reparto: Yoann Blanc, Jasmina Douieb, Aurélien Caeyman, Valérie Bauchau.

Aunque el lugar de la intriga ha cambiado, el inspector Yoann Peeters (Yoann Blanc), que ya no es policía, regresa para resolver un caso de asesinato a pedido de la psiquiatra, que está convencida de la inocencia de Dany Bastin, un muchacho de 27 años, perdido y maltrecho que acaba de salir de prisión tras cumplir una pena de 9 años. La trama se teje ahora en Musso, un pequeño pueblo perdido en el bosque de las Ardenas, no muy lejos de Heiderfeld, en donde fue encontrado el cuerpo destripado de la Sra. Du Tilleul, una rica burguesa en cuya propiedad Dany trabajó como jardinero durante unas cuantas semanas.

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Acerca de Marco Guillén 2441 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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