[OPINIÓN] Personajes ficticios. Mujeres reales

Ya pasó el 8M. Y más allá de las manifestaciones en la calle y del revuelo lógico de un día especial, me siento a escribir este merecido artículo sobre ellas, y un poco sobre nosotras. Pero ellas son las mujeres del cine. No son directoras (eso merecería un artículo aparte), sino actrices que encarnaron los personajes que a mí más me fascinaron desde que empecé a ver cine hace muchos años.

Por @AnXieBre

No voy a mencionar a todos los personajes femeninos más importantes de la historia del cine, sino que escribo desde lo personal. Ellas me impactaron a mí… lo que no quiere decir que no haya habido otras más significativas dentro de la historia del séptimo arte. Pero esta nota lleva mi firma, y, por ende, nacerá con otra mirada sobre la cuestión.

En la vida real siempre admiré a las mujeres fuertes, de carácter, de armas tomar, decididas, que van por todo y cuidan con su vida aquello que aman. Pero por sobre todas las cosas, a aquellas que no se dejan pisotear por nadie. Aquellas que sufrieron en la vida tanto como amaron, y eso las diferencia de otras.

Todas esas cualidades tienen estos personajes femeninos del cine que voy a mencionar. De todos ellos saqué un poco para construir un personaje propio para un cortometraje alguna vez – si se me permite ponerme un poco nostálgica -. Un proyecto que quedó trunco pero que disfruté mucho crear y encarnar. De todo lo que fui viendo a lo largo de mi vida en la pantalla grande, pude crear una “Frankenstein” perfecta que le daría voz y rostro a mi primera película. Por eso es que también, cada 8M, la recuerdo a ella y a todas las que más me emocionaron.

Desde 1961, Audrey Hepburn desayunaba en Tiffany’s desfachatada, independiente, elegante, excéntrica en la película de Blake Edwards. Casi que tiene el rostro de una niña pero puede tranquilamente seducir al hombre que se le dé la gana y obtener lo que quiere. Holly, su personaje, sabe muy bien lo que hace y va por ello. ¿Qué mujer no soñó convertirse en ella?

¿Y qué niña no soñó con ser una heroína? En el espacio, en el medio de la nada, lejos de casa y en una nave en la que casi todos son hombres, te convertís en Ellen Ripley (“Alien: El octavo pasajero”, 1979), quién se carga a una criatura alienígena que mató a casi toda una tripulación. ¿Cómo no aplaudir la escena en la que Ellen (encarnada por mi siempre admirada Sigourney Weaver) en paños menores descubre que el extraterrestre sigue en la nave, por lo que decide refugiarse en un traje espacial y salir a reventarlo completamente sola?.

Y si hablamos de armas y mujeres, no puedo pasar por alto un personaje que se transformó enormemente a lo largo de toda una película. Sarah Connor (Linda Hamilton) era camarera de una cafetería, soltera, con una vida común y corriente y se convirtió, sin opción, en la progenitora del líder de la resistencia humana, que es buscado por robots para ser asesinado en medio de una guerra entre humanos y máquinas. “Terminator (1984)” del inigualable James Cameron, además de ser una joya de la ciencia ficción, trajo a uno de los personajes femeninos más potentes e importantes del cine, y a su vez masculinizó a la mujer desde lo físico (en la segunda entrega Sarah entrenó arduamente, es una mujer fibrosa que nos se maquilla, siempre viste pantalones y musculosa negros, con un rostro de rasgos cada vez más duros). La vida la ha golpeado, y eso se representa perfectamente en la pantalla.

Una nueva década empezaba y con ella percibí la vuelta a la femineidad en el cine, con un film que siempre me resultó interesante: “Mujer Bonita (1990)”, dirigido por Gary Marshall y protagonizado por Julia Roberts encarnando a una prostituta vulgar que acompaña a un empresario millonario a sus reuniones de trabajo (Richard Gere en su máximo esplendor). Lejos de intentar humillar a mujer alguna –muchas actrices que fueron consideradas para el papel, lo rechazaron por este motivo-, la película de Marshall es la típica comedia romántica con final feliz, pero lo curioso del personaje de Roberts es que es una suertuda de risa contagiosa que logra enamorar a uno de los hombres- considerado por aquel entonces -más lindos del mundo a pesar de ser mal vista por hombres y mujeres.

Es el año 1997 y aparece “El quinto elemento” de Luc Besson, protagonizada por una Milla Jovovich de extravagante belleza y carisma para encarnar a Leeloo, un entrañable ser capaz de salvar al mundo y al mismo tiempo decirle que no al galán de turno con quien compartía elenco: Bruce Willis. Nunca me voy a olvidar de aquella escena en la que él intenta besarla cuando está dormida, ella abre los ojos y lo apunta en la cabeza con un arma diciéndole “no sin mi permiso”. Leeloo parece inocente pero es valiosísima para la humanidad y, en medio de todo, conoce el amor (mejor dicho casi que obliga a Korben Dallas a decirle que la ama en la escena clímax por excelencia del film). Milla en una película futurista en la que la mujer es considerada un elemento indispensable para la salvación de la Tierra. ¿Qué más se podía pedir?.

Y Jovovich, además, tuvo otros papeles memorables. En 1999 se ponía el traje de la heroína histórica Juana de Arco (también dirigida por Luc Besson) que lideró un ejército francés contra los ingleses, y que hizo ganar a Francia varias batalles antes de que le dieran la espalda por completo y la quemaran viva en la hoguera. Luego vino la saga de películas de “Resident Evil”, que comenzó en 2002 con Paul W. S. Anderson como director y se basó íntegramente en el videojuego del mismo nombre, en el cual Alice (personaje de Jovovich) no existía, y que a lo largo de todas las películas se fue convirtiendo en una infaltable. Sin ella ya el resto de los films no podían concebirse. Y además… ¿quien querría perderse a una Milla invencible cargándose a miles de zombies?.

Suelo compenetrarme con las películas de Robert Rodríguez. Tienen una mística bizarra hipnotizante, y nunca me pude olvidar de Rose McGowan encarnando a la bailarina Cherry Darling en “Planet terror (2007)”. Personaje increíblemente sexy, solitario, sufrido, a quien a la mitad de la película le cortan una pierna. Así y todo, se encastra una metralleta en el muslo y empieza a los tiros en una moto manejada por su ex novio. Una escena en un predio gigante plagado de explosiones y zombies en movimiento, con ella sentada al revés y siendo dueña y señora de toda la situación. No tiene desperdicio esta joya del cine exploitation cuya figura principal es una mujer.

El último personaje que me deslumbró es la Lisbeth Salander de Noomi Rapace, protagonista de la trilogía de películas suecas llamadas “Millenium (2009)” y que fueron las primeras adaptaciones cinematográficas de las novelas del fallecido Stieg Larsson. Rapace interpretaba a una hacker veinteañera, punk, golpeada, que dependía del dinero que le otorgaba el cínico de su tutor, quien la obligaba a tener relaciones sexuales con él. Lisbeth comienza a trabajar con el periodista Mikael Blomkvist para destrabar un crimen y todo lo que pasa a partir de ese hecho es cada vez más interesante. Ellos forjan una relación sentimental y el personaje femenino (aquí también un poco masculinizado) toma cada vez más relevancia. Un personaje oscuro, antisocial, con mucha carga negativa y que quizá fue uno de los primeros en dar cuenta de que el flagelo de la violencia de género crecía a pasos agigantados en el mundo real. Para muchos, una película sumamente feminista.

Para cerrar este artículo, por supuesto que no me olvido de “Femme fatales” como la Alex Forrest de Glenn Close en “Atracción Fatal (1987)” o la Catherine Tramell de Sharon Stone en “Bajos instintos (1992). Imposible no acordarse de ellas cuando se piensa el cambio en la forma de ver al hombre antes de que la mujer tomara más preponderancia social. Ahora bien, luego de este repaso, hoy el día se presta para verlas todas.

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