[FICIC 2019] 2° dia en el Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín

FICIC 2019

Es la segunda jornada en el FICIC y es el día por excelencia para disfrutar de la competencia oficial de cortometrajes, los cuales proponen una gran variedad de tramas y temas.

Por @AnXieBre 

Lo más destacado, sin duda, dentro de la gran originalidad que contiene cada uno, es una rareza francesa de tinte antropológico llamada La extraña historia de Prince Dethmer (2018), de Hadrien La Vapeur y Corto Vaclav, filmada en la República del Congo. África moderna aun tiene culturas y estereotipos muy cerrados. Allí, estos dos cineastas “blancos” colocan su cámara para retratar un funeral real, el de un bailarín que acaba de morir. Allí se dan toda clase de rituales y bailes en honor al difunto. Un evento tan colorido, exótico e inusual en nuestra cultura que hasta roza lo sobrenatural por momentos y logra que quedemos inmersos en ello instantáneamente. Luego de toda la conmemoración, el muerto aparece vivo, como si nada. Regresa a su pueblo luego de haber estado preso, y le cuenta a la familia los hechos. Para ellos se convierte automáticamente en un fantasma y hasta es venerado. La película se divide en dos partes bien definidas: el ritual para un muerto equivocado (el protagonista de esta historia) y el muerto real (el antagonista) del que nadie conoce su identidad, pero que todos sienten que también deben respetar y venerar. Dentro de lo pintoresco, la comedia y lo sobrenatural, el cortometraje presenta el costado humano de un pueblo desplazado.

También sorprendente en sus imágenes es Hojas berlinesas (2018) del argentino Alejo Franzetti, que retrata su concepción de Berlín, Alemania, como toda una experiencia visual de observaciones, fragmentos, fotografías y color. Un excelente recurso estético para abordar una temática simple y, aparentemente muy personal, acerca del mundo, no sólo del país en cuestión. Lo que vemos todos los días, lo cotidiano (una flor, un paseo en bicicleta, un animal en el bosque) se ponen, utilizan y resignifican como excusa de una nostalgia también por lo analógico – poder tocar una foto, sentir su aroma, palpar lo material – dando valor a otro sentido: el tacto en lo que amamos. Un film tan artesanal como valioso.

Otro destacado en esta competencia fue Nicolás Prividera con su corto Yo maté a Antoine Doinel (2019), en la que juega con la gloriosa ocurrencia de convertirse en un asesino cinéfilo como metáfora de la necesidad de erradicar cierto tipo de cine sumido en la nostalgia y en el afán de alabar actores y actrices mediocres. Para ello, trae como referencia simbólica al personaje de François TruffautAntoine Doinel; cuyo actor Jean-Pierre Léaud – aquí apodado graciosamente “JP”- que pisa suelo argentino por aquellos días para presentar una película. Es hilarante ver cómo Prividera se esconde entre los espectadores de la sala de dicha proyección con un arma en su bolsillo, para intentar asesinar a dicho actor. El desenlace de este corto no tiene desperdicio.

Los que siguen la trayectoria de Manuel Abramovich saben que es un director que tiene muy claras las cosas en cuestiones estéticas en sus películas, y tiene además muy claro para qué sirve el cine y por qué. En su corto Blue Boy (2019) retrata mediante los rostros de siete trabajadores sexuales rumanos en Berín (que casi inmóviles miran a cámara), sus distintas reacciones al escuchar grabaciones de sus propias experiencias. ¿Es este un trabajo de campo?. Así parece. La explotación sexual se vuelve un entretenimiento (al menos de esta forma, para el espectador) pero Abramovich no juzga, sino que se queda en la experiencia de ver y escuchar, la misma que ofrece al cinéfilo que lo está viendo. Un interesante ejercicio minimalista para cualquier cortometrajista.

El último destacado en esta categoría es Mauro Andrizzi con su película de ideales 25 minutos llamado Cairo Affair (2019). Andrizzi siempre fue un director que no le teme a viajar por el mundo solo, a lugares recónditos – y quizá hasta peligrosos – y grabar pequeños fragmentos para largos o cortometrajes futuros. Él reconoce tener muchísimo material para esto. En este mini film (que se pensó inicialmente como largometraje) Andrizzi graba tres relatos (una anécdota personal, una curiosidad paranoica y una tragedia amorosa) con imágenes de Irán y Egipto, y los mecha con tomas de archivo encontradas de Irak y Afganistán, y planos clásicos del cine (Tiburón de Steven Spielberg y Los Pájaros de Alfred Hitchcock) para ficcionalizar lo dado, lo ya existente. Así construye una trama que va siendo cada vez más atractiva e ironiza sobre el miedo y el espionaje.


Construcciones, de Fernando Restelli (2018)

Por un lado, la a veces tirante relación entre un padre soltero humilde y su hijo. Por el otro, los avatares en la vida de ese hombre con un trabajo ingrato y solitario que le ocupa casi todo el día, donde su única compañía es una radio vieja por la que se escuchan las peores noticias: la realidad política, económica y social de un país devastado, con repercusiones directas en la vida de cada trabajador de clase media -baja. Y allí está Pedro, este hombre de familia que madruga todos los días y quiere estar presente para su hijo como puede.

FICIC 2019

Tratando de sobrevivir (porque vivir en Argentina siempre se trató de eso) la vida rasgada por la ausencia de mujer se nota. Pedro tiene el rostro triste, arrugado, curtido por una vida que no eligió pero que está obligado a seguir, porque alguien lo espera, alguien depende directamente de él todos los días. Restelli construye un relato universal: esto no sólo pasa en Argentina sino en todo el mundo.

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Acerca de Marco Guillén 2312 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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