[FICIC 2019] A propósito de «Lluvia de Jaulas» una entrevista a su director César González

FICIC 2019

En el Festival de Cine de Cosquín me topé con Lluvia de Jaulas (2018), el quinto largometraje de César González, a quien no conocía antes de viajar hacia la ciudad cordobesa. La proyección de la película (anécdota aparte: se agotaron las entradas en poquísimo tiempo) fue luego de la entrevista, por lo que ante un director como él, había que investigar bastante.

Por @AnXieBre 

César González se hizo de abajo. Viene de uno de los barrios más humildes del Conurbano, es oriundo de la villa Carlos Gardel. Luego de una infancia difícil, pasó algunos años en prisión, donde se acercó a la literatura y la filosofía, que luego lo llevaría a escribir varios libros, y, posteriormente, dar un giro hacia el cine.

Con varias películas en su haber, Lluvia de Jaulas es un documental poético, según cómo lo vende el propio director, sobre todo porque contiene extractos de algunos poemas suyos y porque con su cámara realza justamente eso, la poesía que se construye en cada imagen, desde una flor por delante de una chica, unos chicos jugando a la pelota en un charco de agua o las ruinas de los edificios que son los hogares de la gente de este barrio.

Todo esto tiene su contrapunto con la ciudad. Uno de los protagonistas de las varias historias dentro de la película viaja hacia la gran aglomeración de gente que supone la “Capital” y se enfrenta a todo lo que este hecho implica: oficinistas y banqueros de traje, señoras paquetas que sacan a pasear a sus mascotas, y hipsters que desayunan en Starbucks. La diferencia entre este chico que ahora camina por la avenida principal y ellos es abismal. César González, entonces, sale con él de la villa y se mete en la gran ciudad como una travesía casi turística.

A su vez, al inicio de la película vemos algunas imágenes de una manifestación por la lucha por la legalización del aborto, extracto que queda como descolgado en relación a todo lo otro que González muestra, pero se puede entender como una decisión en relación a lo activa que es la ciudad y sus habitantes. Así, sin haber visto toda su filmografía pero haber leído bastante sobre él, la mejor conclusión sea que sus películas no tienen una estructura clásica, una trama o argumento. González les otorga sentido a sus historias pura y exclusivamente por medio de imágenes puestas juntas. Así él mismo las va armando e interpela al espectador para que haga lo mismo.

-Ximena Brennan: En una entrevista dijiste que la rabia te inspiraba para tus películas. ¿Me contás un poco más de eso?

César González: Si, yo lo habré dicho porque uno tiene que encontrar un motor para activarse uno mismo y despertar el entusiasmo en los demás, más cuando son películas ultra independientes,  sin seguir un plan de rodaje porque se daba cuando se podía, yo y los demás. Ese motor es porque vivimos en un mundo que rebalsa de injusticias y de absurdos, de cosas horribles; y considero que el cine no puede ser indiferente a lo que pasa en el mundo…  lo que no quiere decir que el cine esté obligado a tomar posición todo el tiempo respecto a lo que pasa. No hay que caer en extremos pero en esa dialéctica prefiero posicionarme más cerca de no ser indiferente frente a las cosas que están pasando y reivindico que el arte puede intervenir desde un lugar abstracto en esas situaciones. Una cámara no le cambia la realidad a nadie pero sí se puede hacer algo interesante con eso. Hay algunos clichés instalados de que es imposible que sea artístico y a la vez que hable de algo concreto de lo que pasa en el mundo. Y empieza la tiranía de prefijos y de títulos. Si vos hacés ese cine se te pone el título de que hacés cine documental o social. Y eso no es inocente. Hay que pensar por qué a tales películas rápidamente se las cataloga y a otras no. Si un cine habla de alguna injusticia es cine social pero si un cine no habla de nada de eso nadie dice que es cine burgués, o cine cómodo o cine indiferente. No, es cine y chau. Es cine en ambos casos.

-X.B.: ¿Y por qué decidiste hacer cine cine y no otro tipo de arte?

-C.G.: La verdad que nunca lo pensé desde el aspecto de filmar algo que pasé yo. Tampoco soy ingenuo y sé que tengo una vida que da para varias biopics, por ejemplo, si quisiera. Me lo han ofrecido y nunca me interesó. Se confunde porque hay escenas en las que se puede pensar que son lo vivió el director, pero también lo viven millones de personas. Es universal. Es como una forma de conjugar lo personal pero hacerlo más universal, no de todo el mundo, sino con una escala precisa, de Argentina, la realidad de las villas en Argentina con sus particularidades. Mis películas tienen su cosa específica. Y me interesa igual hablar de cosas más allá de donde yo vengo. Con “Atenas” cerré una trilogía (la trilogía villera, que es de ficción). “Lluvia de jaulas” es una especie de sinécdoque de todas mis películas con un nuevo elemento. Acá es más horizontal todo, a nivel montaje o situaciones. Es más rizomática esta última.

-X.B.: En esta oportunidad trabajaste más con la tensión entre un lugar y otro: la villa y la ciudad  como contrapunto

-C.G.: Sí, efectivamente era esa la idea. Mostrarlo como un fenómeno muy de Latinoamérica. No es que las villas están escondidas atrás del campo y tenés que tener un mapa… o sea, no… está en Retiro frente al Sheraton, la Villa 21 está ahí nomás, a 5 minutos del Obelisco….y ese contraste habla por sí mismo. Esa imagen habla sola, es un suficiente de pos sí. Y mostrás que el salir de la villa hacia la ciudad es una aventura. Como un paseo. Se vive como algo medio extraordinario que se convierte en rutina. Pero al volver a un mundo que es tan diferente, uno se pregunta: ¿qué tiene de extraordinario ir a la ciudad? Para mucha gente lo es.  Soy turista en mi ciudad. Recorrer la ciudad desde un puntoo de vista de un pibe de la villa. No quería quedarme sólo en el espacio de la villa entonces al salir la misma tomaba otro peso. Yo me inspiré mucho en películas de Dziga Vértov como “El hombre con una cámara”, “El undécimo año”. Es esto de filmar, filmar y filmar situaciones cualquiera, en cualquier lugar. Filmar la vida moderna, del Sigo XXI. Registrar todo lo que pasa en esta sociedad. Hoy filmo las villas, mañana la ciudad, filmó en un tren, arriba del colectivo, en el subte, en el campo. Filmé por un montón de lados. Algo que decía Vértov es que cuando mostrás un punto infinitamente separado en distancia de otro siempre es posible encontrar una relación. El cine por naturaleza encuentra asociaciones. A “Lluvia de jaulas” la hice con un guion al revés… en vez de partir del guion y salir a filmar, primero tuve las imágenes y luego le di un sentido al guion. Yo hoy doy charlas con jóvenes y les recomiendo ese ejercicio. Te da un cierto orden. No es todo un caos. Se puede lograr.

-X.B.: ¿Cómo encarás un rodaje y cómo preparás el equipo cada vez que querés filmar?

-C.G.: En cada caso fue diferente. Sí tengo como una base estable de personas. Me gusta romper con los esquemas y sacarle como el aura laboral a la jornada. Sacarle la obligación de decir que estamos trabajando. Es un arte el cine. Disfrutemos de esto o suframos… pero eso es el arte. Ponerle el cuerpo. Después filmó yo, me encanta operar la cámara, es muy importante para mí eso. Tengo un Director de Fotografía para mis películas. En “Lluvia de jaulas” no lo tuve porque  se hizo a lo largo de cuatro años y fue como una recolección de imágenes. Vengo de estrenar “Atenas” en febrero, que es una película que hice con el INCAA y ahí fue rodaje clásico, tiempos estipulados. No tuve problema tampoco con eso, me adapté, fue una fórmula distinta pero me adapté. Me gustó también. Ahí aproveché para dar trabajo a otra gente de la villa. Para que sean reflectoristas, ayudantes, asistentes de cámara, asistentes de dirección, producción, porque venían trabajando conmigo pero ad honorem. Les dije que esta vez sería algo más digno. Lo logré recién en “Atenas”.

-X.B.: A ésta la vendés como un documental poético. Vos escribís, tenés varios libros. ¿Qué hay de esto?

-C.G.: Una cosa es la poesía en la literatura y otra cosa es la poesía en el cine. No es que estoy ilustrando poemas… hay alguna frase que escribí yo pero el desafío fue cómo hacer poesía con recursos muy limitados. Es fácil hacer poesía cuando tenés un presupuesto y podés hacer llover, y podes tener una cámara y una foto que te ayuden. O un lente que distorsione, más el vestuario, más la dirección de arte… y así tenés más recursos para una imagen onírica. Yo tengo una cámara nomás.¿ Cómo hago? Primero hay que tener en claro qué considera uno como poesía. Y la realidad está llena de poesía… no van por lugares separados. De Platón en adelante está muy marcada. Creo que en lo material la poesía también está y de la que se te ocurra. Yo salgo a caminar y voy a encontrar muchas cosas. Poesía también es un torrencial de lluvia y unos pibes que se pusieron a jugar a la pelota en un charco. Eso es poesía pura y dura. Dejo todo abierto, no me cierro. Es lo interesante que tiene el cine. Que no tiene esencia. Buscarle una esencia al cine es una pérdida de tiempo.

X.B.: ¿Qué proyectos a futuro tenés?

-C.G.: Estoy editando una película, “Antorchas”, o algo referido a eso, al mundo del fuego. La película que no tiene nada que ver con lo que hice. Sí tiene algo que ver, si se quiere, con “Exomologesis”, que es una película mía distinta y es más oscura, en blanco y negro, en un departamento, más pesada. Es un homenaje a Michael Foucault. Y esta es como una continuidad pero sacándole lo turbio y haciendo más comedia. Es un burlesque político. Es un grupo de hombres y mujeres en un departamento con todos estos datos que nos atraviesan ahora: el feminismo, la autorreflexión sobre la masculinidad… todo esto en un contexto de querer cambiar el mundo. Están en este departamento planificando la revolución. En el mientras, vemos la microevolución que está fallando por todos lados: enemistades, lucha de egos, el machismo, etc. no sé qué va a pasar con esa película, pero bueno, aquí estamos. Veremos si gusta.

-X.B.: Está bueno correrse de lo de siempre. Le pasó a José Campusano, filmó una historia en Puerto Madero y sus seguidores se sintieron traicionados

-C.G.: Es una tiranía que yo esté obligado a filmar siempre la villa. Es aburridísimo. ¿Cuánto hay para decir de algo? Ya hice tres películas dedicadas a un solo tema. Por el momento ya dije todo lo referido a eso. Y que yo no pueda filmar otra cosa es casi estar hablando de fascismo. Que César González tenga que filmar sólo pobreza y miseria es fascismo. Hay que luchar contra eso.

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Acerca de Marco Guillén 2483 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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