Remakes Live-Action, las secuelas Straight-to-DVD modernas

Disney

Regurgitar el amor de sus propios fans no es nada nuevo para Disney, y las últimas «nuevas» adaptaciones de sus clásicos siguen la fórmula que siempre los llevo al éxito monopo-imperialista.

Por @RockaOnTheGo

No llegás a ser el monopolio más imperial de toda la galaxia sin exprimir cada centavo. A Disney le encanta usar una y otra vez las mismas tácticas casi tanto como los mismos personajes. Puntualmente para eso mismo compraron Star Wars. Pero el ejemplo más claro de eso hoy en día es sin dudas sus remakes live-action. Adaptaciones utilizando CGI foto realista para darle «nueva vida» a sus clásicos de animación. El resultado es una burda imitación sin alma de las originales por supuesto, una suerte de pálida imitación sin vida propia cuya simple existencia sirve como asqueroso insulto hacia todos aquellos que valoran la obra original. Ninguna remake o secuela arruina directamente la existencia de lo original, pero definitivamente hay unas tantas que pueden llegar a manchar su legado. Después de todo, la gran animación logra trascender lo verídico para crear algo mucho mejor que la simple realidad, por lo que intentar acercarse a nuestro mundo resulta casi apuntarle al piso.

Pero tampoco estamos para ponernos tan solemnes, después de todo lo único que interesa es el dinero. En 1994 por ejemplo, hace ya 25 años, Disney lanzaba su primera película en video hogareño: la secuela de Aladdin llamada «La Venganza de Jafar» logró recaudar 100 veces su presupuesto, siendo este un décimo de lo que costó realizar la original. Disney había descubierto algo muy interesante.

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Aunque bueno, descubrir no sería la palabra adecuada. Mucho antes de eso, cuando todavía la animación de Disney era en un bello y elegante 2D, sus obras eran conocidas por reciclar mismas animaciones en distintas producciones. No hay dudas de que en el imperio del ratón buscaban aprovechar al máximo todo lo que producían sus hasta entonces excelentes animadores. Para reciclar algo, uno debe de considerarlo basura, por lo que queda claro cómo Disney como empresa se dirige hacia personajes tan amados cuando deciden cuál será la trama de la nueva «Toy Story» o cómo pueden relanzar nuevas trilogías de «Star Wars» o la entrega número 35 del MCU. Personajes amados por todos, y considerados basura por Disney.

Lamentablemente, eso nos llevó a secuelas que nadie quería realmente ver pero eran baratas y sencillas de conseguir (un saludo para Netflix) y finalmente a remakes foto realistas que verdaderamente nadie espera con mucho entusiasmo, pero terminan superando en mediocridad aún las más pesimistas de las expectativas. Seguramente poco les importe a sus creadores de todas maneras, porque a pesar de ser producciones con un aporte cultural y de entretenimiento casi nulo, logran números en la taquilla que desafían cualquier lógica. ¿Cuanta gente escucharon discutir entusiasmados lo mucho que les encantaron las «nuevas» Aladdin y Dumbo? Claramente muchas menos de lo que podría indicar el hecho de que ambas se encuentren actualmente entre las diez películas más taquilleras del año.

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Este no es un pedido de cordura, lejos de eso nos reunimos aquí a observar el horrendo espectáculo como los espectadores mórbidos que queremos fingir no ser. Nos preguntamos de paso cuántos de los millones y millones de espectadores de estas remakes live-action pensaron en lo mucho que habrán disfrutado sin dudas obras como «La Sirenita 2», «Pocahontas: El Nuevo Mundo», la tercera «Cenicienta» (que intentó meter algo de viaje en el tiempo en el asunto), o incluso la secuela de «Bambi».

Asumimos que tuvieron que disfrutar de forma entusiasta todas y cada una de esas producciones baratas realizadas a las apuradas para ganar algo de plata fácil, porque esa y el simple aburrimiento ocasionado por la incapacidad de encontrar entretenimiento que no venga predigerido son las únicas razones por las que uno encuentra explicación para la popularidad de una de las formas más bajas de entretenimiento de los últimos años. La mayoría no las compara en su cabeza con, por ejemplo, aquel mar de films de parodias que generó el éxito de «Scary Movie». Pero no tengan dudas de que ese es el tipo de contenido que van a estar consumiendo cada vez que decidan por curiosidad darle al ratón algo de dinero para ver cómo habrán contado «Hamlet» con animales por quinta o sexta vez.


 

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