[REVIEW] Dark – Temporada 2: La historia sin fin

“Somos arquitectos de nuestro propio destino”

                                                                                    Albert Einstein

Por @martog23

(ATENCION: Esta nota puede contener algunos pequeños spoilers)

«Dark» es una de las series originales de Netflix más atrapantes e intrigantes de los últimos tiempos. Su particular trama sobre viajes en el tiempo con tintes de thriller la vuelven un cóctel sumamente seductor y fascinante para los espectadores. La primera temporada nos sumergió de lleno en el pequeño poblado de Wilden, donde tras la desaparición de un joven llamado Mikkel Nielsen (Daan Lennard Liebrenz), y el extraño suicidio de otro lugareño, Michael Kahnwald, cuatro familias desesperadas tratan de entender lo ocurrido a medida que van desvelando un retorcido misterio que abarca tres décadas (’50s, ’80s y la actualidad). Lo más interesante fue ese aire enrarecido y esa forma de dosificar la información que motivaba la narrativa, haciendo que sea una serie bastante adictiva y de rápido visionado. Las vueltas de tuerca inspiradas en teorías filosóficas, científicas y psicológicas también actuaron en favor de la sorpresa y el desconcierto de los fans.

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Ahora llegó el turno de esta segunda temporada, donde se nos prometía dar respuesta a varios de los interrogantes de la primera parte pero que a su vez abrió nuevas incógnitas que nos proponen un cierre (se confirmó que la tercera será la última temporada) intenso y asombroso. El último capítulo de la primera temporada nos mostraba cómo Jonas Kahnwald (Louis Hofmann) terminaba varado en el año 2052 en un escenario post apocalíptico descubriendo que hubo una explosión nuclear en el poblado diezmando a la población y provocando la muerte de varios de sus conocidos y allegados. La segunda temporada retoma en aquel lugar dando a entender que al protagonista le será complicado volver a su tiempo, algo que también será complicado para cada uno de los personajes que viajaron anteriormente. A su vez, al ya  amplio número de personajes, se le sumaran varios más que conformarán un grupo de  viajeros temporales llamado “Sic Mundus”, comandado por la extraña figura de Adán, un hombre completamente desfigurado que parece ser un gran conocedor de la metodología de funcionamiento del tiempo y el espacio en Wilden. Este sujeto tiene bajo sus órdenes al excéntrico cura llamado Noah (Mark Waschke) con quien buscan alcanzar un nuevo orden físico donde no exista la temporalidad. Por otro lado, tendremos el bando conformado por las versiones futuras de Jonas y Claudia (Lisa Kreuzer). No obstante, una de las grandes virtudes de la serie radican en que las cosas nunca son lo que parecen y que incluso los personajes se desarrollan en un área más gris sin definirse como simples héroes o villanos.

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La serie creada por Baran bo Odar y Jantje Friese no se quedó con la simple satisfacción de lo logrado en su primera temporada sino que decidió ir más allá, empujando tanto los límites del verosímil como los recursos explotados. Es decir, no buscó repetir la fórmula de aquello que funcionó anteriormente sino que prefirió redoblar la apuesta. Es por ello, que hay una ligera sensación de que se hace cierto abuso de la utilización de las paradojas pero lo cierto es que los creadores y los guionistas parecen haber encontrado una nueva manera de sorprender a la audiencia por medio de ciertos recursos temporales que no han sido explotados de aquella forma en otras propuestas de ciencia ficción. Es muy interesante el hecho de que siga existiendo una fuerte base científica y filosófica detrás de la motivación del viaje a través del tiempo. En la entrega anterior (aquí pueden leer nuestra reseña) habíamos visto que se tocaba la Paradoja del Abuelo o de la predestinación, la cual existe cuando un viajero del tiempo se ve atrapado en un bucle de eventos que predestina a él o ella para viajar en el tiempo, y la paradoja de la Mariposa de Chuang Tzu, que teoriza sobre la identidad de la persona que sueña acerca de si es lo que sueña o eso que soñó es el mismo; en esta oportunidad estas paradojas son llevadas al extremo y se yuxtaponen con la noción del eterno retorno la cual planteaba una repetición del mundo en donde éste se extinguía para volver a crearse. Esta noción fue postulada por el estoicismo y revisitadas por Nietzsche, otro filosofo mencionado en el trascurso de la serie. Todas estas cuestiones rodean a los personajes y sus accionares haciendo que por momentos resulte confuso llevar la cuenta de “quien” está en que “lugar” y como hizo para llegar ahí si no fuera por “x” cosa. Paradojas que crean paradojas tratando de desarticular o hacer obsoleta la existencia de una temporalidad (algo que Sic Mundus quiere conseguir a toda costa) pues al fin y al cabo el espacio y el tiempo también dependen de la percepción tal como postulaba Immanuel Kant (otro personaje cuyas teorías aparecen latentes en la serie).

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Igualmente, más allá de toda postulación o interpretación, el producto se sigue presentando como algo fresco e innovador. Un fenómeno de culto que con un guion que juega al límite de lo creíble, se sigue manteniendo en su idea de ir escalando en complejidad y en la  construcción de su propia mitología. Ahora tenemos un mayor número de líneas temporales así como también de versiones de un mismo personaje. Este crecimiento o exacerbación que rodea a la narración puede ser una espada de doble filo pero en líneas generales la jugada es acertada.

Por el lado de los aspectos técnicos, cabe destacar nuevamente la excelsa fotografía de Nikolaus Summerer (The Siege of Jadotville) que ayuda a crear ese entorno oscuro y abrumador junto con la maravillosa banda sonora creada por Ben Frost (Super Dark Times). Otro punto alto de realización se puede ver en todo lo relacionado al diseño de producción y la dirección de arte que cada vez tiene un desafío mayor al tener que reflejar tanto en las locaciones como en el vestuario, el peinado y todos los aspectos estéticos los diversos tiempos en los que se desarrolla la acción (ya sea tanto en el pasado como en el futuro), un trabajo más que impecable.

La segunda temporada de «Dark» profundiza en lo más recóndito de su creciente mitología para otorgarnos un producto entretenido que nos remite a otros grandes exponentes de la ciencia ficción y el suspense como «Twin Peaks», «Lost», «Interstellar» o la reciente «Looper», con la cual tiene varios puntos de contacto. Una serie más que atractiva para descubrir y debatir con amigos, familiares y parejas. Un relato que requiere de cierto tiempo de decantación pero que sorprenderá a aquellos tenaces y ávidos espectadores que se animen a insertarse en este vertiginoso evento cíclico.


  • Título original: DarkDark 2
  • Año: 2019
  • Duración: 60 min
  • País: Alemania
  • Dirección: Baran bo Odar (Creador), Jantje Friese (Creador), Baran bo Odar
  • Guion: Jantje Friese, Baran bo Odar, Martin Behnke, Ronny Schalk, Marc O. Seng
  • Música: Ben Frost
  • Fotografía: Nikolaus Summerer
  • Elenco: Anna König, Roland Wolf, Louis Hofmann, Oliver Ma
    succi, Jördis Triebel, Sebastian Rudolph, Mark Waschke, Karoline Eichhorn, Stephan Kampwirth, Anne Ratte-Polle, Helena Abay, Harald Effenberg, Sebastian Hülk, Deborah Kaufmann, Ella Lee, Andreas Pietschmann, Walter Kreye, Peter Benedict, Christian Steyer, Leopold Hornung, Tatja Seibt, Lisa Vicari, Hermann Beyer, Angela Winkler, Peter Schneider, Stephanie Amarell, Carlotta von Falkenhayn, Arnd Klawitter, Anatole Taubman, Luise Heyer, Lena Dörrie, Julika Jenkins, Michael Mendl, Gwendolyn Göbel, Lisa Kreuzer y Hannes Wegener.
  • Productora: Wiedemann, Berg Television. Distribuida por Netflix.
  • Género: Serie de TV. Intriga | Sobrenatural.

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