The End: Una Antología Cinematográfica, de Maximiliano Curcio

Maximiliano Curcio

Nuestro colaborador Maximiliano Curcio está de estreno con una serie de libros y ensayos sobre el Séptimo Arte y sus protagonistas más relevantes.

Por @ElPatoAlvarez_

Maximiliano Curcio

Junto con la editorial “Vuelta a Casa” y el gentil asesoramiento de sus editores Sergio y Nicolás, el autor Maximiliano Curcio acordó publicar una antología personal sobre su estudio acerca de la historia del cine conformada por ocho volúmenes, los cuales incluyen reseñas de películas clásicas, análisis de films contemporáneos, archivo fotográfico, semblanzas de directores y estrellas y ensayos acerca de tendencias, géneros y cinematografías de todos los tiempos. Se convino junto con la editorial en ofrecer un material tanto impreso como digital que constará de una serie de tomos, en donde cada uno y de forma independiente agrupará un tema. De esta manera, se buscó una unidad de estilo que permita al escritor abordar cada temática de forma homogénea, a lo largo de las dos mil páginas que conforman la colección.

Merced a esta línea de trabajo establecida, la colección cuenta con un volumen dedicado a dos directores que el autor admira en profundidad y sobre los que ha escrito profusamente: ALFRED HITCHCOCK y ORSON WELLES. En el caso de Hitchcock, el estudio recopila quince obras fundamentales (catorce películas y una serie de TV), analizadas minuciosamente a medida que se compara su obra a través de la mirada de diversos escritos de Cahiers du Cinéma, la revista que estudió a Hitchcock en los ’60. Respecto a Welles, retoma ocho obras fundamentales del cineasta, analizadas en conjunto a sus orígenes en el teatro, su participación en CBS Radio, su colaboración con Carol Reed en «El Tercer Hombre» y su documental biográfico «Me Amarán Cuando Esté Muerto».

De estos dos volúmenes se desprende un anexo que cobró vida como libro propio, llamado AUTORES. Partiendo de la Teoría y Política de Autor, la famosa corriente de pensamiento francesa, este tomo selecciona sesenta grandes autores de la cinematográfica mundial de todos los tiempos y analiza la obra de cada uno de ellos, rescatando rasgos estéticos y estilísticos a través de una serie de films fundamentales que conforman la huella personal de cada autor.

Le sigue un tomo sobre CINE POLICIAL NOIR, el cual se enfoca en el análisis de treinta y cinco películas del Cine Negro, desde sus inicios hasta nuestros días, rastreando una huella de estilo que va desde el expresionismo alemán al cine clásico de Hollywood y el cual influencia al cine neo-noir contemporáneo. Este libro contiene un anexo filmográfico sobre las marcas del cine negro en Argentina, repasando algunos de sus aspectos fundamentales.

La antología también incorpora un libro de ENSAYOS Y ARTÍCULOS DE OPINIÓN, que consta de diez capítulos en donde se abordan una serie de temáticas acerca del arte cinematográfico desde sus comienzos hasta hoy: los inicios en la época muda, el cine documental, géneros y tendencias, crítica de cine y teorías de análisis, el rol del espectador, las nuevas tecnologías, las potencias latinoamericanas (el cinema novo y el cine en Argentina después de la dictadura), grandes estrellas de Hollywood, relaciones entre cine y literatura, cines de vanguardia, cine independiente y nuevas modas (secuelas, sagas y remakes), entre otros aspectos determinantes que conforman al lenguaje cinematográfico al cumplir su primer siglo de vida.

Además, la recopilación contiene un volumen exclusivamente dedicado al Cine Argentino Contemporáneo, analizando veinticinco obras estrenadas desde el 2000 hasta la fecha, e incluyendo una serie de ensayos que ayuden a comprender la evolución de nuestra industria a través de sus diferentes épocas, estilos y protagonistas, atravesada por profundos cambios políticos, sociales e históricos.

Por último, como compendio final de la antología se ofrece una serie de volúmenes que comprenden exclusivamente una recopilación de críticas de cine a modo de listas de obras imprescindibles, llamados 100 GRANDES PELÍCULAS (Tomo 1: Cine Clásico) y 200 GRANDES PELÍCULAS (Tomo 2: Cine Contemporáneo). Estos volúmenes se continúan uno a otro, reseñando de forma cronológica los films más relevantes de todos los tiempos, desde la personal y subjetiva óptica del autor.

Maximiliano Curcio

En el fuero íntimo, para el escritor este acontecimiento representa una gran emoción. La Antología refleja el trabajo entregado a una ‘vida profesional’que se pretende ordenar y recrear bajo otro soporte, en este caso el libro de papel como una gran ventana para llegar a otro público. El desafío consiste en rescatar y jerarquizar escritos que habían perdido vigencia con el paso del tiempo. Es inevitable que a Maximiliano le invadan los recuerdos de aquellos primeros años, comenzando, según recuerda, “muy artesanalmente en el medio allá por el año 2003,  creando mis primeros blogs o colaborando en sitios diversos digitales junto a la compañía de colegas que me abrieron paso en el medio por vez primera”. El recorrido trae al autor inevitablemente al presente, donde, según sus palabras, “la web y las redes sociales han transformando absolutamente mi profesión. Sin embargo, algo se ha mantenido inalterable: gracias a la generosidad de todos los medios que me han brindado espacio para escribir, he podido compartir mi pasión por el cine a través de estos años”.

Se considera la vital importancia que este material salga a la luz, no solo porque la  ópera prima es un hito en lo profesional en la carrera de cualquier escritor, sino porque el hecho de volcar al papel esta antología le otorga al autor otra forma de llegar al público, brindándole sustancia, identidad y trayendo a estos escritos al ‘presente’, fijándolos en el tiempo. De alguna manera y en más de un sentido, esta edición ordena todo aquello que estaba esparcido en la web, constituyendo un gran logro personal.

Acerca de su método de trabajo, el autor explica que “en todos los proyectos que llevo a cabo, me comporto absolutamente obsesivo de su desarrollo, es mi forma de comprometerme plenamente con aquello en que confío y me apasiona. No obstante, este trabajo especialmente me demandó suma concentración, atención y disponibilidad. Resultó una labor agotadora, necesariamente perfeccionista e igualmente reconfortante, un viaje fascinante, como todo acto creativo”. Este trabajo que reúne los ocho volúmenes resume un proceso de investigación que llevó al escritor aproximadamente un año de intensa tarea, a lo largo del cual comienza a revisitar toda su trayectoria como Crítico e Historiador de Cine, desde sus inicios en la profesión hasta hoy, comenzando con la cobertura de festivales y  estrenos para distintos medios digitales y gráficos, así como también dedicándose al análisis de películas clásicas, autores fundamentales de la historia de nuestro cine, diferentes movimientos, estilos, vanguardias épocas e industrias, temáticas que ha abordado a lo largo de una incansable tarea.

El autor se encontró, a lo largo de este proceso, con un material de una dimensión tal que necesitaba ser ordenado y recopilado: “Quince años en el medio y estudiando este lenguaje resultó tiempo suficiente como para hacer un balance y esta ocasión se presentó como el momento adecuado para encarar esta retrospectiva, una actividad pendiente que venía postergando por diferentes motivos”, explica el autor acerca de publicar sus libros en papel por primera vez.

Debido a un intenso trabajo de reescritura, este material se ha visto sujeto –en gran medida- a una serie de modificaciones trascendentales que cambiaron definitivamente su forma trayendo la mirada sobre el estudio del lenguaje cinematográfico hacia un tiempo presente. Acerca del trabajo de actualización de los textos, el autor comenta que “los mismos fueron sometidos a una necesaria revisión. Comencé un intenso período de relectura de todo el material que tenía publicado y escrito a lo largo de mi trayectoria.  Allí me encontré con cuantiosos escritos que necesitaron reordenarse y reescribirse, propiamente por la evolución que la escritura personal adquiere con el paso del tiempo”.

Existe una razón primordial que orientó este proceso de escritura. El artista no se comunica, a través de cualquier forma expresiva que ejercite, de la misma forma que hace dos, cinco, diez o quince años. Esta evolución sucede también en cualquier ámbito de la vida. Así es como el escritor fue recopilando el material, de manera temática, al tiempo que reescribiendo aquello que fuera necesario, adaptándolo al sentido que esta antología perseguía. De la misma forma que Maximiliano no conserva la misma forma de comunicar a través del lenguaje, también evoluciona su propia mirada sobre el arte, dado que la perspectiva personal va cambiando y se encuentran otras formas de expresarse e intentar llegar al lector, aspecto que habla a las claras de la curva evolutiva de su trabajo. Es la mirada personal que va cambiando con el tiempo y también la percepción de aquello que al escritor lo rodea, en búsqueda de canalizar sus inquietudes.

A medida que el trabajo de revisión fue cobrando forma, el proyecto fue creciendo y se convirtió desde algo muy pequeño -en su etapa más primaria- a una Antología que termina repasando toda la trayectoria del autor como Crítico e Historiador Cinematográfico, al tiempo que nos ofrece una variopinta mirada sobre el arte cinematográfico a lo largo de su primer siglo de existencia.  Acerca de su instrucción en el lenguaje cinematográfico, Maximiliano comenta que “si bien mi naturaleza es profundamente autodidacta, en lo referente a las herramientas adquiridas para el análisis del lenguaje cinematográfico y su profundo conocimiento, le debo mi formación como Crítico de Cine al Film College de Buenos Aires, instituto donde me especialicé durante los años 2005, 2006 y 2007. Momento a partir del cual mi escritura adquirió profesionalismo, mayor profundidad y un bagaje teórico sumamente amplio. Mis años transcurridos allí se convirtieron en una bisagra a la hora de evaluar mi manera de apreciar el cine como arte y mi forma de conocer al lenguaje cinematográfico desde sus diferentes texturas”. El autor destaca la importancia de notables herramientas sin las cuales le hubiera resultado imposible llevar adelante este trabajo de reescritura, tan caótico y fascinante, a lo largo de miles y miles de páginas de textos recopilados y desperdigados por la web, así como la inclusión en la Antología de otros tantos escritos inéditos hasta hoy.

Como desafío mayor que este proceso ha representado para el autor, resulta válido mencionar el perfeccionismo, la disciplina y la compenetración con la que se ha comprometido con este trabajo, virtudes que se traducen en la honestidad que requiere el análisis y el estudio exhaustivo de cualquier lenguaje. Tratándose de una antología, lo desmesurado, lo desbordado, lo compulsivo y lo inabarcable de tal empresa, es sabido que pueden resultar un enemigo para cualquier escritor en demasía minucioso y detallista, facetas que caracterizan el perfil de nuestro autor. No obstante, claudicar no estaba en sus planes.

Es importante, llegado este punto, hacer mención de algo cierto e indicativo: la labor del escritor es una tarea sumamente obsesiva, una labor de abstracciones y muy solitaria, donde éste se encuentra ante el abismo del acto creativo e intenta dotar de vida aquellos recuerdos que preceden al oficio. En este caso, es la magia del cine y la eterna fascinación ejercida sobre el autor, privilegiando esa mirada apasionada sobre aquel tesoro de juventud, que se convierte en materia de análisis. Cuando la obra sobrepasa al escritor por la exigencia que representa, llevar hasta el límite la capacidad creativa se convierte en el sustancial desafío a tomar. Para Maximiliano, el compromiso constituye una obligación moral que debe a su obra y a su oficio de escritor.

En 1946, George Orwell publicó un ensayo titulado ‘Why I Write’ (Por qué escribo), destacando cuatro motivos con los cuales justificaba el ejercicio de su tarea: puro egoísmo, el entusiasmo estético, el impulso histórico y el propósito político. Para Maximiliano, el amor por la vocación y la manera de fluir en la escritura a través de dicha pulsión resulta el único camino posible para acometer semejante empresa. El deseo le permite concretar sus objetivos y metas, siendo fiel a aquello que la pasión le dicta. Para aquellos creativos que han elegido la aventura de la escritura, es a través de la palabra volcada al papel como se logra expandir y validar una forma de ver el mundo. En el caso de esta Antología, dicha premisa se cumple ejerciendo una tarea apasionante, que persigue el alto vuelo literario de todo acto escrito que manifiesta su relación con el lenguaje explorado.

Acerca del oficio de escribir, Maximiliano comenta que “en lo personal, escribir siempre me sedujo especialmente y me resultó una actividad por demás estimulante. Para quienes la practicamos con auténtica necesidad, sin ella no concebimos el día a día de nuestras vidas. Como decía Carlos Fuentes y tomando sus palabras, comencé a escribir para vivir y ahora escribo para no morir”. Sucede que el escritor siempre encuentra algún disparador que lo motiva a brindar su mirada a los demás, ya sea explorando el mundo de las artes o creando universos ficticios. Se convierte en esa antena siempre receptiva, que a través de su mirada tamiza aquello que sucede a su alrededor. La obra de cualquier ser creativo intenta plasmar su singular visión y utilizarla como un instrumento para contar aquello que lo conmueve y está sucediendo a su alrededor. Así se estipula la huella autor al de Maximiliano en esta Antología, rastreable en un cuerpo de trabajo admirable y prolífico, que ostenta dicho compromiso ético y estético.

En el caso del escritor y sus eternas búsquedas, es el vértigo creativo el que lo conduce hacia el cuidado extremo de la palabra como portadora de un sentido y de una fuerza poética contundente. El escritor agrega que “la intuición y la curiosidad siempre guían al ser creativo. La eterna búsqueda reconoce en ellas la clave del acto creativo. Se trata de buscar en los entresijos lo esencialmente bello. En lo oculto y en las grietas del arte y sus diferentes manifestaciones se encuentra aquello que conmueve y se desea fervientemente comunicar, atravesado por las experiencias personales e intentando transmitir una mirada sensible a un lector ávido de alimentar su propia curiosidad. En mi caso ha sido a través del cine como instrumento y vehículo de mis propias pasiones”. Bajo dicha perspectiva, el autor comprende esta forma de comunicarse como el hacer un arte a través de la escritura y en dicha inquietud incandescente radica la clave de su oficio.

A lo largo de este tiempo y paralelamente a su labor periodística en diferentes portales culturales, Maximiliano ha desarrollo su actividad docente a través de una serie de ciclos de cine, muestras temáticas y talleres de cine debate que realizó en distintos centros culturales bibliotecas y museos de su ciudad, La Plata, así como también a través de la plataforma digital Siete Artes, la cual fundó en el año 2016. Esta búsqueda imperecedera sobre la que ha hecho mención anteriormente, tan apasionada y prolongada, es la que ha intentado transmitir a sus alumnos a lo largo de su carrera como docente y a través del ejercicio de escritura y su estímulo constante. El autor valora concebir al cine como “un recurso didáctico y una forma de pensar al ser humano y a nuestra propia existencia a través de su esencia y especificidad”.

Lo valioso del arte y su acto, en definitiva, radica en todo aquello que genera en nosotros, propiciando íntimos, necesarios y primordiales interrogantes que se convierten en una necesidad de ser transmitidos hacia otro receptor. Esta puesta en juego de la subjetividad que conlleva toda expresión artística abre las puertas a múltiples significados y a tantas posibles interpretaciones como miradas existen. Bajo esta mirada, “Una antología cinematográfica” se convierte en un viaje fascinante a través de la historia del Séptimo Arte.

En última instancia, todo escritor acomete un denodado esfuerzo intentando escribir el mejor libro que le gustaría leer. Para Maximiliano, la esencia de tal búsqueda radica en una cita de Antonin Artaud, publicado en ‘El ombligo de los limbos’ (1925): “Vivir no es otra cosa que arder en preguntas”.

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Maximiliano Curcio

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