[VIERNES NEGRO] «M, El Vampiro» (1931), de Fritz Lang

LA DOBLE MIRADA

“M, El Vampiro” es una de las obras cumbres de Fritz Lang dentro de su carrera europea y pieza clave de la incipiente cinematografía alemana sonora.

Por @MaxiMDQ83

El creador de “Los Nibelungos” (1924) y “Metrópolis” (1927) se inspira en un personaje real para suponer -e insinuar- un fiel reflejo de la sociedad alemana de aquel tiempo; una comunidad infectada en su fibra más íntima y cuya superficie comienza a mostrar lo peor de sí misma.

Con un gran control sobre el aspecto visual mediante el uso de planos largos y encuadres expresionistas, el genio de Lang estructuró el relato del film a manera de, no solo retratar el perfil de un psicópata, sino sus efectos directos sobre el accionar de una sociedad (en este caso situado sobre la ciudad de Düsseldorff), generando pánico y desasosiego. Eso no es todo: estilísticamente, quizás sin proponérselo, sentó las bases del cine negro, tal como lo conoceríamos años después, y género para el cual Lang aportara obras de calidad como, “Furia” (1936), “La Mujer del Cuadro” (1944) y “Los Sobornados” (1953).

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Ambientada en la crisis socioeconómica y moral de la República de Weimar, detrás de esta historia criminal convencional se encuentra un evidente valor testimonial sobre lo enfermizo del poder. Este film también inauguraría una clase de obras basadas en asesinos seriales que sería, a partir de este ejercicio, una recurrencia sumamente exitosa. Inspirado en Peter Kurten, un asesino serial de niños que conmocionó la ciudad, la historia se ubica dentro del pesimismo reinante en el pueblo alemán de entreguerras. Adentrándose en la psiquis del asesino, intentando comprender el sentir y el porqué de sus acciones -sin merecerle esto la empatía del público, como era habitual en Hitchcock-, la primera parte de la trama se encarga de mostrarnos al asesino y sus consecuencias en la sociedad.

En la segunda parte del film, el espectador asiste a la competencia desatada entre las fuerzas policiales -criticadas por su falta de resultados y/o criterios- y los bajos mundos criminales -hostigados por la policía en su búsqueda del asesino- para llegar al mismo fin pero con diferentes métodos. Y en la tercera, dramáticamente más representativa, escenifica una suerte de caza al hombre donde no hay parámetros que justifiquen el obrar para poner fin al acecho del asesino. Épica desde su estructuración y vanguardista ideológicamente, puede verse o interpretarse también como una ácida crítica del autor hacia el incipiente nazismo. El cine social que aplica Lang, no cae en maniqueísmos absolutos y sabe cómo provocar al espectador, sin dar un punto de vista único y dando alternativamente dos lecturas paralelas. Para este recurso narrativo (ignoto para la época), Lang se vale del sorprendente uso del montaje paralelo, movimientos de cámara que serían marca registrada del género, juegos de elipsis y composiciones claustrofóbicas (brillante fotografía de por medio).

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Mención aparte merece el empleo emotivo de la música y un uso dramático del sonido, para hacer de un simple silbido emitido por el personaje de Peter Lorre, la clave absoluta del film. Al respecto del sonido, la huella autoral del realizador austríaco resulta una de las influencias elementales de su obra, nutriendo una serie de films de cine negro fundamentales, rodados en Hollywood posteriormente, como “Perversidad” (1945). Si recordamos la época en la que el destacado cineasta comenzó a cobrar preponderancia, títulos indispensables como “Las Arañas”, “Doctor Mabuse” y “Metrópolis” resultan eminentes. Tres joyas del cine mudo que no minimizan en absoluto la obra posterior que el austríaco construyó bajo el canon clásico americano, mayormente, del cine noir. Sucede que Lang, en aquellos tempranos años veinte, utilizaba la carencia del sonido como una ganancia a su favor.

El realizador echaba mano a la técnica del sonido visual, perfeccionando algo ya en uso por diversos teóricos de la materia, con el fin de cargar a las imágenes de una fuerza emocional superlativa. La partitura original, destacando en sinfonías de piano y orquestaciones que Lang recreaba para acompañar los climas del relato -a menudo oscuros y de atmósferas densas-, funcionaban como preámbulo en presentir el sino trágico de sus protagonistas, otorgando a la música un papel preponderante. En su uso emotivo, las notas crecen exponencialmente con el relato, a manera de imitar lo que el sonido directo no podía comunicar, coreografiando actores que se apoyaban en la gesticulación para explotar al máximo las condiciones de expresividad que el cine ofrecía por aquellos años. Se percibe en la marca de un clásico como Fritz Lang, y en otros cineastas posteriores como Douglas Sirk o Pedro Almodóvar, más afectos al melodrama.

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Sentando las bases de los hoy populares films policiales sobre asesinos seriales (o los mitos acerca de los mismos), “M, El Vampiro” transmite con acierto el miedo colectivo, la inseguridad social y una inteligente reflexión acerca de la culpabilidad de los actos y sus efectos a nivel sociedad, cuyas costumbres moldean la ética a la que esta corresponde. Sumado al ya mencionado y marcado trasfondo político existente, Lang transforma la máxima expresionista. Para ello, utiliza el poder de la sombra como elemento sugerente, sentando así las bases de género noir, que continuarían maestros de la fotografía como Jacques Tourneur (en “The Cat People”, 1942).

Un film que va desde la investigación pura hasta llegar a la pura impotencia de la ley ante la condicionante falta de resultados, “M, El Vampiro” atraviesa los procedimientos policiales con gran verismo. Lang, con sobrado manejo de cámaras y un tan potente como depurado virtuosismo, se sumerge y nos interioriza en la enfermiza personalidad del criminal. Visualmente subyugante, resulta clave el pico dramático del desenlace -tan inevitable- que acrecienta la paranoia y lo vuelve más interesante a ojos del espectador, a quien atrapa con un final intenso y dramático, culminando a la altura de lo mostrado hasta entonces.


Título: M, El VampiroM 1931 Poster

Título original: M – Eine Stadt sucht einen Mörder

Año: 1931.

Duración: 99 minutos.

País: Alemania.

Dirección: Fritz Lang.

Guion: Thea von Harbou y Fritz Lang.

Música: Edvard Grieg.

Fotografía: Fritz Arno Wagner.

Reparto: Peter Lorre, Otto Wernicke, Gustaf Gründgens, Theo Lingen, Theodor Loos, Georg John, Ellen Widman e Inge Landgut.

Productora: Nero Film.

Género: Thriller. Crimen | Cine Negro.

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