[VIERNES NEGRO] «Vértigo» (1958), de Alfred Hitchcock

AMORES QUE MATAN

En esta nueva entrega de Viernes Negro analizamos el clásico «Vértigo», dirigida por Alfred Hitchcock y protagonizada por James Stewart.

Por @Maxi_CDC83

Aclamada recién en años posteriores a su estreno (fenómeno que suele suceder con otras grandes obras fílmicas) como una de las realizaciones más finas y mejor logradas de Alfred Hitchcock“Vértigo” resulta ser una complicada red de obsesiones, fobias y engaños concebida con brillantez y perfeccionismo. En una inigualable mezcla de misterio, romance, psicología y suspenso, el maestro de la sugestión consigue uno de sus films más personales.

Uno de los elementos más rescatables y que dan a la película gran valor, es la compleja y estudiada examinación que se hace sobre una relación amorosa patológica. Con una temática eminentemente psicológica y sustentada en una imaginación que permite las situaciones más desconcertantes, Hitchcock estructura la historia en torno de numerosas trampas narrativas, sorpresas e interrogantes varios.

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En el film adaptado de la novela “De Entre los Muertos” (de la dupla Thomas Narcejac y Pierre Boileau), el autor insinúa un típico thriller psicológico valiéndose del uso de su mentado macguffin, una expresión acuñada por el mismo Hitchcock. Se trata de un elemento de suspenso que hace que los personajes avancen en la trama, pero que no tiene mayor relevancia dentro de la historia en sí. Podría tranquilamente no estar, en otras palabras. Es apenas una excusa como motivo argumental, que carece de relevancia por sí misma. En “Psicosis” (1960) sería la valija con dinero. Aquí es la patología de vértigo que sufre su protagonista.

Este pretexto narrativo irá mutando hacia un perturbador drama sobre obsesiones necrofílicas, estudiando el amor después de la muerte llevado hasta el paroxismo. Este matiz argumental oscurece y profundiza el devenir de la trama, mientras el autor nos sugestiona desde la puesta en escena misma con una atmósfera que incrementa nuestra paranoia a medida que nos sumerge en la búsqueda y la fijación del personaje principal, encarnado por James Stewart.

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Utilizando una vez más a su actor fetiche, Stewart parece ideal para desempeñar el rol de un hombre que, a primera vista, exhibe su apariencia amable. Es esta superficie la que utiliza Hitchcock para adentrarnos, poco a poco, en la complicada psiquis de este personaje y, a manera de una pesadilla surreal, nos sumerge en el literal vértigo de su atribulado protagonista.

Interpretando al detective consumido, en iguales dosis, por su miedo y por el amor a una mujer, Hitchcock nos adentra a las obsesiones que tanto torturan al bueno de Jimmy Stewart. Kim Novak se luce también, componiendo a una de las clásicas blondas, marca registrada del director. Aquí, le toca desempeñar doble papel (Madeleine/Judy), igualmente seductora en la piel de esa misteriosa mujer a la que remite en su parecido.

Es indudable que la relación entre la femme fatale y el detective, con las cinematográficas calles de San Francisco como marco de fondo, aporta innumerables giros sorpresa a la trama. Hitchcock condimenta con un indudable toque noir a un film que recuerda a “Laura” (1944) de Otto Preminger, a la posterior “Marnie” (1964) del mismo Hitchcock y a “Obsesión” (1976), de Brian De Palma. Este último resultará uno de los más fieles herederos de su estilo.


Título original: VertigoVertigo Poster

Año: 1958.

Duración: 120 minutos.

País: Estados Unidos.

Dirección: Alfred Hitchcock.

Guion: Alec Coppel, Samuel Taylor, Maxwell Anderson (Novela: Pierre Boileau y Thomas Narcejac).

Música: Bernard Herrmann.

Fotografía: Robert Burks.

Reparto: James Stewart, Kim Novak, Henry Jones, Barbara Bel Geddes, Tom Helmore, Raymond Bailey, Ellen Corby, Lee Patrick y Konstantin Shayne.

Productora: Paramount Pictures.

Scottie Fergusson es un detective de la policía de San Francisco que padece de vértigo. Cuando un compañero cae al vacío desde una cornisa mientras persiguen a pun delincuente, Scottie decide retirarse. Gavin Elster, un viejo amigo del colegio, lo contrata para un caso aparentemente muy simple: que vigile a su esposa Madeleine, una bella mujer que está obsesionada con su pasado.

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