[REVIEW] The Man in the High Castle – Temporada 4

[REVIEW] The Man in the High Castle: Temporada 4

Vivían en un mundo psicótico. Los locos estaban en el poder. ¿Desde cuándo? ¿Y cuántos se daban cuenta?

The Man in the High Castle – Philip K. Dick

Por @mauvais1

Ya se ha ido. En esta cuarta temporada, The Man in the High Castle ha cerrado su historia. La alternativa realidad creada por Frank Spotnitz, que tomaba como base fundacional la excepcional novela de Philip K. Dick del mismo nombre, concluyó su epopeya para satisfacción de algunos e irritación de otros, porque lejos de un final feliz al uso dejó solo entrever que era posible la esperanza en un minúsculo destello, como ese dorado fulgor al final del túnel de la máquina nazi para viajar entre universos.

Juliana Crain, personaje que puede saltar de un universo al otro sin máquina alguna, como lo hiciera el sabio y tristemente desaparecido Nobusuke Tagomi, ha cruzado a ese mundo en que los nazis y japoneses sí fueron derrotados en 1945 y Estados Unidos es la potencia mundial en ciernes. Allí tomará contacto no solo con la versión, por decirlo de alguna manera, feliz de John Smith y su familia, sino que también con un mundo donde los dictadores están lejos y la democracia campa a sus anchas. Aprende en el plazo de un año lo que la libertad significa cuando has vivido la persecución nazi/japonesa.

Aunque regresar es imperativo, sabiendo lo que su pueblo transita,  se tomará su tiempo para relacionarse y aprender en esta nueva libertad. Bien dirá en algún momento que ya se ha olvidado de los escondrijos y el atronador sonido de los helicópteros que con sus reflectores vigilan omnipresentes. Pero vuelve y con la resoluta idea de terminar, no con el régimen, sino más bien con uno de sus arquitectos, John Smith, el Reichsmarschall de Estados Unidos. Es personal; es venganza sobre quien a desaparecido, asesinado y destruido todo lo que ella era. La cuarta y última temporada, tomándose su tiempo, se enfocará en las vivencias de sus protagonistas, sus sentimientos, sus razones, sus oprobios. La lectura es introspectiva. Luego de esa visión global y grandilocuente que fue la anterior, con sus desfiles y máquinas Sci Fi que inauguraron en la serie el componente de ciencia ficción dura, más allá de la ucronía distópica, serán ellos los objetos de estudio profundo y casi sádico, esta vez por parte de los guionistas.

[REVIEW] The Man in the High Castle: Temporada 4

Lo harán con John Smith, personaje que creció al paso de las temporadas, a fuerza de una relato lúcido y un intérprete sobresaliente como lo es Rufus Sewell. Una criatura hecha de traiciones, desespero, cobardía y que es quien roba más en esta historia, quizás por el hecho de que nosotros, los morbosos espectadores, nos abalanzamos a indagar las entrelíneas de un monstruo capaz de elaborar un plan de solución final para unos y mostrar compasión con otros. Personaje que se vendió a los nazis para proteger a su familia y que cae en pedazos ante una realidad que lo atropella, perdiendolo todo. En la temporada anterior su esposa, junto a sus dos hijas, escapan a la zona neutral de las rocallosas, donde serán influenciadas por esa cuasi-libertad que viven, entendiendo el vacío moral y resignificando su adhesión. «Arbol que nace torcido, nunca jamás se endereza» cuenta un arbitrario refrán. La historia de la familia Smith está orquestada alrededor de un laberinto de traiciones y silencios, de propaganda y terror. La caída es casi una maldición, que ellos mismos alimentan.

1964 

«¿Saben cuál es la verdadera base del poder político? No las armas ni las tropas, sino la habilidad de hacer que los demás hagan lo que uno desea que hagan.» 

Philip K. Dick

La máquina para viajar entre universos progresa; los enviados van y vienen con noticias de otros mundos, con tecnología, con historias que, claro, interrumpirán en la vida de todos, porque todo está conectado, como la serie con la realidad cotidiana con que convivimos. Heinrich Himmler, el Führer del imperio tras la muerte de Hitler, quiere invadir los universos, medrar en tiempo y espacio; obsesionado no advierte el creciente descontento que ha tomado las armas como el Movimiento negro comunista o los rebeldes de la zona neutral. Casi finalizando la vasta mitología de la serie en su cuarta temporada, aún se toma el tiempo para sembrar esa rebelión en ambos frentes; los Estados del Pacífico en la costa oeste en manos de Japón con capital en San Francisco y el Gran Reich en la costa este con sede en New York. Esto lo cambiará todo y, como decíamos anteriormente, la podredumbre surgirá desde el mismo corazón de régimen.

[REVIEW] The Man in the High Castle: Temporada 4

Cada línea argumental ha sido montada sobre una idea; la rebelión, la codicia, el amor, la búsqueda desesperada de redención, la caída. Porque John Smith es una suerte de Lucifer que no se conjura, sino que más bien se suma a ese infierno que pudo evitar. Porque Juliana Crain confunde justicia con revancha, porque Helen Smith comprende  tarde que sobrevivir es también regresar como un fantasma de lo que fue. La libertad es tan cara en «The Man in the High Castle» que pocos la obtienen aún venciendo. Y esa es la maravilla del relato, no todo puede resarcirse por más holocausto que se ofrezca, ni la maldad es inhumana. Frank Spotnitz y los guionistas cuentan sobre gente que no fue capaz, sobre la humanidad y sus intersticios morales y,  por qué no, éticos.

La lucha de los oprimidos es sangrienta, fatalista y carente de toda empatía. El odio y la desesperación la condicionan, la tuercen y menoscaban. El movimiento negro comunista orquesta un atentado de proporciones descomunales, logrando vencer al régimen japonés, ese que tampoco evitó el derramamiento de sangre, el envenenamiento en disimuladas cámaras de gas; que asesinó y pervirtió todo lo que tocó, y siendo vencidos no son más que víctimas de una historia sobre poder corrompido y honor menoscabado. Particularmente ellos son quienes más muestras de humanidad presentan al ser comparados con los nazis, y aún así son los vencidos. En The Man in the High Castle (Temporada 3): Oda al imperial Fascista hablaba sobre el tratamiento que la serie da a los nazis: una imparable máquina que vence con ingenio y estrategia, una suerte de máximo villano, porque está construido en base a los prejuicios, la maleable moral y las zonas grises de la ética que el común maneja. El poder del Reich se lo da la estupidez humana, la crueldad que desata la desesperada sobrevivencia. Mismas falencias que los acorralarán en los momentos cruciales.

[REVIEW] The Man in the High Castle: Temporada 4

Un universo dictatorial y fascista, corrupto y gris, cuando John Smith se atreve a cruzar el portal y es testigo de ese universo democrático su entrenado ojo le muestra que aún ahí los prejuicios son moneda corriente. La escena en la cafetería con las dos personas de color siendo detenidas por la policía por sentarse en la barra, lugar que solo los blancos pueden ocupar. Una metáfora, de grueso calibre admitimos, que funciona como recordatorio de que la ficción surge de una historia vist y vivida.

«Tenemos un montón de goteras en nuestra realidad».

Tiempo desarticulado – Philip K. Dick

The Man in the High Castle es una tremenda y laboriosa conjetura en donde el planteo no está en el triunfo nazi en la guerra, está en el comportamiento de quienes conviven con el suceso, de sus decisiones, de lo capaz que es el ser humano de normalizar el horror, de enceguecerse con el terror ajeno para sobrevivir, medrar. Despedimos una de las mejores series de ciencia ficción que supo utilizar el género como un laboratorio de ideas, que exagerando el drama muestra una escala plausible con que medirnos, un entretenimiento de impecable factura técnica, de esmerado elenco y atrevida, incomoda. De esas series que ya nadie parece tener interés, porque el horror está a la vuelta de la esquina. No es su designio, diremos, instruir o pontificar pero que acompaña los tiempos actuales no hay dudas.

[REVIEW] The Man in the High Castle: Temporada 4

¿Un final? Fuego de los dioses 

A propósito del final, cuando la máquina que abre el  túnel entre universos fluctúa, tenemos por fin la respuestas a las ensoñaciones de Juliana Crain cuando medita; esas en que el fallecido, asesinado, Nobusuke Tagomi le advierte que aún no es tiempo. El túnel por fin funciona como su naturaleza le dicta, sin imposición mecánica y humana, y se abre en ambas bocas. El multiverso es ahora una autopista que el hombre podrá recorrer a su antojo. Suceso que se da, sin casualidad alguna, al ser derrotado el Reich estadounidense y muere su líder. Y si rizamos el rizo, es la liberación final, la trascendencia del hombre en el espacio y tiempo, una imagen también que recuerda al juicio final cuando Satanás es derrotado y las almas son liberadas del infierno al que en un principio fueron condenadas por esa entidad que los manipuló, los maldijo y pervirtió. La derrota del mal. Hawthorne Abendsen camina hacia la luz en busca de ese universo que solo advirtió en sus películas, esas que lo iniciaron todo. Con la misión cumplida ahora solo resta perderse en ese dorado halo del que alguna vez surgió y parece no recordar.


[REVIEW] The Man in the High Castle: Temporada 4

Título: El hombre en el castillo (The Man in the High Castle – 2015/19)

Dirección: Frank Spotnitz (Creador), Daniel Percival, Nelson McCormick, John Fawcett, Rachel Leiterman, Charlotte Brändström, Julie Hébert, Richard Heus, Frederick E.O. Toye

Guion: Frank Spotnitz (Novela: Philip K. Dick)

Reparto: Luke Kleintank, Arnold Chun, Alexa Davalos, Bernhard Forcher, Joel de la Fuente, Rupert Evans, Lee Shorten, Mayumi Yoshida, Steve Byers, Daisuke Tsuji, Aaron Blakely, Rufus Sewell, DJ Qualls, Michael Gaston, Yuki Matsuzaki, Chelah Horsdal, Tao Okamoto, Cary-Hiroyuki Tagawa

Adaptación de la novela homónima de Philip K. Dick «El hombre en el castillo». Las fuerzas del Eje (Alemania y Japón) ganaron la II Guerra Mundial y ahora Estados Unidos está dividida en tres partes. Joe Blake, un luchador de la resistencia, parte de la Nueva York alemana con un misterioso cargamento hacia la zona neutral de Colorado. Por su parte, en la San Francisco japonesa, Juliana Crane recibe de manos de su hermana unas filmaciones que muestran una realidad alternativa en la que los aliados ganan la guerra.

 

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Acerca de Marco Guillén 2533 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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