[REVIEW] Los dos papas: Perdóname padre, porque he pecado

Escrita por Anthony McCarten y dirigida por Fernando Meirelles, protagonizada por Jonathan Pryce y Anthony Hopkins, esta valiosa entrega de Netflix se exhibe desde hace 15 días en selectas salas de cine y este viernes 20 se estrenó en la plataforma de streaming a nivel mundial. La película muestra 2 visiones contrapuestas del mundo actual a través de las charlas imaginarias entre Benedicto XVI y Jorge Bergoglio, luego Francisco I, durante una de las transiciones de poder más importantes de los últimos siglos.

Por @Gimei18

La película del director brasileño Fernando Meirelles (nominado al Oscar por Ciudad de Dios, 2002) y el guionista Anthony McCarten (La teoría del todo, 2014; Las horas más oscuras, 2017 y Rapsodia Bohemia, 2018) tuvo su estreno latinoamericano en la Facultad de Derecho de Buenos Aires con la presencia de Bergoglio en sus 2 edades, Jonathan Pryce y Juan Minujín.

En 2013, luego de 700 años, un Papa renunció a su puesto en el Vaticano como líder de la Iglesia Católica. Esto significó, a nivel mundial, un cambio de paradigma en muchos sentidos que esta película logra señalar. Los dos Papas (2019) es una adaptación más liviana de una obra de teatro de Anthony McCarten que narra un encuentro ficticio entre los 2 religiosos con charlas profundas y banalidades sobre comer pizza con Fanta juntos.

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En 2012, Bergoglio (Jonathan Pryce) viaja al Vaticano a ver a Benedicto XVI (Anthony Hopkins) con el fin de solicitar su permiso para renunciar al cargo de Cardenal, ya que se encontraba en desacuerdo con algunos caminos que la Iglesia había tomado. Pero antes que eso sucediera, la película muestra una historia paralela donde Benedicto hubiese convocado a Bergoglio a la Santa Sede para convivir unos días allí y poder hacer a un lado sus diferencias en unos encuentros dialécticos de gran profundidad. La idea de todo esto fue la decisión de Benedicto XVI de abdicar y convertirse así en el primer ex-Papa vivo desde el siglo XV. Que el Arzobispo de Buenos Aires fuera elegido el nuevo Papa fue la gran sorpresa para el mundo, que sólo veía las enormes diferencias filosóficas y morales entre los 2.

A través de un cuidado montaje, se muestran flashbacks del joven Bergoglio (Juan Minujín), donde no todo es color de rosa, sobre todo cuando hace hincapié en la relación del actual Papa con la Dictadura de 1976, colaborando, o por lo menos, haciendo oídos sordos de las atrocidades del régimen militar y con encuentros con Emilio Massera, integrante de la Junta Militar Argentina del Proceso. Un ejemplo de esto es cuando Bergoglio, a cargo de la Orden Jesuita en Argentina, les quita los permisos de dar Misa a los curas de la Villa de Bajo Flores, Francisco Jalics y Orlando Yorio, que luego son secuestrados por el Estado.

Por otro lado, se lo expone a Bergoglio, años antes de su asunción a Papa, dando Misa en las villas de Buenos Aires, pronunciándose en contra de la concentración de la riqueza, la malversación de fondos de los Bancos, la pedofilia por parte de sacerdotes (aunque este tema no es primordial y sólo se toca con piecitos de algodón, como quien no quiere meterse en terreno escabroso).

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La película muestra aspectos poco conocidos de la historia del actual Papa, como la relación amorosa que abandonó por su compromiso religioso o ese terrible pasado atado a la Dictadura Militar que lo llevó a cometer el error del que todavía hoy se arrepiente. También muestra otras características más íntimas e informales como el porqué de la elección de su nombre o su pasión por el fútbol y el tango.

Si bien fue publicitada como, quizás, una historia marcada por los secretos de la gran institución eclesiástica, no deja de ser una comedia efectiva con 2 enormes interpretaciones que da gusto ver; Anthony Hopkins como Benedicto XVI, ese octogenario fanático de la gaseosa Fanta y de la serie de TV “Rex, un policia diferente”, y Jonathan Pryce, en la piel de Francisco I (el parecido con el verdadero hace que muchas veces en la película uno se pregunte si es ficción o realidad la escena que se está viendo), un cura canchero, con una visión muy cambiada y flexible con respecto a la del alemán y a la que él mismo tenía décadas atrás, fanático del fútbol, puntualmente de San Lorenzo, de la pizza y el vino tinto. Desde el principio queda claro que, llegado el momento, ambos van a olvidar esas diferencias y serán capaces de compartir buenos momentos, pero resulta entretenido ver cómo llegan a ese punto de bailar un tango abrazados en la puerta del Vaticano.

Digno de aplausos de pie es el tándem interpretativo en el que se construye esta adaptación cinematográfica de una obra teatral. Esto potencia de manera increíble la historia y la expectativa de la audiencia. Como se mencionó antes, Pryce/ Bergoglio se confunde muchas veces sin llegar a darse cuenta si es una interpretación del actor o un montaje digital del Papa en la narración. Cada vez que aparece en pantalla es imposible no se escape una sonrisa con sus ocurrencias.

El parecido de Hopkins con Ratzinger es menor, pero la potencia de su actuación deja atrás esa búsqueda de semejanza física. Cabe mencionar que ambos intérpretes han recibido nominaciones al Globo de Oro por su trabajo, y ahora habrá que esperar por los Oscar. Sus personajes exponen todas las contradicciones espirituales, psicológicas y morales de 2 personas que, más allá de su poder eclesiástico, son hombres con pasados turbios e inquietudes normales.

Quizás, casi como una contradicción a la exposición hasta acá realizada, la argentinidad de Bergoglio se ve en cada escena y hasta se siente ridiculizada de a ratos; el fútbol como un todo para el argentino y el paneo de 2 voluptuosas mediáticas de bajo presupuesto hacen que el gentilicio de nuestro país se vea gracioso y mediocre, aunque claro, esto solo lo nota quien es argentino como el Papa (Dato de color que no podemos pasar por alto es la aparición de las mediáticas Xipolitakis en una escena entre créditos).

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Una jugada osada, pero que salió muy bien, fue poner el foco en el pasado de Francisco, cuando todavía era conocido como Jorge Bergoglio. El actor Juan Minujín interpreta al Cardenal durante los flashbacks sobre su juventud en Argentina, una figura odiada por sus coterráneos, muy criticado por no proteger al clero de la junta militar, una estigmatización que aún lo persigue entre los argentinos. Son varios los actores locales que acompañan a Minujín, como María Ucedo, Cristina Banegas y Germán Da Silva.

Confeso adepto del Papa Francisco, Meirelles construye un relato que se acerca a las memorias del  argentino. La película se centra en la relación de tensión primero y luego amistad entre los últimos líderes de la Iglesia Católica: el conservador Ratzinger y el reformista Bergoglio. El espectador se convierte así en testigo de estas charlas entre ellos 2 y pone el foco en conocer la historia del argentino, ya que del alemán casi no se dice nada de su pasado.

El guion de Anthony McCarten consigue un exacto equilibrio entre la historia de estos líderes y sus errores con una edulcorada amistad con amable sentido del humor. Una construcción dialéctica como pocas, que no le escapa a temas polémicos aunque sin profundizar en ellos. Meirelles le da a Francisco la oportunidad de ser perdonado por la controversial relación que mantuvo con la dictadura militar argentina y, por otro lado, se mantiene al margen de los vínculos que Ratzinger mantuvo con el nazismo; sólo nombra por arriba el silencio que mantuvo el alemán respecto de los abusos sexuales en las instituciones religiosas.

Es una película cuidada y entretenida que lleva a la reflexión y debate sobre la amistad, los errores del pasado, la redención, la religión y la política. Un relato lleno de humor y sensibilidad mostrando a 2 personas auténticas, más allá de ser líderes mundiales, con ideas completamente opuestas pero abocadas a entenderse de la mejor manera por un bien mayor. Trata un tema controversial de una forma liviana y atractiva para el público, con un humor inteligente y ágil, presentando la comida y el fútbol para resaltar diferencias culturales e ideológicas y sin adentrarse en temas complejos. Una historia que recuerda que el pasado está siempre con uno y no existe la expiación total, sino aprender a perdonarse y perdonar a otros para vivir en paz. Una buena opción para conseguir otros puntos de vista sobre temas profundos, sin complicarse la existencia.

PUNTAJE: 8.5/10


Título original: Los dos papas (The Two Popes-2019)2232955

Dirección: Fernando Meirelles.

Guion: Anthony McCarten.

Música: Bryce Dessner.

Fotografía: César Charlone.

Reparto: Jonathan Pryce, Anthony Hopkins, Juan Minujín, Cristina Banegas, Sidney Cole, Luis Gnecco, Federico Torre, María Ucedo, Thomas D Williams, Pablo Trimarchi.

Explora la relación entre el Papa Benedicto y el Papa Francisco, dos de los líderes más poderosos de la Iglesia Católica, que deben abordar sus propios pasados ​​y las demandas del mundo moderno para que la institución avance.

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