[REVIEW] A Christmas Carol

Robert Viglasky/FX

Si llegan en busca de una historia sobre la esperanza del perdón y la salvación, no están en el sitio adecuado.

Por @mauvais1

No será una feliz navidad para Ebenezer Scrooge (Guy Pearce), sí apenas un esbozo de tiempos de reconciliación. Tal vez al finalizar, el tercer episodio, y cuando la cámara lo abandona en las nevadas calles de los andurriales de Londres, el hombre que allí queda y sonríe, llegue a su casa, cene con su sobrino y brinde por la memoria de su difunta hermana, ese héroe anónimo que lo rescato cuando niño y nunca fue, claro, reconocida. Luego regrese a su mansión, ese vacuo mausoleo de madera y tenue luz azulada y venda todo para donarlo a quienes él mismo condenó. Y quizás siga y siga, nunca terminando y continuando como un espíritu más que está para recordar a los injustos y pecadores que pagar, nunca se termina de pagarlo todo.

Steven Knight (Peaky Blinders, Taboo) reescribe el ya mítico relato de navidad británica que ideara Charles Dickens en 1843 y lo trastoca hasta convertirlo en una sombría y cínica fábula sobre la oscuridad en que los heridos se ocultan hasta olvidar la luz. Quieta, solemne y austera, la filosófica y metafísica propuesta de este «Cuento de Navidad» no está interesada en la recuperación; en la redención. El abrazo a lo festivo de esa época, sin cuestionar el espíritu humano que allí se oculta, en la brillante luz de una felicidad que por única vez en el año reúne a gran parte de la humanidad.

Nada de eso se verá aquí. Las calles de Londres son tan sombrías y puritanas como las muecas del mismo Scrooge. No hay contraste entre él y el mundo, son lo mismo, y por lo tanto imposible de separar uno del otro. No enfrenta un festival de luces y decoraciones, de villancicos y saludos afectuosos. Él verá afuera lo que es él por dentro. Este «A Christmas Carol» es una disquisición entre el hombre y el alma que carga.

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Bien lo dice el protagonista al inicio, sobre las mentiras que nos contamos para ocultar por solo un instante la bestia humana. En voz alta, engolada y discursiva filosofa sobre el espíritu humano midiéndolo con su retorcida vara, mientras ve a la prostituta postrada en la nieve, al trapero, el hambre de los pobres. Su hipócrita postura se ve solventada por un mundo gris e indigente. Un reflejo desaforado de su quieta indolencia.

Nick Murphy (del que recomendamos encarecidamente Save Me), director de los tres episodios, alimenta el desasosiego con sus espacios eternos, con la morosidad de una luz que solo engorda sombras alrededor de los de los actores. La misma vacuidad que Si Bell atestigua con su fotografía. Los estándares de la BBC, en tema de producción son más que conocidos para quienes frecuentamos sus productos. No así, y más viniendo de ellos, esta experiencia aterradora donde ubica a los personajes creados por Dickens (arquetipos de un relato moralizante) en una pedestre y vana posición mortal, cercana al pensamiento actual. Porque de eso se nutre esta versión, de una crítica feroz al capitalismo especulativo, a la desidia de los empresarios que solo piensan en ganancias, a la desesperación de los pobres, al pesimismo sobre hallar una salida a ese círculo.

Para esto, el guionista, hunde a Ebenezer Scrooge en una densa e insalvable cuenta de crueldades. Tal es la proporción, que a ojo de buen cubero, se necesitaría un ejército de espíritus para socorrerlo. Porque además, él entra en el espeluznante recorrido de los espíritus navideños con la lúdica resolución de ser el vencedor de la contienda.

Jacob Marley (Stephen Graham) así lo argumenta, es imposible espantar tanta negrura, derretir semejante angustia y enfado. A propósito de este, el desarrollo propuesto de sus andares de fantasma encadenado por ese mar de olvidados árboles navideños, su intranquila miseria en lo profundo de la tumba en la que no tiene descanso, interrumpe el verdadero motivo de su creación que es ser el primer y aterrador encuentro con lo desconocido en que nos adentra el autor. Una presencia que evoca las tenebrosas ausencias sobre el sitio que habitan los muertos.

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¿Quien sabe qué persigue el amanuense de esta historia? Las pocas almas que conjuraban la esencia de las festividades en este villancico son también puestas a cargar con la penumbra del alma humana. Mary Cratchit (Vinette Robinson) es juzgada y condenada en su desesperada desesperanza. Un Sísifo de menor cuantía veremos al compararlo con Scrooge, pero que aún así miente y oculta a sus seres queridos. Nadie estará a salvo de estos todopoderosos espectros aunque ella si pueda en su infinita tristeza convocarlos.

Más allá de las magníficas interpretaciones y producción, la versión 2019 de A Christmas Carol no habla de esperanza y paz para los hombres de buena voluntad. Desiste de la metáfora, esa que convertía al espíritu de las navidades pasadas en un jovial gordo vestido de rojo y muérdago, que era nada menos que lo dorado que se presenta el pasado en la memoria gris del presente. Esa suerte de «todo tiempo pasado fue mejor» y que al evocar a los niños famélicos Necesidad y Ignorancia, rompía con ese falso hechizo. Andy Serkis, con su fantasma de las navidades pasadas, es tan oscuro y pesaroso como el de las futuras. Como si nos tropezáramos con un abatido de larga y rumiada miseria.

Cercano al estudio de personaje, presiona con una realidad ominosa y desoladora. Es el causante de muertes, pobreza y humillación, es apático y brillante, colmado de trastornos por traumas de su pasado. Este Ebenezer Scrooge es una suerte de cruel epifanía sobre la maldad humana, no vulgar y simple, sino más bien compleja y turbadora. Y tan abocado estaba en plantearlo de esta manera, el guionista, que olvidó el viaje; que después de todo esto era una historia sobre el rescate de un alma, la liberación de este herido y oculto personaje, que a pesar de sus cicatrices podía dejar la oscuridad y abrazar la luz de la salvación.


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Título: A Christmas Carol

Dirección: Nick Murphy.

Guion: Steven Knight (Novela: Charles Dickens).

Música: Volker Bertelmann, Dustin O’Halloran.

Fotografía: Si Bell.

Reparto: Guy Pearce, Stephen Graham, Andy Serkis, Joe Alwyn, Charlotte Riley, Vinette Robinson, Lenny Rush, Tiarna Williams, Thea Achillea, Billy Barratt, Emma Caraman, Paul Chahidi, Natasha Culzac, Ninette Finch, Jason Flemyng, Vince Hanratty, Johnny Harris,

Miniserie: 3 episodios.

Ebenezer Scrooge, un anciano arisco, odia la Navidad y todo lo que simboliza para el resto de la gente. Pero una noche, recibe la visita de tres fantasmas del pasado, presente y futuro que le enseñarán algo que hará cambiar su forma de ver las cosas. Nueva adaptación de la clásica novela de Charles Dickens.

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Acerca de Marco Guillén 2555 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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