[REVIEW] Locke & Key – Temporada 1

«Universos compartidos» podría ser nuestra primera impresión al finalizar la temporada, que insólitamente cuenta con diez episodios. Sí, comenzamos advirtiendo que tantos nos parecen una prolongación desacertada a una historia que tiende, y justamente por ello, a extenderse en demasía y perder un tanto el gancho inicial. Pero ordenemos este prólogo.

Por @mauvais1

La historia original pertenece a Joe Hill (sí, Joseph Hillstrom King), el mismo autor de la esencial «Horns» (2010) y la conocida «NOS4A2» (2013), que se inicia en las grapas comiqueras con este batiburrillo que homenajea, a falta de otros términos, a escritores del género como H. P. Lovecraft (el pueblo en la ficción lleva el apellido del autor) y por supuesto a las creaciones de su padre Stephen King. Mencionaremos también porque de casas hechizadas hablamos y puertas a otros universos; Margaret Oliphant y «La Puerta Abierta» y el que nos resulta más cercano aún «La Casa en el Confín de la Tierra« de W. H. Hodgson.

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«Me sentí en el borde del mundo; mirando por encima del borde en un caos insondable de la noche eterna».

H. P. Lovecraft

Los mundos alternos, la vastedad de la oscuridad cósmica y ancestral oteando nuestra precaria realidad con su inmisericorde y aterrador ojo, a veces inmiscuyéndose para horror y locura de los hombres. Esa es su naturaleza primordial y gran parte del acervo de este relato en viñetas. Carlton Cuse y Meredith Averill toman esta historia para contar una epopeya coming of age que reduce el amplísimo universo creado por el autor original en vez de proponer una visión tridimensional de la misma. El tema de la adaptación siempre sale a cuento cuando esto sucede. La traslación de la historia a imágenes, serializada o cinematográfica, con mayor o menor medida de rigurosidad es una discusión de nunca acabar en verdad, pero en este caso el rico bagaje histórico hubiera sostenido mucho mejor el relato de los protagonistas y las magnitudes de fuerzas que ellos enfrenta.

No hay en ningún momento una explicación o referencia al pasado distante de los Locke y sus misterios, vaciando así la enorme mansión de todos sus atributos que la hacen particular entre otras, además de sugerir un misterio ancestral que daría cobijo a tanto ir, encontrar y utilizar que muestra la serie.

Tras el asesinato a sangre fría de Rendell Locke, su familia se muda a Matheson, pequeño pueblo de Massachusetts, a la mansión perteneciente a los Locke. La madre Nina Locke y sus tres hijos; Tyler, Kinsey y Bode (el brillante Jackson Robert Scott que interpretó a Georgie en «IT» -2017-). En la casa descubrirán una serie de llaves, aparentemente mágicas, que una entidad vista en un comienzo como una voz, un eco en un pozo de agua seco, quiere poseer a toda costa. Sin ir más lejos esa sería la sinopsis que da juego al resto de la aventura. Una que se mece sin equilibrio entre una aventura infantil como «The Goonies» (ese clásico de Richard Donner de 1985) y, ya que estamos en familia, «The Haunting of Hill House» de Mike Flanagan, que justamente comparte a Meredith Averill en su ficha técnica.

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Entonces entramos en la referencia a los universos compartidos que antes mencionamos; porque la aventura infantil frente a un ente inconmensurable capaz de las atrocidades más descabelladas nos retrotrae sin esfuerzo al «IT» de Stephen King y esa carrera por derrotarlo en su territorio, que pueblan solo los niños – hasta los dieciocho años -, ya que los adultos no lo perciben, y claro, la conformación de un variopinto grupo de protagonistas adolescentes que de a poco irán comprendiendo a lo que se enfrentan. El matizarlo con historias propias de la edad, sobre el autodescubrimiento, la pérdida de los miedos, los traumas y primeros escarceos con el amor no está de más, ya que es lo propio de tales relatos. Pero el misterio que los niños intentan desentrañar es también ignorado por el espectador y por eso no se llega a apreciar la enormidad de lo que enfrentan.

Como si de un juego de roles se tratara, la búsqueda, encuentro y utilización de las llaves no trae aparejado ningún otro sentido que de contexto. Eso, junto a los cambios radicales del original que dan inicio a nuevas líneas históricas que enredan aún más la experiencia. El pequeño Bode Locke y su credulidad ante los eventos insertan la fantasía sin roce alguno, más allá de ser el personaje mejor interpretado, pero su historia no trasciende el juego de encontrar las llaves hasta bien entrada la serie.

¿Cuál es para nosotros el meollo de todo este asunto? La extensión sin sentido práctico de esta primera temporada. La misma no se usa para expandir el universo, se nota que solo es para cubrir tiempo en varios eventos que deberían sentirse menos forzados. Las historias de los hermanos mayores en la escuela, con sus día tras día, no genera ninguna expectativa en la trama ni solventa su tiempo en tomar, organizar, o comprender la mitología que rodea al pueblo y su mágica mansión. La conformación del grupo de amigos pudo llevar menos entuertos facilones, que divagan alejándonos de la tensión que debería provocar el drama central. Una pena porque al promediar los últimos episodios la historia cobra no solo velocidad en el relato y en despejar dudas primordiales, aunque nada trascendente en cuanto a la base mitológica, sino más bien en lograr el cliffhanger oportuno para obvias secuelas.

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Los universos compartidos retrotraen al espectador a un sinnúmero de otros eventos televisivos, seriales y literarios que puede que aceleren el pulso y haga de las expectativas un bulto difícil de esquivar. «It», «The Goonies», «The Haunting of Hill House», «La Casa en el Confín de la Tierra» y H. P. Lovecraft son algunos de los mencionados que el espectador encontrará (y seguro otros muchos más), y a postreras horas de su final desestimará como fallidos roces.

Más allá, acotamos que cuenta con una excelente producción, con Rory Cheyne (Hannibal, American Gods) y David Blass (The Boys) en la dirección del diseño de producción, y William Cheng (American Gods, y la futura Foundation de Apple TV+) en el arte. Un elenco que genera una interesante experiencia y directores como Vincenzo Natali (Westworld) y Tim Southam (Lost in Space), que comprenden la aventura pura y dura del grupo de niños. Que oscile entre el drama joven/adulto y la peripecia infantil no ayuda a proponer un target definitivo; no hay terror tampoco, aunque sí un thriller sobrenatural bastante ingenuo que tampoco colabora a la hora de definirlo.

Locke & Key, de Carlton Cuse y Meredith Averill, es una entretenida saga familiar y fantástica, extensa y sin muchas vueltas. La historia escrita por Aron Eli Coleite, Carlton Cuse, Albert Torres, Meredith Averill y Elizabeth Ann Phang jugó más por el lado de la ficción coming of age adolescente, lo cual no está mal, pero deja muchos traspiés en su vertiente de thriller sobrenatural y fantástico, que esperamos tenga mayor preeminencia en sus siguientes temporadas. De todas maneras, dejamos al espectador la última palabra, que esperamos se divierta con esta saga de los Locke y sus llaves mágicas.


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Título: Locke & Key

Dirección: Michael Morris, Vincenzo Natali, Tim Southam, Mark Tonderai y Dawn Wilkinson.

Guion: Aron Eli Coleite, Carlton Cuse, Albert Torres, Meredith Averill y Elizabeth Ann Phang (Cómic: Joe Hill).

Reparto: Connor Jessup, Emilia Jones, Jackson Robert Scott, Asha Bromfield, Kolton Stewart, Darby Stanchfield, Kevin Alves, Thomas Mitchell Barnet, Coby Bird, Laysla De Oliveira, Griffin Gluck, Eric Graise, Hallea Jones, Petrice Jones, Genevieve Kang, Sherri Saum, Bill Heck, Felix Mallard, Steven Williams, André Dae Kim, Nicole Stamp, Isai Rivera Blas, Chris Britton, Bobby Brown, Jesse Camacho, Chris Farquhar, Kaleb Horn y Ken Pak.

Después del asesinato de su padre, los hijos de Locke regresan a su casa ancestral en Nueva Inglaterra para descubrir que están rodeados de magia que sólo ellos pueden ver, y contra la que están destinados a pelear para terminar con los horrores que pueblan la ciudad de Matheson (Massachusetts).

 

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Acerca de Marco Guillén 2794 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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