[OPINIÓN] Sex Education: La información es poder

La segunda entrega de la serie producida por Netflix, Sex Education, presenta un prometedor giro acerca de las relaciones, los lazos familiares, el abuso en todas sus formas, la amistad, la sexualidad y muchas aristas más.

Por @belumontiel

La vida de Otis (Asa Butterfield) se remonta al descubrimiento sexual del placer individual. Siguiendo con sus consejos de terapeuta sexual, su madre, la Dra. Jean Milburn (Gillian Anderson) comienza a ser consejera de la escuela Moordale sin saber de las sesiones que su hijo tenía tanto con sus compañeros como con alumnos de otros cursos.

Maeve (Emma Mackey), por lo pronto, vuelve a estar en las redes de su madre drogadicta, que le implora asilo en su hogar luego de pelearse con quien es ese momento era su pareja.

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Pero ¿Qué es lo que hace tan especial a esta segunda temporada que, tal vez, no llegamos a ver del todo en la primer parte? Los temas centrales a los que apunta son de lo más acertado en este contexto en el que vivimos, tanto para jóvenes como para adultos. Y gracias a series como esta, podemos ver la realidad que sufren los varones y mujeres de los colegios.

La educación sexual como materia primordial  debería ser una norma totalmente válida. Cada episodio es una lección sobre sexo, drogas, amor y relaciones parentales.

Uno de los momentos mayor vividos es la denuncia de un acoso sexual de una de las mujeres dentro de un transporte público. Las mujeres viven cientos de situaciones similares al año y de las que son muy difíciles de denunciar, dejándolo como algo que “simplemente pasó” y hasta haciéndonos responsables de los actos de estos seres. La superioridad del machismo ante estos momentos son el claro ejemplo de cómo hasta hace poco se tomaban como “aislados” y “normales” dejando a la víctima como la provocadora.

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Sale a la luz la fuerza del feminismo y la sororidad entre pares formando un grupo de apoyo para si afrontar entre todas un problema que deja de ser individual para pasar a ser colectivo.

El primer capítulo es el ejemplo más claro de la falta de educación que sufren los estudiantes ante, como es en este caso, la enfermedad de transmisión sexual nombrada como clamidia. Ya que antes la falta de interés de directivos de proponer un programa para brindar charlas sobre ESI (educación sexual integral) las voces comienzan a correr y las mentiras sobre esta enfermedad empiezan a crecer.

Sex educación (2019) creada por Laurie Nunn y producida por Netflix, apunta a acceder a la información y al conocimiento para explorar las diversas aéreas de la sexualidad; la pansexualidad, la homosexualidad y el abanico de deseos que mueven a cada uno de los protagonistas. No solo a los jóvenes sino a los adultos que atraviesan deseos que no han experimentado aún.

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Es por eso que nos encariñamos tanto con el personaje al que interpreta Asa Butterfield, porque transmite el mensaje más claro que se pueda dar: siempre que exista consentimiento entre ambas partes no va a importar el deseo u orientación sexual que cada uno quiera darle a su vida.

Es ahí cuando esta serie comienza a ser una serie política. Mostrando la desaparición de tabúes a la identidad sexual. Como las personas de cuerpos hegemónicos también mantienen relaciones. Como ejemplo tenemos a Eric (Ncuti Gatwa), el mejor amigo de Otis, quien se viste de la manera más genial y estrafalaria y así sin más, no es juzgado sino que lo hace con orgullo de mostrar en sociedad quien quiere ser, dejando de lado los malos ratos que pasa y hemos visto en la primer entrega.

El mundo está cambiando y se divide en las personas que acompañan ese gran giro y en la gente que retrocede y nos acepta la realidad del contexto actual.

Sex educación no repara los conflictos pero abre un abanico a ciertas situaciones que cualquier adolescente y/o adulto vive día a día. Por eso mismo la educación sexual es el elemento clave para que la víctima no se convierta en victimario. No existen recetas secretas de cómo llevar a cabo una charla con padres ni tampoco cómo reaccionar a cambios hormonales, pero lo que si deja latente es que la duda siempre es la oportunidad. La oportunidad de animarse a ser lo que uno desee. Más allá del sexo, sino también de las pasiones que nos mueven.

Se mete de lleno en la decepción que una persona siente al no tener los mismos deseos que su pareja y cómo lidiar con ese conflicto desde la manera más sana y placentera.

Por eso me animo a decir que es una serie altamente recomendable no para aprender educación sexual, sino para indagar, investigar  proponer, porque el conocimiento es poder.

Si todavía no la vieron, acá les dejamos el avance de esta espectacular segunda parte:

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