Retrospectiva Bastarda: «Escape from New York» (1981), de John Carpenter

escape from new york

Una de las películas más famosas en las videotiendas de los 80’s y uno de los mejores pósters, que se dice tendrá un remake, lo que confirma a John Carpenter como un autor infravalorado por la crítica pero querido por todos nosotros, los amantes del fantástico.

Por @santiagufranco

Previamente, en la retrospectiva que hicimos sobre They Live, mencionamos la influencia que tiene el western sobre John Carpenter. El director estadounidense es un confeso fanático de Rio Bravo de Howard Hawks y no es difícil encontrar en su filmografía evidencia de ello. En cierta medida Asalto al precinto 13 es una revisitación a aquélla obra maestra y tampoco es casualidad que haya dirigido el remake de La Cosa del Otro Mundo de 1951, película de serie B dirigida extraoficialmente por Hawks.

Pues en 1981 decide trabajar nuevamente con Kurt Russell, con quien había colaborado previamente en una película para televisión sobre Elvis Presley, y quien se convertirá en su actor fetiche; en esta ocasión nos entregarán una historia distópica en la que la isla de Manhattan se ha convertido en una prisión para los más peligrosos delincuentes de los Estados Unidos, todo ello mediante un muro de contención alrededor de ella protegida desde afuera por agentes de la ley y desde adentro por nadie; impera dentro de esta ciudad- prisión la ley del más fuerte, la anarquía y la violencia como arma para ganar poder. Toda esta información nos la entrega una voz en off interpretada por Jamie Lee Curtis en los primeros minutos de visionado.

El nudo de la historia radica en el secuestro del presidente de la nación después de un accidente de avión sobre la isla y la necesidad de rescatarlo del lugar más peligroso del país, pues no solo se trata de su vida sino del equilibrio de fuerzas en el mundo y una posible guerra a estallar en ciernes. Para ello se recurrirá a la ayuda de Snake Plissken, interpretado por Russell, ex veterano de una guerra previa y además delincuente prófugo recientemente arrestado; a él se le ofrecerán beneficios con la condición de que entre a la prisión de máxima seguridad por su cuenta y rescate al presidente.

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Lo primero a destacar de Escape from New York son sus premisas iniciales, todo un caldo de cultivo para que personas indeseables choquen sus voluntades y se impongan sus deseos sin importar las consecuencias, cuánto más violentas, más efectivas. En ese sentido los personajes y las situaciones se acercan más al spaghetti western que al western clásico. No en vano Kurt Russell se inspiró en Clint Eastwood para su caracterización y una de sus contrapartes es nada menos que Lee Van Cleef, como si de una cinta de Sergio Leone se tratase. Como en la trilogía del dólar vemos a personas con las que no empatizamos demasiado, forajidos que responden a sus propios intereses, el imperio de la ley importa poco y nada dentro de la prisión e incluso fuera de ella, pues hasta su director está dispuesto a enviar a un convicto a hacer el trabajo que le corresponde a las fuerzas de seguridad legítimas. En ese sentido Plissken es un típico antihéroe de Leone y sus interacciones con Hauk (Van Cleef) bien podrían llevarse a cabo en una taberna polvorienta del oeste.

Otro aspecto a remarcar es su segundo acto en el que nos vemos inmersos en la atmósfera inquietante de la ciudad-prisión, llena de basura, en la que no quisiéramos estar ni un solo segundo; en ella Carpenter da rienda suelta a sus preferencias a la hora de contarnos una historia con planos abiertos de la ciudad mientras la cámara va siguiendo al personaje principal y recurriendo lo menos posible al corte; como dato curioso, en muchas de las escenas en las que vemos la ciudad y sus edificios abandonados se usa matte painting hecho por un tal James Cameron.

Nuevamente aparecen grupos de personas que no hablan, que más parecen zombies que seres humanos, como lo había hecho previamente en Asalto al precinto 13, en este caso también son pandilleros que pelean por territorios y comida. Y como en toda ausencia de la ley, siempre habrá alguien que adquiera poder y genere terror entre quienes no lo tienen, en este caso se trata del Duque, interpretado por Isaac Hayes, quien irá ganando importancia en la trama aunque el tercer acto sea irregular. Pero no sólo la fuerza bruta es protagonista de este pequeño infierno, también lo es la astucia encarnada en Harry Dean Stanton en uno de sus muchos e interesantes secundarios que siempre le aportaron cohesión y riqueza actoral a todas sus apariciones. En general Carpenter no es un genio de las escenas de acción y en las de peleas se nota bastante. La fotografía es una de las más interesantes de su carrera pues sigue contando con Dean Cundey y la reconocida música del propio director ambientando. En los 90’s volvieron a reunirse Russell y Carpenter para hacer la secuela Escape from L.A con resultados mucho menos interesantes y se ha hablado mucho de hacer una tercera llamada Escape de la Tierra pero se ha mantenido en simples rumores.

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Por último, pero no por ello menos importante, cabe decir que durante su metraje te encontrarás pasándola muy bien pues a día de hoy sigue siendo una de las películas más entretenidas y queridas por los fans del director estadounidense. Existen muchas cintas de perfección técnica pero hechas con una frialdad que en ocasiones te hacen ver el reloj. Y otras que no tendrán toda la calidad deseada pero con las que pasas un momento genial. Escape from New York es de éstas últimas, y desde Cuatro Bastardos te la recomendamos.


Título original: Escape from New York          escape from new york

Año: 1981.

Duración: 99 min.

País: Estados Unidos.

Dirección: John Carpenter.

Guion: John Carpenter y Nick Castle

Música: Alan Howarth y John Carpenter.

Fotografía: Dean Cundey.

Reparto: Kurt Russell, Lee Van Cleef, Ernest Borgnine, Donald Pleasence, Season Hubley, Isaac Hayes, Harry Dean Stanton, Adrienne Barbeau, Tom Atkins, Charles Cyphers.

Productora: AVCO Embassy Pictures / International Film Investors / Goldcrest Films International.

Año 1997. El avión del presidente de los Estados Unidos es secuestrado por un grupo radical, pero consigue sobrevivir y se encuentra solo en las calles de Nueva York, donde Manhattan se ha convertido en una enorme prisión de alta seguridad. Ante la imposibilidad de lanzar una acción convencional, por miedo a que maten al presidente, se decide enviar a un agente secreto para rescatarlo. El elegido es «Serpiente» Plissken, un conocido convicto al que todos daban por muerto.

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