[REVIEW] Los hermanos Willoughby

[REVIEW] Los hermanos Willoughby

Una estrafalaria aventura, una alocada animación, que juega a descubrir varios nuevos conceptos sobre el amor y lo que entendemos por familia.

Por @mauvais1

Aunque el amor ha sido una constante en la historia del hombre, no así su definición. El contenido corre a la par de la búsqueda, de la progresión histórica y, por qué no, de los afectos. Vamos, que hoy amar no es resultado de un sitio: familia/hogar, progenitor; sino más bien la construcción de ese amor por sobre las relaciones establecidas. «Amar» de a poco se libera de lastres para adecuarse a las nuevas perspectivas de pareja, familia, amistad.

Lois Lowry, en su libro, del que se basa la animación de Kris Pearn, Cory Evans y Rob Lodermeier, cuenta con irreverencia y prosa poética – así resulta la lectura del original – justamente una historia sobre la construcción del amor, más allá del ámbito en que todos suponen que debe estar. Concibe, y el film lo refleja, un cuento sobre la madurez a través del aprendizaje más cruel, entender que no todos son capaces, o si siquiera intentan, amarte; que este no es simplemente un atributo que llega con la paternidad, que se gana con ser un buen hijo o progenitor.

[REVIEW] Los hermanos Willoughby

La adaptación que escriben Kris Pearn y Mark Stanleigh, más allá de los cambios, no olvida que en definitiva es una historia de construcción de carácter, de madurar en lo que entendemos por amor. La crueldad con que conviven no ha dañado, aún, la inagotable energía creativa de los cuatro hermanos, Tim, Jane y los gemelos Barnaby A y B, ni su sentido de la aventura, quizás por herencia familiar, que les permite sobrevivir esa abusiva vida. Son los ausentes en un amor egoísta de adultos; detritos de un cariño, no su continuidad. Pero, y por ello, llegan a descubrir en la aventura con bebé Ruth, hallado en la puerta de la casa, la niñera y el comandante Melanoff, un nuevo concepto de los vínculos. Y no nos referimos a la madurez afectiva, aunque haya crecimiento sí, sino más bien a concebir también los roles desde otra perspectiva. Los villanos aquí, son adultos que eligen, más allá de la cómica estupidez, no amar a sus hijos. Ni siquiera, concebido como cuento clásico y tradicional, contempla el final feliz al uso.

Es una interesante propuesta que juega a redefinir conceptos y relaciones, en una colorida aventura con un estilo de animación que en función del guión se sostiene, desde el humor que propone, por medio del slapstick, y deja de lado  la blandura mañerista del 3D acostumbrado. De timing ágil, va directamente de pose a pose, las que siempre se presentan de modo descriptivo; y  su metraje, que pareciera exponer menos cuadros de lo habitual, como si tendiera a olvidar intermedios, logra una animación escalonada pero siempre estable que emula la calidez artesanal del stop motion.

Los hermanos Willoughby son un entretenimiento certero, bien ejecutado con mensaje interesante para los tiempos que corren, y que a su vez no olvida el divertimento infantil y familiar. Las familias se construyen eligiendo, no se elige a quien amar, pero sí se puede amar a quien elegimos para ser parte de nuestra historia. Es comprender esto sin dejar de sonreír, de jugar, de aventurarse; porque nadie sabe que puede suceder cuando se intenta.


[REVIEW] Los hermanos Willoughby

Título: Los Hermanos Willoughby (The Willoughbys – 2020)

Dirección: Kris Pearn, Cory Evans, Rob Lodermeier

Guion: Kris Pearn, Mark Stanleigh (Libro: Lois Lowry)

Música: Mark Mothersbaugh (Tema: Alessia Cara)

Fotografía: Sebastian Brodin, Rav Grewal

Reparto: Will Forte, Maya Rudolph, Alessia Cara, Terry Crews, Martin Short, Jane Krakowski, Seán Cullen, Ricky Gervais, Brian Drummond

Los hermanos Willoughby están convencidos de que sin sus (egoístas) padres les iría mucho mejor. Cuando consiguen mandarlos de vacaciones, los cuatro niños se embarcan en una aventura en busca del verdadero significado de la familia.

 

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Acerca de Marco Guillén 2671 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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