[REVIEW] La Jauría: La cacería ha comenzado

[REVIEW] La Jauría: La cacería ha comenzado

«Parece que, a pesar de los errores cometidos, nuestro país puede todavía enmendar su destino. A estos jóvenes, por lo tanto, no nos queda más que desearles lo mejor».

Kazuo Ishiguro (Un artista del mundo flotante – 1986)

Por @mauvais1

Las herencias son múltiples, que en el paso a las generaciones posteriores se hacinan como pilas inconexas; las propias de la genética familiar se suman las sociales, políticas, económicas, estructurales como para enlistarlas rápidamente y dejar sentado el sitio al que nos acercamos. Que las violaciones, abusos sexuales, de poder, que la discriminación, el ciberbullying, la carga social por ser pobre, lerdo, rico o morocho, la enorme variedad es un efervescente maremagnum que ya incontenible estalla y lo cubre todo, lo uniforma y mezcla. Este géiser es de alguna manera el marco en que se construye la serie que Amazon Prime Video estrenó el pasado 10 de julio.

Escrita por Lucía Puenzo, Paula Del Fierro, Enrique Videla y Leonel D’Agostino, la serie comienza con la desaparición de una adolescente, una militante del feminismo de 17 años que es víctima de una violación en manada y que permanece desaparecida. Llegar hasta ella es la primera clave de un conflicto que no ahorrará en subtramas, que aunque parezcan disímiles, se alinean a esa anteriormente mencionada irrupción de una verdad que en su arrebatada explosión no mide consecuencias. Hay algo de pase de factura, de reconstrucción de una voz silenciada por mucho tiempo, de denuncia y desarticulación de secretos, no solo para la sociedad chilena, que hoy pasa justamente por una de esas manifestaciones que volatilizan el todo, sino que también a cualquiera que todavía no ha podido cicatrizar las heridas como nación, sociedad e individuo.

Las tres protagonistas, Elisa Murillo (Daniela Vega), Antonia Zegers (Olivia Fernández) y María Gracia Omegna (Carla Farías) son de alguna manera la representación inequívoca de estas vertientes que convergen y arman a su alrededor no ya un caso de violación, secuestro y desaparición, también un universo de crímenes que lograron subsistir gracias a que los amparan las mismas potencias; el poder político, económico y religioso.

La serie de ocho episodios cuenta con un sólido elenco en todos los aspectos que equilibra el drama coral que de apoco va construyéndose y condensando, y que no olvida el clásico juego de todo thriller policial serializado de implantar pistas que luego irá descartando a medida que el final se acerca. Los diversos sospechosos aún así no son meros comparsas que distraen, surten el efecto de desmadre, dándole la capacidad de exponer más de una temática. No olvida que el femicidio es su base original y propuesta principal, pero atiende en el juego a los diferentes aspectos que construyen al caso. A medida que se despejan las incógnitas se revelan también que el abuso y el Statu quo ante bellum es la base fundacional de todas las manifestaciones que describen.

[REVIEW] La Jauría: La cacería ha comenzado

Statu quo ante bellum

La frase es muy utilizada cuando se habla del rompimiento de cánones sociales establecidos, del estado de las cosas de un determinado momento en general siempre antepuesto con un «fractura o rompimiento», pero también el Statu Quo es una reducción de una frase. El Statu quo ante bellum es una forma diplomática de decir que las cosas volverán a ser lo mismo que antes de la guerra, que todo después de las masacres, destrucción y pérdidas de vidas volverá a su estado original. Nunca mejor expresado a lo que se enfrentan las tres protagonistas al iniciar la investigación, una suerte de círculo que aunque por un instante las atrape y logren liberarse, lo harán con cicatrices, pérdidas irreparables y la sensación de que nada acaba. Porque no es solo una red de secuestradores y violadores, de corruptos y machistas de extrema derecha (este último casi un oxímoron) sino que con un sistema implantado durante milenios que se cree es el único capaz de mantener en movimiento la civilización.

Por qué esto, sucede que ellas podrían haber representado esa otra oportunidad de generar una nueva práctica; cuando se enfrentan a los hombres que detentan algún tipo de poder en sus realidades personales o profesionales, crean una nueva vertiente que podría significar un cambio pero a fuerza de un guion que debe establecer el thriller de acción policial cae en los tropos clásicos de este fogueando el ejercicio. De todas maneras es interesante, más allá de encontrar al villano, la historia repasa acciones y construcciones sociales que en su perversidad son normalizadas exponiendo a las mujeres a una aberrante situación de indefensión, a un mansplaining y misoginia que no contempla edad, profesión o situación social, el universo obcecadamente estático de Chile.

Es coherente en sus exposiciones, constante en su pesadilla de thriller policial, de excelente producción y un elenco formidable, en su totalidad. «La Jauría» crea en su desarrollo un trío de protagonistas con que el espectador simpatiza inmediatamente. La lucha es cruel y desmedida, cruda y por momentos incómoda, más aún si el televidente comienza a atar cabos con casos reales sombríamente parecidos a los expuestos. El tono, las definiciones, todo elabora un drama social de muchas vertientes que genera debate. Y algo que particularmente le sucede a este reseñador, es la inquietud de saber más sobre ellas, de querer más historias protagonizadas por ellas. Y en particular el trabajo de Daniela Vega y su Elisa Murillo que es francamente fascinante.


[REVIEW] La Jauría: La cacería ha comenzado

Título: La jauría

Dirección: Lucía Puenzo, Nicolás Puenzo, Marialy Rivas, Sergio Castro San Martín.

Guion: Lucía Puenzo, Paula Del Fierro, Enrique Videla, Leonel D’Agostino, Julio Rojas.

Reparto: Claudia Di Girolamo, Mariana Di Girolamo, Daniela Vega, Antonia Zegers, María Gracia Omegna, Alfredo Castro, Luis Gnecco, Francisco Reyes, Amparo Noguera, Daniel Muñoz, Marcelo Alonso, Alberto Guerra, Antonia Giesen, Alejandro Goic, Giordano Rossi, Paula Luchsinger, Anita Tijoux, Francisco Pérez-Bannen.

Distribuida por Amazon Prime Video. producida por Fábula, Fremantle Media North America, Kapow.

8 Episodios.

Blanca Ibarra (Antonia Giesen), de 17 años, estudiante y líder de un movimiento feminista, desaparece en medio de una protesta organizada por un grupo de alumnas del colegio Santa Inés tras un supuesto caso de abuso entre un profesor y una estudiante. Horas más tarde, una grabación de la joven siendo violada por un grupo de hombres aparece on line y se vuelve viral en las redes sociales. Esto provoca una frenética búsqueda para dar con el paradero de Blanca y de los responsables del hecho. Inicialmente no hay pistas, pero pronto Elisa Murillo (Daniela Vega), Olivia Fernández (Antonia Zegers) y Carla Farías (María Gracia Omegna), pertenecientes a la unidad policial especializada en delitos de género, descubren que todos los sospechosos integran un grupo de chat llamado «La Jauría de lobos». Detrás de esto estarían involucrados un profesor (Marcelo Alonso), un sacerdote (Francisco Reyes), un psicólogo (Alberto Guerra) e incluso el propio padre de Blanca (Daniel Muñoz).

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Acerca de Marco Guillén 2831 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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