[REVIEW] Koma: Sumergidos en los mundos de Nikita Argunov

[REVIEW] Koma

Un universo construido de memorias ajenas y la oportunidad de construir puentes en ellas.

Por @mauvais1

Los universos oníricos han sido explorados en una gran variedad de películas, y particularmente recuerdo The Cell (2000) del errático, pero siempre potente visualmente hablando, Tarsem Singh como mi primer encuentro con este tópico. Remanentes o ecos de esto veríamos luego en The Fall; universos capaces de generar sus propias leyes físicas,  de mutar y revitalizarse a través de la capacidad de la mente humana de dar cuerpo a nuevas maravillas, inconscientes o no. Lejos de realidades paralelas o dimensiones, es presentado como algo vivo y en continua expansión dentro de cada uno de los seres humanos, fascinante por su alcance.

Para quien escribe la madurez llegaría con, el universo onírico, de Christopher Nolan e Inception; una manera mucho más cerebral, cercana a una disección psicológica que una aventura fantástica. Ciertamente por eso es catalogada como ciencia ficción; la cornucopia visual era una bien pensada construcción de las diferentes etapas de la mente humana, cada una con sus leyes establecidas, convencionales y hasta universales, puesto que se daban sin diferencia alguna en todos los personajes, tal así que se podía no solo mapear la ensoñación también planear robos.

Pues de alguna manera, Timofei Dekin, Aleksey Gravitskiy y Nikita Argunov (también director de la esta) guionistas del film parecen querer rescatar el sentido más fantástico del tema, donde los personajes son capaces de desarrollar habilidades especiales en las neuronales carreteras de este universo. Aquí la premisa se supedita, y teniendo en cuenta la trama cuasi policial de entremedio, a una aventura, un tour de force por ese alucinatorio escenario. Y entonces volvemos a Tarsem Singh, porque parecen ambos, Singh y Nikita Argunov, anteponer el espectáculo por sobre la trama.

[REVIEW] Koma

Sabemos, desde el comienzo, que este sitio está construido a base de recuerdos de los pacientes en coma, que todo lo que lo habita es la construcción de mentes que parecen trabajar como una colmena, cada una dándole un sin fin de posibilidades arquitectónicas y por lo tanto, también, una variedad de leyes físicas a veces contradictorias entre sí. Al ver Koma o Sumergidos, como se tradujo para el espectador de habla española, se viene también a la memoria, disculpará el lector tanto memento, la teoría que un amigo tenía sobre Dungeons & Dragons, la serie animada, en que exponía con un sin fin de detalles que los niños se habían accidentado en la montaña rusa y en realidad estaban en coma fantaseando sus aventuras. Aquello quedó fijado en mí, más allá de la madura violencia que contenía la serie, y que recordé cuando estaba viendo este film.

Me explico; las posibilidades que entroncan la aventura de Viktor, el arquitecto protagonista, tienen mucho de esta afirmación, puesto que todo allí es narrado como el cuento del héroe y su periplo por la «terra incognita» que construye a medida que recorre, que sus camaradas en el sitio sean capaces de desarrollar habilidades especiales como la superfuerza de Phantom, la habilidad de mapear ese laberinto de Astronom, el forjador de armas que es Gnom, la psíquica Spirit y así. Ciertamente es por allí donde va el interés del autor y que logra realzar gracias a una construcción técnica del mundo comatoso formidable. De hecho hay un guía que sabe utilizar las habilidades de todos para un bien comunitario además de buscar la salvación de todos en la búsqueda de una mítica isla sin peligros. ¿Mencionamos ya el «elegido»?

Porque también tienen sus villanos, esos «reaper» fantasmales de viscosa y negra forma, que los persiguen y aniquilan, y que aunque tienen un trasfondo se destacan más por la creatividad con que están construidos que por su desempeño en la trama. Todo es en definitiva una aventura fantástica, una epopeya de algún legendarium que se activa gracias a los empujones que le dan los personajes, estos a su vez arrastrados por una trama que no construye más bien escenifica. La verdad oculta tras tanta parafernalia es interesante, de hecho las teorías que la construyen bastante amenas, pero no generan un cambio sustancial a lo que los personajes intentan obtener.

[REVIEW] Koma

¿Entonces?

Ha sido la premisa original lo que para nosotros tenía mayor atractivo, la posibilidad de introducirnos en las mentes de personas en estado de coma, un tema que no tiene respuesta científica final y se tejen alrededor cientos de historias tanto anodinas como asombrosas. Las posibilidades que dibuja el film por lo tanto son infinitas y poco exploradas en general en la cinematografía. Pero en pos de construir un llamativo universo visual, el film parece olvidar ordenarlo, darle cierta coherencia dejando así agujeros en la trama que no ayudan a compenetrarse en él, el esfuerzo de la «suspensión de la incredulidad» es enorme y desgastante.

El poderío visual se achata y resulta el único anclaje del relato. ¿Cómo logran que todos los comatosos lleguen al mismo sitio? Es un mundo universal donde todos llegan, entonces qué sucede con los otros millones que hay en el planeta tierra, comparten el mundo con los que están en la misma sala. Pregunta que el espectador se hará sin lugar a dudas cuando descubra el elemento aglutinante del film, pero quedan sin respuesta.

Ya hablamos de lo visual y de una historia que resulta algo forzada y poco dada a una profundización de sus elementos narrativos, y que por lo tanto no ayudan a un elenco que sí intenta dar a sus personajes cierto carisma, quizás con excepción del protagonista, que por lo antes mencionado,  no logra realmente ser empático.


[REVIEW] Koma

Título original: Koma (2020)

Dirección: Nikita Argunov

Guion: Nikita Argunov, Timofei Dekin, Aleksey Gravitskiy

Reparto: Milos Bikovic, Anton Pampushnyy, Lyubov Novikova, Rinal Mukhametov, Aleksey Serebryakov, Vilen Babichev, Albert Kobrovsky, Polina Kuzminskaya

Tras un enorme y misterioso accidente, un joven y talentoso arquitecto se despierta en un mundo muy distinto del que recordaba. Pronto descubre que su nueva realidad se basa en las memorias de aquellos que viven en él: gente que en la actualidad están en un coma profundo. La memoria humana es irregular, caótica e inestable, rasgos que comparte con «COMA», una colección de ciudades, glaciares y ríos, todos presentes en la misma habitación. En ella, todas las leyes de la física pueden romperse. El arquitecto debe encontrar la lógica intrínseca que rige COMA mientras pelea por su vida, buscando desesperadamente una salida que le permita regresar al mundo real.

 

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Acerca de Marco Guillén 2742 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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