Retrospectiva Bastarda: «Ladyhawke» (1985), de Richard Donner

Un paseo por una de las maravillas de la fantasía épica que nos dejó la década de 1980 y nada menos que de la mano de Richard Donner.

Por @mauvais1

Existe un paralelo inexplicable entre las fantasías estrenadas en los ochentas y sus taquillas en el cine, en que muchas de ellas fueron un fracaso. Legend (1985) de Ridley Scott, The Dark Crystal (1982) de Jim Henson y Frank Oz, Dragonslayer (1981) de Matthew Robbins, Excalibur (1981) de John Boorman, y podríamos agregar varias más pero creo que ya se entiende la idea. Más allá del pobre recibimiento en su época, con el tiempo y las revisiones supieron convertirse en clásicos del género.

La que nos ocupa hoy en particular, es la realizada por Richard Donner, quien inmediatamente recordarán no sólo por Superman (1978), sino que también The Goonies (1985), Lethal Weapon (1987), Radio Flyer (1992) y 16 Blocks (2006), entre otras.

Algo que también se desprende tanto de este film, como los anteriormente mencionados, es una reinvención del género, o mejor dicho aún, un regreso a los relatos fantásticos de antaño donde las sombras poblaban cada moraleja y la violencia era una cotidianidad, algo que les traería muchos problemas. Los cuentos de hadas se han capitalizado desde los Hermanos Grimm en particular como una categoría especial para los niños, aquellos que no han superado la infancia. Los relatos se atemperaban entonces en pos de atraerlos y por lo tanto su oscuridad sería mínima y hasta irrisoria. Sí hubo casos en que los rivales o villanos fueron tan tortuosos como tormentosos, tomemos como ejemplo a «Maléfica» de Bella Durmiente (1959) o la bruja/reina de Blancanieves y los siete enanos (1937), ambas de Walt Disney Pictures, como excepciones a la regla.

Pero para los años en que nos establecemos, la fantasía no solo buscaría nuevas y originales historias para narrar, también una aproximación más adulta, madura en sus conceptos. Involucraron en las tramas un estudio menos lavado del concepto del héroe, el sitio de la mujer en sus fases de princesa en la torre/destino.

Ladyhawke, al contrario de lo que se suele suponer, no pertenece a ninguna leyenda o mito en particular, ya que es pura invención de Edward Khmara; lo anterior fue parte del plan comercial de Warner Bros. y se ve que funcionó. Lo que sí tomaron el autor y sus posteriores guionistas asociados, Michael Thomas y Tom Mankiewicz, fueron rasgos de algunos relatos conocidos por la historia, la leyenda negra de la iglesia católica… y la caballería romántica de las novelas europeas del siglo XVI y XVII. Esto último es evidente cuando Navarre es el apellido de Etienne (Rutger Hauer), e Isabeau d’Anjou (Michelle Pfeiffer) es la joven que aunque esté con él permanece malditamente alejada.

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Es allí donde la película abrevará con más frecuencia, en las novelas caballerescas de clara inspiración Artúrica particularmente con sus trasfondos, pero también haciendo del héroe un ser humano ordinario, sin excepcionales nacimientos o progenitores. De alguna manera reduce, como sucedió en la historia del género literario, la magia a unas pocas ocasiones, dando así un retrato un tanto más cercano al lector o espectador. La hechicería se reduce a una cuestión que aunque clave, no es crucial. Que Navarre sea un lobo por las noches e Isabeau un halcón durante el día es la cuestión fundacional de un drama sobre superación, por sobre todo de honor restablecido. Todos los personajes de alguna manera tienen un saldo y deben enfrentarlo.

La historia relata la diabólica venganza del Obispo de Aquila, que consiste en hacer imposible el amor entre Etienne Navarre (Rutger Hauer) e Isabeau D´Anjou (Michelle Pfeiffer). Aliándose con las fuerzas del mal, el Obispo consigue hechizar a los amantes: ella se convertirá en halcón durante el día, y él será un lobo por la noche. Eternamente unidos y separados, encontrarán un aliado en el joven lacayo Philippe Gaston (Matthew Broderick), que intentará ayudarlos a conjurar la maldición del obispo.

El amor prohibido por nacimiento y diferencias de clase entre Etienne e Isabeau, el villano capaz de llegar a límites insospechados por lujuria, recuerdan a los protagonistas de Nuestra Señora de París (El Jorobado de Notre Dame, 1831); un eclesiástico brillante y lujurioso seducido por el satanismo. La joven que con su natural sensualidad inicia el drama, la joven promesa de la caballería maldecido por su desdén a las formas sociales, al enamorarse de ella. El drama ciertamente es interesante desde el inicio y con la magnífica fotografía de Vittorio Storaro promete una epopeya.

La pobreza de algunos diálogos ciertamente dificultan el visionado, al igual que esa banda de sonido que se empeña en sacar al espectador del centro emocional de la trama… es a veces realmente irritante. La narración explora en algunos momentos el gótico literario con sus maldiciones, poderes infernales y ruinosos castillos en los que se ocultan tanto el diablo como el traidor. La imaginería es poderosa y abreva, gracias a la pluma de Edward Khmara, de varios estilos, siendo el relato en su conjunto una historia poderosa. Ciertamente el elemento cómico, que descansa sobre todo en el Philippe Gaston de Matthew Broderick, es el alivio necesario para tanta decadencia y pesimismo, aunque también se antoja forzado, como si los creadores no hubieran confiado plenamente en su drama romántico.

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Ladyhawke, o como llegamos a conocerla por estas australes tierras, El hechizo del halcón, ciertamente es un interesante y bien elaborado cuento, que hasta podría colarse en el folklore o mito de alguna nación sin roces. Una aventura que sin abandonar el viejo cuento de caballeros y epopeyas, de romántica catadura, al emplear la fantasía conduce al espectador a un mundo de posibles maravillas, con sus sombras y retruécanos estilísticos. Hasta el mismo diseño de vestuario, en manos de Nanà Cecchi (que luego no dejaría de repetirse), es todo un hallazgo, porque crea el improbable, la atemporalidad de todo cuento de hadas. El héroe vestido de negro, y el villano en un prístino blanco y dorado, la misma Isabeau hacia mitad del film y Gastón, retuercen un tanto la visión clara del bien contra el mal. Algo que con el correr del tiempo se volvería una regla ineludible en estas producciones.

De alguna manera, estas producciones llegan no solo para revalorizar el género fantástico, también crean una suerte de nueva mitología dentro de él. Ya no habrá boys scouts sobre los bravos corceles, sino criaturas tormentosamente románticas y llenas de deudas morales, no más rasgos idealizados, en donde las hazañas sí costarán la vida. Las sombras se aprietan sobre las aventuras, se sombrean y un nuevo tipo de protagonista se gesta en esos tiempos. Lo que ocurre con el Aragorn de Peter Jackson en la trilogía cinematográfica de El Señor de los Anillos (2001-2003) se originó en esos años. Pero esa ya es otra historia.


Título original: LadyhawkeLadyhawke Poster

Año: 1985.

Duración: 124 min.

País: Estados Unidos.

Dirección: Richard Donner.

Guion: Tom Mankiewicz, Michael Thomas y Edward Khmara.

Música: Andrew Powell.

Fotografía: Vittorio Storaro.

Reparto: Michelle Pfeiffer, Matthew Broderick, Rutger Hauer, Leo McKern, John Wood, Alfred Molina, Ken Hutchison, Charles Borromel y Venantino Venantini.

Producción: 20th Century Fox | Warner Bros.

Género: Aventuras | Romance | Fantasía medieval.

Una leyenda de carácter sobrenatural relata la diabólica venganza del Obispo de Aquila, que consiste en hacer imposible el amor entre Navarre e Isabeau Anjou. Aliándose con las fuerzas del mal, el Obispo consigue hechizar a los amantes: ella se convertirá en halcón durante el día, y él será un lobo por la noche. Eternamente unidos y separados, encontrarán un aliado en el joven lacayo Philippe Gaston, que intentará ayudarlos a conjurar la maldición del obispo.

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Acerca de Marco Guillén 2791 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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