[REVIEW] Ratched – Temporada 1

El pasado que construye a la icónica Ratched en una serie producida y escrita por Ryan Murphy y Evan Romansky.

Por @mauvais1

Viste exquisitamente a la moda. Su vestuario muestra a la mujer que pretende ser, aunque presentimos que su ropa es robada cuando guarda en su gran bolso parte de ella en el cambiador de la tienda. Mildred Ratched comienza por construir quién será para los demás, enterrando entre la pana de los abrigos y el tafetán de los vestidos un misterio. Uno que se advierte en una mirada decidida y ciertamente desafiante.

Más allá de que todo en ella es extrañamente atemperado, en los vivos colores que viste se insinúa una fuerza y viveza de puro glamour. El diseño de producción y principalmente el de vestuario de «Ratched» serán una manera de leer a los personajes, como también una carga de sobre sostificación que axfisiará al espectador, y si esto es una de las finalidades de los creadores de la serie, es un misterio. Ryan Murphy, uno de ellos, Evan Romansky el otro, han hecho de la imaginería visual su estandarte, y tomaremos a «American Horror Story: Asylum» (2012) y «Hollywood» (2020), como las más cercanas a la que nos ocupa, puesto que se perfilan como predecesoras inequívocas.

Basada en One Flew Over the Cuckoo’s Nest (1962) de Ken Kesey, ambos plantean reescribir el pasado de la enfermera Ratched, la intimidante y pérfida jefa de enfermeros del hospital psiquiátrico que enfrentó sin tregua a Randle McMurphy y su sucia cruzada liberacionista del pabellón.

Un intrincado juego de novatos y pobres almas rotas, un enrevesado drama que coquetea con el thriller. El personaje aún en construcción y desarrollo solo mostrará un poco de lo que McMurphy enfrentará años después y, por lo tanto, serán los que la rodean quienes den los guiños necesarios para perfilarla. Ratched es una pesadilla construida en un idílico final de la década de 1940, en que no se ahorrarán el estereotipo y la cruel realidad, desbalanceada y truculenta.

La cruel realidad es el imperio de la medicina psiquiátrica, sus prácticas y conceptos, que se referencian como inequívocos por un lado y la humanidad rota y destrozada en un mar de dudas puramente existenciales por el otro, retomando lo planteado en el escrito original, cuando Ken Kesey plantea temas como las libertades individuales coartadas, la manipulación desalmada del poder hacia los más débiles, las instituciones y su autoridad desmedida que dispone según su criterio qué es la enfermedad y que la salud.

Su marco histórico es interesante también porque los diálogos recrean en mucho a la ambigüedad que el propio cine utilizaba entonces para encarar temas realmente ríspidos o complemente vetados. La misma homosexualidad abordada cual escena de “Ben-Hur” (1959), con sus ostras incluidas, la ninfomanía y moralidad, melancolía y represión, todos construyen una amalgama elegante y sofisticada de las historias de los personajes.

Y es entonces, cuando la todopoderosa Ratched se perfila en el horizonte de la clínica y sus ocupantes, cuando el glamour y los constantes homenajes a las películas de Alfred Hitchcock, William Wyler y por qué no, Michael Curtiz, se tornan cansinos. La serie comienza un rocambolesco carnaval de historias que en sus difusos devenires pervierten y ocultan, manipulan al espectador y olvida, sin prisa pero sin pausa, la historia de la construcción de un personaje icónico como ella es y la recreación de un pasado capaz de sostener y sustentar a la villana que será.

Entre pecados propios de los autores, y bondades de un elenco soberbio en sus interpretaciones, la serie entretiene, se sostiene y recrea con interés no solo un instante histórico. Se menciona a los campos de concentración japoneses en Estados Unidos y la segunda guerra mundial, las prácticas médicas y el machismo chovinista que de alguna manera sostenían el sueño americano por entonces con una reinterpretación o quizás solo homenaje banal al cine de la década. Entre el culebrón y el thriller, el drama que se cocinaba entonces en la cinematografía mundial de los 40’s, no como el neorrealismo italiano, más bien, Murphy y Romansky, prefieren continuar con la fantasía «high class» del cine americano.

Representativo sin lugar a dudas, una decisión de formas puede ser, pero esa realidad cruel de la posguerra en la que todos los personajes han sido colaboradores o víctimas, no se siente real en ningún momento. Los lujosísimos sets, los diseños de vestuarios, condicionan, uniforman a los personajes, y no delimitan, recrean ni sostienen. No todas las enfermeras tienen la oportunidad de robar vestidos lujosos, o ganar sueldos que les permitan vivir y vestir como la secretaria del gobernador o la acaudalada Lenore Osgood (Sharon Stone).

Crimen y Castigo, el debate psicológico entre el bien y el mal y lo poderosa que es la mente para reconstruir dolores y aflicciones a conveniencia de sostener la precaria balanza mental. La cruzada de Ratched por liberar a los pacientes, su búsqueda personal de justicia en medio de tal desmadre y las consecuencias de sus actos, en los inmediato como a largo plazo, sugerían un drama, un thriller psicológico interesante. Ella aún contempla la bondad como posibilidad, la resiliencia ante su horrendo pasado, es capaz de amar. Pero entonces, ¿dónde está Mildred Ratched? Que los autores busquen balancear a la mujer y su contexto, no está mal, que propongan una decadencia sutil, tampoco; pero entonces habrá que esperar para verlo, porque esto es solo el principio, uno que no pinta ni de cerca lo que ella será en 1962 enfrentando a Randle McMurphy.


Título: Ratched

Dirección: Ryan Murphy, Michael Uppendahl, Nelson Cragg, Jennifer Lynch, Daniel Minahan, Jessica Yu

GuionRyan Murphy, Evan Romansky

Reparto: Sarah Paulson, Judy Davis, Harriet Sansom Harris, Cynthia Nixon, Hunter Parrish, Amanda Plummer, Corey Stoll, Sharon Stone, Jon Jon Briones, Finn Wittrock, Charlie Carver

Productora: Fox 21 Television Studios, Lighthouse Management & Media, Ryan Murphy Productions, Furthur Films

Distribuida por Netflix

Una enfermera de una institución mental se vuelve hastiada, irascible y un verdadero monstruo para sus pacientes. En los años 40, Mildred Ratched se traslada al norte de California para conseguir un trabajo en un hospital psiquiátrico pionero en la aplicación de nuevos e inquietantes experimentos con la mente humana. Mildred se presenta como la imagen perfecta de lo que debería ser una enfermera pero, a medida que empieza a trabajar en el sistema de salud mental y con aquellos que están dentro de él, se descubrirá que su elegante exterior oculta una oscuridad que va creciendo en su interior y que lleva ardiendo durante mucho tiempo, revelando que los verdaderos monstruos se hacen, no nacen.

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Acerca de Marco Guillén 2841 Articles
Aguanto los trapos a Jordi Savall. Leo ciencia ficción hasta durmiendo y sé que la fantasía es un camino de ida del que ya no tengo retorno.

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